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P. Francke es un destacado economista
peruano.
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La actual crisis financiera internacional es como un terremoto: sabemos que
estamos en medio de él, pero no sabemos si está por terminar o si vendrá un
remezón peor. Tampoco sabemos cuántas casas y edificios se caerán. Menos todavía
podemos saber cómo se reconstruirá la ciudad después del sismo.
Pero de lo que no cabe duda es que estamos en medio de un terremoto. No es un
temblorcito. No es algo que pasa sin más consecuencias que un ligero susto. No,
es un terremoto y de los grandes. Los expertos coinciden en que desde el crack
de 1929, hace casi ochenta años, el mundo no había vivido una crisis financiera
de esta magnitud.
Lo primero que sorprende, entonces, es que el Presidente de la República no se
manifiesta al respecto. Sí, es verdad que está en medio de otro terremoto,
causado por la revelación de una fuerte corrupción en su gobierno. El mismo Alan
García se ha reunido con algunos de los corruptos más de una vez. Pero aún en
esas condiciones es increíble que sobre la crisis internacional, dos semanas
después de que esta se revelaran con toda su fuerza, y diez días después de que
dijera la barbaridad de que esto no nos iba a afectar para nada, el Presidente
García no diga ni pío sobre el tema y prefiera hacer declaraciones orientadas a
mantener la impunidad en torno a la muerte de cuatro campesinos en Ayacucho y
una señora embarazada a manos de una patrulla militar.
El terremoto internacional tiene muchas diferencias, pero algunos parecidos con
la crisis de corrupción de Perú: personajes inescrupulosos, abuso total de los
dineros del público, un estado permisivo y cómplice, desregulación y
privatización. También algunas consecuencias de estas dos crisis son parecidas,
como la confianza de la gente, que en ambos casos prácticamente ha desaparecido.
La diferencia en este caso es que, en la crisis financiera, la gente tiene una
salida, que es retirar su dinero de los bancos y financieras, aunque sea tras
haber perdido 30% o 40% del mismo. En cambio, ante la pérdida de confianza en el
gobierno poco es lo que podemos hacer de manera individual, y la búsqueda de
opciones colectivas, es más lenta y difícil.
Recién estamos viendo las primeras consecuencias de la crisis internacional
sobre nosotros: alza del dólar con sus duros efectos sobre quienes tienen deudas
en esa moneda y caída de la bolsa de valores que afecta también a los afiliados
a las AFPs. Otros efectos los veremos en los próximos meses, dependiendo de la
reacción del gobierno. La caída del precio del cobre y otras materias primas
reducirá los ingresos fiscales, pero el gasto público en educación, salud y
carreteras sólo se afectará si predomina la clásica visión fondomonetarista del
ajuste. El crédito posiblemente se haga más difícil de obtener y suban las tasas
de interés, por lo que pagar deudas en la medida de lo posible es una medida
prudente. El crecimiento económico se detendrá, y con ello el empleo.
Pero recuerden que estamos en medio de un terremoto. No se puede saber cuánta
más crisis tenemos por delante ni cómo se resolverán las cosas al final.
Publicado en el blog
Actualidad Económica (Perú) el 13
de octubre de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 118 el
15 de octubre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |