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A. Acosta es economista, ex Presidente de la Asamblea
Constituyente del Ecuador.
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"Por desgracia, hasta hoy, la impunidad ha sido la piedra angular que ha
sostenido en pie la famosa escuela de vicios y depravación que dejó establecida
el General Flores. Sus vástagos aprovechan el tiempo y sin ruborizarse hacen su
agosto sin detenerse ante el día de la fiscalización inexorable que se aproxima.
Con tal de quedar millonarios y poder escapar, lo demás poco les importa".
Eloy Alfaro, La deuda Gordiana, 1896
La deuda externa ha sido eterna para Ecuador. Sus dificultades son tan antiguas
como la formación de la República. Sus peripecias han sido un telón de fondo en
nuestra vida económica, social y política. Y, en este interminable sendero, las
soluciones, impulsadas y controladas por los acreedores, en contubernio con los
negociadores nacionales, de acuerdo siempre con sus intereses, no han resuelto
el problema. Por eso, las tan promocionadas "soluciones definitivas", apegadas a
la racionalidad del mercado, a la postre han ahondado las crisis.
Por otro lado, muchas propuestas alternativas, por diversas razones, no cuajaron
o no han superado las actitudes discursivas o los planteos académicos. Los
justos reclamos por el no pago, que tienen un sustento ético indiscutible, se
han entrampado en posiciones inmovilistas. Más de una vez las movilizaciones en
contra de la deuda se han agotado en sí mismas. Siempre han faltado respuestas
estructurales que aborden sus causas.
Hoy, sin embargo, en Ecuador se cuenta con el informe de la Comisión de
Auditoria Integral del Crédito Público (externo e interno). Un esfuerzo que se
cristalizó gracias a la presión de la sociedad desde hace más de dos décadas. Y,
por cierto, debido al compromiso adquirido por el presidente Rafael Correa,
quien conformó de dicha Comisión y lo respaldo decididamente.
Esta acción del gobierno ecuatoriano, que constituye apenas un primer paso en la
búsqueda de una solución definitiva, demuestra, por lo demás, la conveniencia de
oír a sociedad civil. La participación social -no la manipulación social- es una
herramienta fundamental para llegar a soluciones de consenso en las propuestas
de leyes o para alentar respuestas estructurales en cuestiones de trascendencia
nacional.
Deuda y corrupción, dos caras de una misma moneda
Si se analiza con detenimiento la cuestión, aflora una vinculación perversa
entre deuda y corrupción (entendida ésta como abuso de poder en beneficio
individual o de grupo, sea en el ámbito económico, político, social o cultural,
tanto en el campo público como en el privado). En definitiva, no sólo cabe
buscar actos reñidos con la ley o que conduzcan a identificar el aprovechamiento
ilícito de recursos del sector público por parte de particulares. Por lo tanto
la ilegitimidad de la deuda, no sólo su ilegalidad, es una constante que debe
ser incorporada activamente en la búsqueda de soluciones efectivas.
El análisis debe ser integral, pues como se ha demostrado en el caso de la deuda
ecuatoriana, no se podría entender la negociación de los Bonos Global, sin
analizar la negociación de los Bonos Brady, y la comprensión de estos obliga a
conocer las negociaciones anteriores, hasta llegar a la contratación de deuda en
la época de la dictadura militar. Esta aproximación sistémica no minimiza, por
cierto, la responsabilidad de los diversos individuos involucrados directa o
indirectamente en estos potenciales ilícitos.
El punto de partida para iniciar cualquier proceso de resolución definitiva de
la deuda es, sin duda, la realización de una auditoría. Ecuador lo ha hecho.
Hay que indagar sobre la legalidad y la legitimidad de la deuda. No todas las
deudas merecen similar tratamiento. Muchas deben ser desechadas desde el inicio,
sobre todo aquellas que caen en la categoría de deudas odiosas (contratadas por
una dictadura o las deudas del Apartheid, aquel sistema inhumano de sociedad
sustentada en la exclusión racial que existió en Sudáfrica, por ejemplo);
además, existen otros créditos que, por sus condiciones, podrían ser
considerados como usurarios (con tasas de interés desproporcionadas, que de
antemano hicieron imposible el servicio de la deuda) y corruptos (contratadas en
condiciones que no se ajustan a las normas legales del país acreedor o deudor, o
a normas internacionales), que por definición deberían ser nulos. A modo de
ejemplo de los factores que habría que considerar, se puede mencionar la
existencia de cláusulas ilícitas, vicios de consentimiento, anatocismo, tasas de
interés usurarias, gastos y comisiones desproporcionados (cubiertas por los
deudores, sin control alguno), operaciones simuladas, colusión dolosa, deudas
"estatizadas" o "socializadas", etc. Realidad que aparece en casi todos los
contratos de la deuda externa ecuatoriana, tal como se ha comprobado
documentadamente.
Igualmente, hay deudas cuyo servicio falló porque las condiciones impuestas a
los países deudores por los organismos multilaterales de crédito dependían de
escenarios imposibles de cumplir. Incluso las políticas económicas de los países
ricos volvieron directamente impagables las deudas; por ejemplo el incremento de
las tasas de interés de los EEUU a inicios de los años 80, provocó una
transferencia neta negativa de recursos desde América Latina por 210 mil
millones de dólares en una década. En el lapso analizado por la Comisión de
Auditoría, sólo en el tramo de la deuda comercial, esta transferencia negativa
habría superado los 7 mil millones de dólares.
Tengamos presente que en Ecuador, tal como ha demostrado la Auditoria, los
acreedores privados aseguraron sus intereses en abierto contubernio con los
organismos multilaterales de crédito: FMI, Banco Mundial, BID; e, incluso de
algunos gobiernos; casi siempre con el cómplice apoyo de los negociadores
nacionales. Siguiendo los hallazgos de la Comisión de Auditoria, se configuró
una "coalición multilateral para apoyar y asegurar, en primer lugar, la
negociación del Plan Brady, cuya legitimidad y legalidad están sólidamente
cuestionadas en el examen que la Comisión hace de la deuda comercial; y, con la
percepción de ocasión propicia, introducir la doctrina económica del momento
relacionada con la reducción del tamaño y rol del Estado, las privatizaciones,
la liberalización comercial y productiva, a espaldas de las inequidades
prevalecientes y los impactos sociales." Este es otro elemento fundamental: la
deuda sirvió como palanca para impulsar el Consenso de Washington.
Los ejemplos de deudas impugnables, en los cuales la corresponsabilidad de los
acreedores es indiscutible, sobran. Un caso digno de mención, al cual se hace
referencia en la Auditoria, es la compra de unos barcos pesqueros noruegos por
parte de empresarios ecuatorianos a fines de los setenta. Estos barcos,
construidos porque el gobierno noruego estaba interesado en apoyar a sus
debilitados astilleros, fueron adquiridos con un crédito estatal noruego y sin
considerar todas las normatividades legales para este tipo de "ayuda al
desarrollo". El crédito, de casi 50 millones de dólares (345,6 millones de
coronas noruegas), se sirvió hasta mediados de los ochenta. Entonces aparecieron
los problemas. La empresa compradora fue liquidada y aún cuando el Estado
ecuatoriano no tenía ninguna obligación legal para asumir la deuda y los
noruegos ya tenían una alternativa para los buques, lo hizo; tal como sucedió
con la "sucretización" indiscriminada de las deudas externas privadas en el
Ecuador durante el gobierno de Oswaldo Hurtado Larrea (1981-1984). Y las naves
pasaron a la empresa estatal TRANSNAVE. La deuda, que se había reducido a 27,5
millones de dólares en 1987, fue servida durante los años noventa, en un monto
de casi 22 millones de dólares. Sin embargo, luego de que el Ecuador suspendió
los pagos, el monto de dicha deuda, en el año 2000, por efecto de los intereses
sobre los intereses, superaba los 46,5 millones de dólares. Tan flagrante es la
ilegalidad del proceso, que éste fue calificado públicamente como una
"vergüenza" por Hilde F. Johnson, ministra de Desarrollo noruego.
Esta deuda corrupta se resolvió por la acción de la sociedad civil de los dos
países y la sensibilidad del gobierno noruego. Bien anota la Comisión, que "la
demanda combinada de organizaciones sociales ecuatorianas con movimientos
civiles de ese país acreedor logró que el crédito concedido por esa nación para
la adquisición de cuatro barcos fuera condonado y cancelados los pagos
pendientes." Esta es una muestra que hay como impugnar por ilegítimas e ilegales
al menos algunos tramos de la deuda externa.
Ecuador, a partir de esta gesta histórica, puede transformarse en país "modelo"
para demostrar el manejo corrupto de la deuda externa. Las denuncias formuladas
son comparables a otros casos emblemáticos de corrupción a nivel mundial, en los
cuales el crédito pesa aún sobre los países deudores: la construcción de una
planta termonuclear por un valor de 2.500 millones de dólares en las Filipinas
sobre terreno sísmico y que no funciona; la fábrica de papel de Santiago de Cao
en el Perú, que no pudo operar por no tener suficiente agua, o el inconcluso
tren eléctrico de Lima; la refinería de estaño de Karachipampa en Bolivia, la
cual, por estar ubicada a 4.000 metros de altura, no tiene suficiente oxígeno
para trabajar; entre muchos otros.
La compra-venta de armas, financiada con endeudamiento externo, sintetiza
también muchas veces prácticas corruptas y por cierto la corresponsabilidades
que no quieren asumir los vendedores de material bélico, los mismos países
acreedores. Y lo que ha sido sorprendente la respuesta dada por la autoridad
responsable de la adquisición de armamentos a la Comisión de Auditoría: "no
hemos encontrado documentación sobre la información que detalle préstamos
recibidos por la Honorable Junta de Defensa Nacional de parte de la Banca
Privada Internacional en el periodo indicado desde enero de 1976 a diciembre de
2006".
En todos estos años, los representantes de los organismos internacionales y aún
los gobernantes de los países ricos, acolitados por sus infaltables analistas y
de sus fieles voceros en los países endeudados, no se cansaron de repetir que la
culpa de la crisis del endeudamiento externo tienen los gobiernos de los países
empobrecidos, sobre todo por el dispendio de los recursos contratados y por
haber aplicado políticas económicas "populistas". En esta afirmación, se
sintetiza una apreciación unilateral que endilga los problemas a los países
subdesarrollados. Desde esta posición los países desarrollados, de paso, han
negado cualquier corresponsabilidad en su calidad de acreedores y, de hecho, no
han permitido investigar los procesos de endeudamiento externo, su legalidad y
menos aún su legitimidad. Por otro lado, no han faltado representantes de los
países endeudados y líderes de opinión en dichas naciones que asumen como
indiscutible el compromiso de pago de la deuda. Y son reiteradas las voces de
estos personajes que nos amenazan de catástrofes insospechadas en caso de
suspensiones del servicio de la deuda...
Es cierto que el problema del endeudamiento externo se explica, en parte, por
las inadecuadas políticas económicas (impuestas por los centros de poder
mundial) y, también, por la acción de los gobiernos y, en especial, de las
elites dominantes en los países endeudados. Dichos gobiernos, muchos de ellos
dictatoriales, en muchas ocasiones, aprovechando las condiciones reinantes en el
mercado financiero internacional, recurrieron alegremente al endeudamiento
externo en lugar de introducir las reformas estructurales que habrían sido
indispensables (Así empezó el reciente proceso de endeudamiento externo
ecuatoriano en 1976-77, en plena dictadura militar). Los gobernantes en
reiteradas ocasiones han transferido masivamente los recursos contratados en el
exterior en favor de las clases propietarias; recursos que en más de una ocasión
se fugaban de los países deudores. Por eso, a primera vista, parecería que el
problema se circunscribe en el ámbito de los deudores. Sin embargo, esa
apreciación es incorrecta, como demuestra la misma Comisión de Auditoría. En el
proceso de endeudamiento hay una indudable participación de los acreedores, que
han impuesto su voluntad en una suerte de chantaje perpetuo.
Visto así el problema, hay que tener conciencia que el desenvolvimiento de este
proceso de endeudamiento fue posible, obviamente, por la acción de los bancos y
los organismos multilaterales internacionales, con el acompañamiento de los
llamados "gobiernos amigos", que concedían préstamos y simultáneamente nos
imponían las políticas ortodoxas, conservadoras y prudentes. "Se torna evidente,
desde esta perspectiva, que la crisis de la deuda externa del Tercer Mundo
engloba la corresponsabilidad de los deudores y de los acreedores", reconoció ya
en 1987 el entonces senador brasileño Fernando Enrique Cardoso.
La auditoria de la deuda, apenas un primer paso
Como producto de esta auditoria se abre un abanico de posibilidades de acción.
Las conclusiones, presentadas aquí en forma resumida para apenas dos tramos de
la deuda, son contundentes:
Refiriéndose a la deuda comercial, "ante todas las evidencias de ilegalidades e
ilegitimidades determinadas durante el proceso de auditoría de la Deuda Externa
Comercial de Ecuador y el elevado costo de los pagos a la banca prestamista, la
Comisión recomienda la inmediata suspensión de los pagos de la Deuda Comercial
actual representada por los Bonos Global 2012, 2030 y 2015 para preservar el
Patrimonio Público del país y atender debidamente las urgentes necesidades
sociales del pueblo ecuatoriano."
En una oportunidad anterior los miembros de la Comisión ya anticiparon su
criterio sobre estos Bonos, en los cuales se habrían detectado "no solo
irregularidades, sino ilegalidades, y aún actos francamente delictivos" (15 de
mayo del 2008). Esta fue una operación que contó con la bendición del FMI y con
el respaldo de importantes firmas consultoras encargadas de precautelar los
intereses de los acreedores. No estaba en la agenda de la comisión negociadora
de Noboa Bejarano el interés nacional; se hizo "todo en función de los
acreedores", afirmaba en julio del 2004 el ahora presidente Rafael Correa.
Frente a la deuda multilateral, se sugiere "tomar medidas de suspensión
definitiva de pago respecto de los 45 créditos multilaterales auditados (incluye
3 créditos bilaterales cofinanciados con multilaterales). El gobierno podría
impulsar una auditoría integral de los restantes créditos multilaterales
pendientes, hasta tanto puede declarar la suspensión temporal para los créditos
que quedan por auditar. Alternativamente, podría limitar el pago a los créditos
del BIRF (Banco Mundial), porque es la institución con más cuestionamientos, y
aquella que tuvo más injerencia en los asuntos internos del país, a fin de
satisfacer los intereses de los grupos de poder nacionales y de las potencias
del Norte. Paralelamente se podría declarar la suspensión in temporis del
pago de la deudas del BIRF que quedan por auditar."
Para las definiciones casa adentro, "la Comisión recomienda, asimismo, la
ejecución de acciones penales, civiles y administrativas contra los
responsables, para su sanción, y la devolución de los recursos sacados del
país." En este punto hay que anotar que la Fiscalía General del Estado tiene la
palabra desde el día 20 de noviembre del 2008.
Hay suficiente información para iniciar los correspondientes procesos penales,
civiles o administrativos en contra de quienes fueron los responsables del
manejo de la deuda externa. La tención debe centrarse sobre todo en aquellas
épocas en donde se habrían dado los casos más clamorosos de manejos dolosos,
cuando gobernaron los dictadores militares de los años setenta, Oswaldo Hurtado
Larrea, León Febres Cordero, Sixto Durán Ballén, Jamil Mahuad, Gustavo Noboa
Bejarano, Lucio Gutiérrez...
También habrá que incorporar las medidas necesarias para investigar el manejo de
la deuda interna, que involucra a los gobernantes ya mencionados. Las emisiones
de Bonos del Estado fueron pilares para sostener el pago del servicio de la
deuda pública. Hay claras muestras de la incoherencia constitucional de los
decretos ejecutivos que sustentan la deuda interna. Los principales tenedores de
los bonos de la deuda pública interna -la banca local a la cabeza- se
beneficiaron desmedidamente en el periodo de elevadas tasas de interés. Ahora es
indispensable establecer los nombres de los beneficiarios de la emisión de bonos
AGD para el salvataje bancario; otro capítulo de la tragedia nacional que espera
una aclaración definitiva y, por cierto, las consiguientes sanciones. En este
campo la acción de la justicia debe ser también implacable.
Una tarea clave de este esfuerzo nacional es impedir que se repitan situaciones
de endeudamiento irresponsable. Los negociadores de la deuda, y no sólo ellos,
las élites dominantes que sacaron tajada en su provecho con estos procesos,
deberían revertir de alguna manera los beneficios obtenidos.
En el ámbito internacional, de una primera lectura de la documentación
presentada, se desprenden varias opciones. (Pero que quede absolutamente claro
que el éxito de las gestiones a emprender dependerá de la calidad de atrabajo de
auditoría realizado y también de la estrategia que despliegue el Estado
ecuatoriano). La tarea es compleja.
Hay que analizar la posibilidad de plantear juicios en contra de los
prestamistas involucrados en las negociaciones dolosas, en los propios países
acreedores: habría pruebas fuertes de que se habrían violado los marcos
jurídicos en dichos países, particularmente de los EEUU. Igualmente hay que
preparar acciones en los tribunales internacionales en donde se ventilan los
casos de violación de derechos humanos en contra de los acreedores involucrados:
los abusos perpetrados en el manejo de la deuda externa no sólo produjeron
pérdidas económicas, ocasionaron enormes costos en nuestra sociedad a través de
la caída sistemática de la inversión social para servir la deuda externa o por
los consiguientes destrozos ambientales provocados por los redoblados esfuerzos
exportadores orientados a financiar dicho servicio, por ejemplo.
Desde hace algún tiempo atrás, a partir de diversas declaraciones y estudios, se
puede encontrar argumentos de peso que demuestran cómo la deuda externa implica
una violación abierta de los derechos humanos, del derecho al desarrollo y del
derecho a la libre determinación de los pueblos. Pero a partir del día 20 de
noviembre del presente año, en el Ecuador ha quedado comprobada la ilegitimidad
e incluso la ilegalidad de deudas externas e internas. Son múltiples las pruebas
de deudas odiosas, usurarias o corruptas, contratos injustos e ilegítimos.
A partir de las acciones que se desplieguen en este amplio espectro de
posibilidades, se puede llegar a una moratoria de la deuda sin condiciones; una
decisión de esta naturaleza es preferible adoptarla en forma consciente y
planificada, y no desesperada, como sucedió en 1999. Además, es hora de desarmar
ese discurso de terror alrededor de las moratorias (default), que han
sido opciones a las que han recurrido no sólo los países pobres, sino incluso
los ricos. (Una renegociación que produzca una reducción sustantiva de las
cotizaciones de los Bonos Global, provocada por la acción de la Comisión de
Auditoría, sería entendible desde una perspectiva económica, pero debilitaría
los planteamientos jurídicos de ilegalidad e ilegitimidad, que no desaparecerían
por más ventajas financieras que se obtengan).
En paralelo a estas demandas es necesario que el Ecuador aliente activamente el
establecimiento de un nuevo y mejor sistema monetario y financiero
internacional. Esto no se resuelve con una simple reforma interna de las
instituciones como el FMI y el mismo Banco Mundial. No sólo hay que cambiar o
remozar los sistemas de regulación existentes. Se precisa un nuevo esquema
internacional que ayude a regular y normalizar otro proceso de globalización
sobre bases de solidaridad y sustentabilidad. La deuda debe dejar de ser un
mecanismo de exacción de recursos desde los países pobres y de imposición de
políticas desde los países ricos.
El mundo requiere con urgencia un código financiero internacional. Este código,
que sería una respuesta a uno de los problemas de la actual crisis económica
mundial, debería normar las relaciones financieras sin poner en riesgo la
dignidad humana de los deudores y sin afectar los equilibrios ecológicos en
ninguna parte del planeta. Hay que apoyar la iniciativa de conformar un Tribunal
Internacional de Arbitraje de Deuda Externa Soberana.
También urge desarrollar diversos mecanismos de control de los flujos de capital
a nivel internacional; un primera paso es la desaparición de todos los paraísos
fiscales. En esta línea de reflexiones, sin pretender agotar el abanico de
posibilidades, parece cada vez necesaria la creación de un Banco Central Mundial
(que no tiene nada que ver con el Banco Mundial o el FMI), para que ayude
incluso a normar la emisión de una moneda o de una canasta de monedas para el
funcionamiento de las relaciones económicas mundiales.
Esta Auditoría no tendrá trascendencia sino hay respuestas jurídicas y también
políticas respaldadas con amplias acciones sociales. Los involucrados en estas
negociaciones –ex-presidentes, ex-ministros, o antiguos miembros de las
comisiones de renegociación, algunos prófugos desde hace rato, escoltados de sus
fieles escuderos: analistas y abogados–, como se ha podido constatar ya, copan
los espacios de ciertos medios de comunicación para tratar de desprestigiar a la
Comisión y a sus integrantes. La sociedad civil debería preparar veedurías para
hacer un seguimiento riguroso de las acciones que se den y para impedir que los
potenciales culpables logren torpedear este proceso que recién empieza.
El Estado requiere una estrategia integral para los pasos que habrá que
desplegar dentro y fuera del país. Una estrategia que anticipe todos los
escenarios y acciones posibles. Pero sobre todo una estrategia que sea
particularmente coherente… pues no se entiende, a la luz de esta Auditoria, cuyo
valor histórico es incuestionable, que en la Asamblea Constituyente se haya
otorgado amnistía a uno de los gobernantes responsables de los capítulos más
oscuros de la deuda externa, el de la negociación de los Bonos Global, Gustavo
Noboa Bejarano, por iniciativa de este gobierno que conformó y alentó la
Comisión de Auditoria Integral del Crédito Público.
Nota: Recuérdese que el día 4 de julio del 2008, la Asamblea
Constituyente, en Montecristi, otorgó la amnistía a Gustavo Noboa Bejarano y a
los miembros de la comisión negociadora, con 67 votos a favor, 17 abstenciones,
12 en contra y 34 ausentes. Esta amnistía se fundamentó en una resolución de la
presidenta de la Mesa de Legislación y Fiscalización, entregada el 2 de julio,
que no habría sido puesta en conocimiento del resto de miembros de dicha Mesa,
que no la suscribieron como lo era lo usual en este tipo de trámites. Cabe
anotar que esta baja votación se registró porque varios asambleísta del bloque
de Acuerdo país estuvieron en desacuerdo con esta iniciativa gubernamental y no
la apoyaron, en orden alfabético: Alberto Acosta, Jaime Eduardo Alcivar, Betty
Amores, Mónica Chuji, Pedro de la Cruz, Tatiana Hidrovo, María del Rosario
Palacios, Alba Puedmag (alterna de Iván Rodríguez), Alejandra Ocles, Maria
Quisantuña (alterna de Gerardo Nicola), Héctor Terán, Guillermo Touma, Fernando
Vega. La amnistía también fue cuestionada por la Comisión de Auditoría con
comunicación del 15 de mayo, dirigida al presidente Rafael Correa, firmada por
Ricardo Patiño, Franklin Canelos, Aurora Donoso, Alejandro Olmos, Ricardo
Ulcuango, Maria Lucia Fattorelli. En esa comunicación se afirmaba que la
propuesta de Amnistía aprobada por la mesa Constituyente respectiva, "vulnera el
estado de derecho y crea privilegios inadmisibles que no pueden ser admitidos
por la ciudadanía, y crea un precedente extremadamente peligroso" (...)"la
concesión de la referida amnistía, significará la automática desaparición de los
delitos e ilegalidades que hemos verificado, beneficiando a todos los
funcionarios que intervinieron en la renegociación de la deuda externa, y a
todos aquellos bancos extranjeros que participaron en la misma, ya que la
amnistía borra el delito por si, y, en consecuencia, todos sus intervinientes
pasan a no tener la menor responsabilidad penal ni civil".
(Alberto Acosta renunció a la Presidencia de la
Asamblea Constituyente de Ecuador el día 24 de junio de 2008).
Publicado el 21 de noviembre de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
124 el 26 de noviembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |