Peripecias Nº 109 - 13 de agosto de 2008

DESARROLLO

 

 

El éxito del fracaso de las negociaciones de la OMC

 

Graciela Rodríguez

 

 

G. Rodríguez es socióloga y feminista. Coordinadora Global de la IGTN. Miembra de REBRIP – Red Brasilera para la Integración de los Pueblos y de la ASC – Alianza Social Continental.

 

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Después de siete años, la mal llamada Ronda de Desarrollo, lanzada en Doha en 2001 por la Organización Mundial del Comercio (OMC), no consiguió cerrar un acuerdo. Esto fue informado como el "fracaso" de las negociaciones. Pero el llamado fracaso de algunos puede ser –y en este caso lo fue– un éxito para otros.

 

Para los movimientos sociales que seguimos las negociaciones de la OMC, especialmente desde la Segunda Reunión Ministerial celebrada en Seattle en 1999, el quiebre de las negociaciones expone el fracaso del modelo de liberalización progresiva y globalizadora.

 

Un pequeño grupo de poco más de treinta países fue llamado a definir el rumbo de las poblaciones y del planeta, dadas las implicaciones sociales y ambientales de las definiciones que serían tomadas en la Miniministerial de julio. En un proceso que mucho tuvo de antidemocrático, ilegítimo y excluyente, se pretendía remediar al enfermo con más de la misma medicina, que ya demostró su fracaso.

 

La rápida apertura de las economías de los países en desarrollo en las últimas décadas se ha asociado, en gran medida, con la concentración de tierras y la expulsión de las y los campesinos, el abaratamiento de la mano de obra, la pérdida de la protección laboral y el vacío de la responsabilidad de los Estados en términos de la reproducción social y la provisión de servicios públicos esenciales. Esto ha aumentado la vulnerabilidad de las poblaciones, especialmente en los países menos desarrollados, y afectado en particular a las mujeres. Por lo tanto, frente a la crisis alimentaria y energética que el mundo está viviendo hoy, un acuerdo en la OMC sólo profundizaría este proceso y sus consecuencias.

 

De hecho, la creciente liberalización de la agricultura en el último medio siglo, ha provocado el desmantelamiento de la tradicional estructura productiva mundial de alimentos basada principalmente en la agricultura familiar. Llevando con ello a los países, especialmente del Sur, a estar cada día más abocados a las exportaciones de materias primas y de recursos naturales para sustentar los crecientes patrones de consumo del Norte, en un proceso que ha facilitado la acumulación y concentración de la riqueza en un pequeño número de grandes corporaciones del sector agrícola. De esta forma, mientras EE.UU. y la UE protegen sus producciones internas y sus mercados con elevados subsidios, en la última Miniministerial realizada en Ginebra, se negaron a aceptar los mecanismos de salvaguardia impulsados por los países en desarrollo, que también estaban dispuestos a proteger su soberanía alimentaria y sus campesinos. Por ello, no fue sorprendente que el motivo del colapso negociador fuese la intransigencia en esa negativa de los EE.UU. Tales salvaguardias tenían por objetivo accionar barreras de protección a la entrada de productos agrícolas en los casos de aumentos repentinos de la importación. Cuando la entrada de esos productos superase la media de las importaciones de los últimos tres años, esos mecanismos serían utilizados. De este modo, la India fue considerada como el villano de la historia, al proponer la utilización de estos mecanismos con el 10% de aumento de las importaciones de productos agrícolas y alimentos; mientras los países con intereses agrícolas ofensivos querían que esos mecanismos fuesen accionados al alcanzar un aumento del 40% en la importación, cuando posiblemente millones de campesinos y campesinas ya hubieran sufrido las consecuencias dramáticas de esa liberalización.

 

Analizando lo sucedido en los últimos años, vemos que el propio surgimiento del concepto de soberanía alimentaria para todos los estados y pueblos es consecuencia justamente de la vulnerabilidad que ha afectado la producción y la disponibilidad de alimentos. En una situación de privación de las formas de vida tradicionales, fueron justamente las mujeres, responsables por la gestión cotidiana del agua y los alimentos, las que se han sobrecargado con las responsabilidades del cuidado. En los países en desarrollo, las mujeres y las familias que viven en la pobreza han sido especialmente afectadas, desplazadas de sus tierras y de sus medios de subsistencia, engrosando la periferia de las ciudades y los movimientos migratorios motivados por la falta de condiciones de subsistencia. Así, durante las reuniones en Ginebra, India asumió ser el portavoz enfático al expresar la preocupación de muchos países pobres sobre la subsistencia de millones de pequeños agricultores.

 

Por otra parte, estas negociaciones también insisten en ofrecer supuestas ventajas en la apertura de los mercados para los productos agrícolas de los países en desarrollo a cambio de una mayor apertura de estos para los productos industriales de los países desarrollados. Las negociaciones conocidas como NAMA (de productos industriales y otros productos no agrícolas) si se firmaran, reforzarían el tradicional papel exportador de bienes y tecnología de alto valor agregado de los países desarrollados y de sus corporaciones transnacionales y aumentarían el riesgo de una rápida desindustrialización de los países menos desarrollados, al entorpecer su avance industrial y tecnológico.

 

Simultáneamente, tendrían un impacto adverso sobre la capacidad de los gobiernos para diseñar e implementar políticas de promoción industrial para las pequeñas y medianas empresas y para los capitales nacionales, como parte de una estrategia de desarrollo económico sustentable y con equidad de género en el largo plazo. Las reducciones tarifarias promovidas en las negociaciones de NAMA abrirían sectores industriales a la competencia de productos importados, lo que probablemente desplazaría la producción local con graves impactos por la pérdida de millones de empleos.

 

Estas negociaciones irían también en el sentido de la profundización de las desigualdades de género al afectar, en particular, el empleo femenino industrial que -a pesar de la segregación salarial aún existente- es actualmente el sector que concentra los mejores empleos femeninos, permitiendo reducir las brechas salariales para las mujeres. Por otra parte, los recortes arancelarios seguramente reducirían los ingresos aduaneros, restringiendo los presupuestos de los países en desarrollo para atender frente a políticas públicas esenciales, lo que es crucial para el avance de las mujeres.

 

Al mismo tiempo, las propuestas de intercambio que estaban en las mesas de negociaciones entre los sectores de Agricultura y de Bienes Industriales también provocaron posturas encontradas entre países y desacuerdos dentro de bloques más o menos consolidados. Por ejemplo, la República Checa y Hungría en la Unión Europea y Argentina en el MERCOSUR, actuaron con posiciones aisladas del bloque en las negociaciones de NAMA, priorizando la protección de sus propias industrias y creando focos de conflictos y diferencias al interior de sus procesos integradores. Estos son ejemplos claros de la aparición de nuevos intereses, diferencias y contradicciones entre los países, que sin embargo, no terminan ahí.

 

El estremecimiento producido entre la India y China, por un lado y Brasil por el otro, también causará efectos al interior del G20, bloque que hasta ahora ha cumplido un importante papel en la obstrucción de las negociaciones por su actuación contra los subsidios en los países industrializados. Si bien los mecanismos de salvaguardias habían sido aceptados en el paquete global de propuestas del G20 como una concesión de algunos países, como Brasil, para mantener este bloque unido, en el momento de endurecimiento de las negociaciones se hizo evidente que los intereses defendidos por el gobierno brasileño fueron los de su agroindustria, coincidiendo con las economías de los grandes exportadores agrícolas – reeditando inclusive el ya casi olvidado grupo de Cairns. Ello hizo evidente la insistencia aislada de Brasil en busca de un acuerdo, hecho que lo alejó de su liderazgo histórico en el G20 así como entre los países miembros del MERCOSUR. Sin duda esto hará que Brasil tenga que pagar un precio para recomponer su imagen y papel junto a los llamados países emergentes y traerá muy posiblemente nuevos alineamientos políticos.

 

Será necesario en los próximos tiempos redoblar la atención sobre el aumento, que seguramente se dará, de nuevos acuerdos bilaterales que incluyan las mismas políticas liberalizadoras que fueron rechazadas en Ginebra por no contemplar el derecho al desarrollo de los países. Los acuerdos bilaterales y regionales ya venían creciendo desde el estancamiento de las negociaciones en Cancún en 2003. Seguramente tendrán ahora un renovado impulso tras el fracaso de las negociaciones en la Ronda de Doha.

 

Finalmente, podemos resumir que como resultado de este agotante proceso negociador, el mapa geopolítico global quedó mucho más complejo, con la aparición de intereses diversificados que muchas veces, y cada vez más, no reproducen los formatos tradicionales. El juego internacional muestra cada día más las diversas perspectivas y visiones nacionales, así como las disputas al interior de los llamados “intereses nacionales”. El papel de la sociedad civil y de las redes internacionales que acompañan los procesos negociadores ha quedado mucho más explícito, no sólo en el momento de las negociaciones en Ginebra sino también en la influencia sobre los propios gobiernos nacionales y el manejo de las disputas de poder al interior de los mismos.

 

Bibliografía

Informes sobre las negociaciones, elaborados por Mariarosaria Ioro, IGTN -Ginebra.

Informes REBRIP – Adhemar Mineiro (material de divulgación interna para seguimiento de las negociaciones).

O Globo – diario. "Por um fio" día 29-07-08, y "O fio arrebentou" del día 30-07-09

Valor On line - Reuters – 30-07-08.

Diversas declaraciones de organizaciones sociales (ASC, Ecologistas en Acción, IATP, OWINFS, REBRIP, Via Campesina, etc.).

 

Publicado en el Boletín Capítulo Latinoamericano de la Red Internacional de Género y Comercio Nº 9, junio - julio de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 109 el 13 de agosto de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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