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A. Villamar es un destacado analista
mexicano, que integra la Red Mexicana de Acción contra el Libre
Comercio (RMALC).
Más información sobre comercio, integración y
desarrollo en América Latina en
Integración Sur
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En ocasión de firmar un acuerdo entre Estados Unidos y Brasil sobre
biocombustibles, el 9 de marzo de 2007, en Sao Paulo, el presidente Lula da
Silva afirmó: “Estoy convencido que en los programas de biocombustibles, si
somos lo suficientemente maduros, si comprendemos los elementos políticos, si
podemos llevar a cabo proyectos conjuntos con otros países, con Estados Unidos,
con la participación de Sudáfrica, China, India, los países europeos, y si
financiamos los proyectos para producir biodiesel y etanol en países pobres,
entonces los países ricos pueden comprar el biodiesel que produzcan allí,
entonces veremos que la inversión hecha en esos países producirá resultados, y
lo que es más importante, generará empleo.”
En el discurso agregó que “Brasil espera que el mercado de etanol se beneficie
del libre comercio, libre de proteccionismo. Ésa es la única manera en que los
combustibles del futuro podrán promover el desarrollo sostenible…Le expresé al
Presidente [Bush] mi opinión de que estamos más cerca que nunca a una conclusión
exitosa de las negociaciones de la Rueda de Doha. Todos deben salir ganando, con
un acuerdo ambicioso y equilibrado, especialmente los países más pobres.
Considero que Estados Unidos y Brasil, trabajando juntos, podrían desarrollar
ciertos, llevar a cabo ciertos proyectos que podrían significar que los países
más pobres puedan ofrecer la certeza de que la gente no vería a los países más
ricos solamente como explotadores, sino vería a los países más ricos del mundo
de otra manera.”
Finalmente, Lula da Silva sostuvo: “Y es por eso que la Rueda de Doha es
importante. Es por eso que el acuerdo de la OMC es importante. Y... el
representante comercial de Estados Unidos está aquí. Mi ministro está aquí, y
creo que les debemos dar sólo una indicación: Llegar a un acuerdo lo antes
posible, porque si Estados Unidos y Brasil llegan a un entendimiento, será más
fácil para nosotros convencer a quienes aún no participan en ese acuerdo”.
(Fragmentos de las
palabras del presidente Lula da Silva en el acto sobre la firma del
“Memorando de Entendimiento sobre Biocombustibles del 9 de marzo de 2007 en Sao
Pablo, Brasil).
George Bush, en ese mismo encuentro, por su parte afirmó: “Resulta que Estados
Unidos y Brasil están en el centro del debate de la OMC; que si nos mostramos
desalentados por las reuniones sobre comercio, una parte considerable del mundo
se sentirá desalentada por las reuniones sobre comercio; ... Y, entonces, yo me
comprometo a lo mismo que ustedes se acaban de comprometer, y esto es, que
trabajaremos juntos. Encerraremos a nuestros ministros de comercio en una sala,
todo esto con el propósito de lograr avances en esta importante rueda (de
conversaciones). Yo comparto su optimismo respecto a lo que se puede lograr.
Requerirá mucho trabajo. Pero les advierto a los otros países que si Estados
Unidos y Brasil llegan a un acuerdo, eso no los absuelve de tener que hacer las
concesiones necesarias para que todos ganen en estas negociaciones comerciales”.
Finalmente ante la pregunta de periodistas a Bush y a Lula de ¿Cómo podemos
creer que sean factibles estas posibilidades, estas obligaciones a las que usted
se está comprometiendo, de negociar la apertura de la Rueda de Doha, cuando
usted tuvo, muy recientemente, una experiencia infructuosa al negociar el ALCA ?
Entonces, ¿qué ha cambiado ahora en las negociaciones de comercio?
Bush entre otras cosas respondió: “Recuerde, nosotros podemos llegar a un
acuerdo, pero si otros socios comerciales no están de acuerdo, súbitamente,
nuestros esfuerzos están destinados al fracaso. Me siento optimista de que lo
podemos lograr…y sólo porque tuvimos dificultades para poner en vigor el ALCA,
esto no debe desalentarnos para tratar de lograr algo internacionalmente. Quiero
decir, al fin y al cabo, se han obtenido muchos logros en ese frente de comercio
en particular”.
En tanto Lula afirmó: “lograr un acuerdo entre naciones no es tan simple. La
complejidad de los problemas económicos, así como los problemas políticos y
sociales que intervienen en las decisiones finales, pueden tener resultados
desastrosos o extraordinarios… Hay mucha gente que depende de las negociaciones
que hace Estados Unidos, pero negocian a nombre propio. Nosotros, en Brasil,
tenemos que negociar junto con el G-20. Y la Unión Europea es un grupo de
países. Así que pueden ver que nosotros, además de convencer a socios más ricos,
también tenemos que convencer a socios más pobres para que acepten un acuerdo.
Aceptamos este desafío, lo asumimos. Estamos asumiendo ese desafío porque, en
este momento, el éxito de las negociaciones ya no es sólo de naturaleza
económica. Ya no es sólo cuestión de quién va a ganar o perder económicamente.
El problema ahora es eminentemente político”.
El acto oficial, no produjo ningún resultado en materia de reducción de los
altos aranceles proteccionistas de EUA a las importaciones de etanol brasileño
(54 centavos de dólar por galón mas 2.5% ad valorem), ni siquiera
promesas, dada la tajante respuesta negativa de Bush a pregunta expresa de
periodistas sobre el tema.
Sin embargo, se acordó con Bush una alianza para producir biocombustibles,
mediante proyectos piloto en Haití, República Dominicana, El Salvador y Saint
Kitts y Nevis, y de esa manera complementar la campaña mundial que Brasil
reforzó a partir de febrero de este 2008.
Iniciada con la firma de un acuerdo entre los sectores privado y público para
difundir en el exterior la imagen del etanol brasileño, la campaña, pretende
afianzar la expansión del mercado mundial del etanol, que en la actualidad es
apenas del 10 por ciento de la producción. “Siempre cuando el presidente Lula
viaje el tema y el interés por el etanol forme parte de su agenda”, destacó el
ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Miguel Jorge.
La campaña considera que Brasil, con 21,500 millones de litros producidos, tiene
el 70 por ciento de participación en el mercado internacional con sus 3,600
millones de litros exportados. Pero lo más importante son las cifras y
tendencias de proyección de la Unión de la Industria de la Caña de Azúcar (Unica).
Si actualmente el valor del mercado brasileño se calcula en 19,000 millones de
dólares (54% del etanol, 44% el azúcar y el 2% restante son ganancias de la
producción de energía eléctrica que se fabrica con el bagazo, según datos de
Unica), los empresarios brasileños con una creciente participación de los
grandes inversionistas trasnacionales mudándose a territorio brasileño, y
apoyados por el Banco Mundial y sus filiales regionales, calculan que con una
política global de adopción del uso obligatorio del etanol, la disminución
arancelaria, y el reconocimiento de ser un “bien ambiental”, se crearía el
mercado internacional, donde Asia y Europa son los grandes mercados potenciales
para las exportaciones, al igual que Estados Unidos.
Incluso, con grandes extrapolaciones aritméticas, asesores técnicos
internacionales o trasnacionales le han presentado al gobierno de Brasil cifras
de una hipótesis para que el país sea el “centro de una nueva geografía
energética mundial”, donde “con sólo 97 millones de hectáreas (1/4 de la nueva
zona agrícola de Brasil), con cultivo de la caña de azúcar para producir etanol,
usando la tecnología disponible actualmente en el mercado, se pueden producir:
870 billones de litros de etanol por año. Esto es igual a:
• 850 Billones de litros de gasolina (55% del consumo anual de gasolina en el
mundo).
• Unos 11,2 Millones de barriles/día de petróleo = total de las importaciones
EUA.
• El 55% de la actual producción diaria de petróleo de los actuales EUA.
• La capacidad total de productos de petróleo de Arabia Saudita.”
(Fragmento de R. Hukai, de la empresa trasnacional Pöyry, consultora y cabildera
ante gobiernos y Banco Mundial. Ponencia ante el “XX Fórum Nacional, 2008”.
Estudos e Pesquisas 223 Maio).
Y bajo ese atractivo escenario inercial y mecánico, el territorio brasileño se
reforzaría como el centro mundial de producción, comercialización y ganancias
del etanol derivado de caña de azúcar. ¿Una nueva versión y fracaso del
desarrollismo en América Latina?
Con esos y más antecedentes sobre el etanol, la delegación brasileña en las
negociaciones de la OMC en Ginebra, tuvo que afrontar el fracaso de reducir los
aranceles proteccionistas de los EUA, y a la vez del Memorando de Entendimiento
y las negociaciones globales de la Ronda de Doha.
Ante el fracaso, el propio canciller anunció el inicio de demanda contra los EUA
ante el Panel de Resolución de Controversias de la OMC, por los subsidios a los
productores de algodón y en los aranceles de importación de etanol brasileño. A
medio plazo, Brasil, como parte de la unión aduanera de Mercosur, buscará
acuerdos bilaterales con los EUA, la Unión Europea y otros países (la UE le
prometió una cuota creciente con arancel de 10%) (Financial Times, 4 agosto).
Entre los “otros” se identifican los países latinoamericanos y caribeños que
pueden ser plataformas de exportación, al tener acuerdo y excensión arancelaria
con los EUA (Guatemala, R. Dominicana, El Salvador y México, entre otros).
La medida de Brasil contra Estados Unidos en el caso del etanol también parece
responder al incumplimiento de la promesa de que Brasil recibiría ayuda en su
preocupación por el etanol a cambio de apoyar un acuerdo global, según cable de
AP del 30 Julio.
Días más tarde, Celso Amorim, declaró al diario londinense Financial Times (4
Agosto) que Brasil, por ejemplo, estuvo cerca de un acuerdo con la Unión Europea
de acceso al mercado de etanol de la UE a cambio de concesiones en Brasil a los
productos manufacturados que el sector privado parecen dispuestos a aceptar.
“Nuestras propuestas ya estaban siendo vistas desde hace dos o tres años como la
línea en el medio terreno,” dijo el señor Amorim. “Hemos inventado la fórmula
para el acceso al mercado en la agricultura, hemos inventado casi todo en el
área agrícola. Y estamos dispuestos a hacer saltos en la oscuridad.” ¿Cómo ser
granero y bomba de etanol trasnacional?
Es difícil de entender cómo después del fracaso reciente en Ginebra, el
Presidente Lula y su canciller, a la vez que reconocen que el problema no es
naturaleza técnica sino de voluntades políticas, insisten en un reinicio de las
negociaciones en septiembre próximo. Con ello, implícitamente parecen no haber
aprendido que precisamente, más allá de la voluntad de un sector o de un país
como Brasil, las voluntades políticas mayoritarias de India, China, y muchos
otros países del G110, es defender y avanzar en sus intereses generales de
desarrollo. Y en EUA no ceder es no perder el apoyo de ese sector ilegítimamente
subsidiado. En EUA, lamentablemente, pesan más los votos de los subsidiados que
la vida de los campesinos de otros países.
Por lo tanto, dado el peso político ganado por una posición digna de Brasil en
la arena internacional, las interrogantes que persisten son, si después de estos
tropiezos evidentes, ¿persistirá el gobierno de Lula en la línea de alcanzar un
acuerdo en la OMC bajo las premisas y estrategias planteadas por Itamaraty? o
¿Ganará más peso político la línea de profundizar la integración regional, antes
de abordar la tarea global que mas preocupa al bloque trasnacionalizado de los
agronegocios?
De la nueva respuesta que Brasil construya hacia su proyecto nacional y hacia la
OMC dependen muchas cosas, entre ellas el grado de avance del proceso de
integración de la Unión de Naciones Sudamericanas, lo mismo que el grado de
reconstrucción de su prestigio maltrecho ante el G110, y el frente y bando en
que Brasil se ubicará en la nueva batalla en la OMC.
Es de esperarse que esa definición brasileña, incidan sus grandes movimientos
campesinos contra el Acuerdo de Agricultura y la clara posición de la CUT contra
las propuestas del NAMA, así como su creativo movimiento social brasileño
alternativo al neoliberalismo, todos ellos actores claves en la derrota al ALCA;
que incidan priorizando la integración regional alternativa, y las alianzas con
el Sur, antes que el proyecto trasnacional de los agro-negocios. En muchas
partes del mundo, movimientos y ciudadanos, preferimos al entrañable Companheiro
Lula y no a Mr. Lula.
El presente texto es un fragmento del artículo
"Fracaso de la ministerial de la OMC y el dilema brasileño" de A. Villamar,
publicado en el librillo
La integración latinoamericana después de un nuevo fracaso de la OMC,
editado por CLAES / D3E en septiembre 2008 que reúne artículos de G.
Rodríguez (Brasil), A. Mineiro (Brasil), A. Villamar (México) y E. Gudynas
(Uruguay). Disponible gratis
aquí ...
Reproducido en el semanario Peripecias Nº 116 el
1 de octubre de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre
que se cite la fuente. |