|
 |
|
|
P. Míguez es economista y S. Carenzo es
antropólogo. Los autores son docentes en la Universidad de Buenos
Aires e investigadores en el CONICET (Argentina).
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
La actual crisis económica, en sus expresiones cotidianas, ¿es vivida del mismo
modo por los habitantes de Washington, París, Buenos Aires o Brasilia? Si
atendemos a los resultados de una serie de investigaciones realizadas en la
última década en el campo de los estudios sociales de la economía en el cono
sur, la respuesta debería orientarse hacia una enfática negativa. Estos estudios
señalan el carácter performativo de las representaciones y discursos sobre las
últimas crisis monetarias desatadas en estos países, en relación a las prácticas
cotidianas de las personas de a pie.
Así, por ejemplo, Federico Neiburg señala que en contextos de crisis
inflacionarias el saber especializado de los profesionales de ciencias
económicas se expande hacia la esfera pública. Su saber se vuelve socialmente
inteligible, alimentando la formación de una cultura económica que se expresa
moldeando las disposiciones de las personas para conceptuar los desequilibrios
monetarios (representados como enfermedad) y generar confianza en las medidas
monetarias que permitan “sanear” la economía. Esta “educación monetaria” dota a
las personas de herramientas para vivir en y con la crisis, no solo para
defenderse de sus efectos negativos, sino inclusive para explotar las
posibilidades que se abren en estos períodos.
Estos enfoques que recuperan las diferencias culturales respecto a la forma en
la cual las personas y los grupos humanos lidian con las situaciones de crisis,
abren la posibilidad de repensar el carácter totalizador y entrópico que se le
atribuye a la crisis respecto del propio sistema capitalista. En tal sentido,
creemos que el debate actual en torno al grado de amenaza que representa la
crisis respecto del funcionamiento del sistema mundial, no puede escindirse de
la reflexión acerca la reconfiguración de las condiciones de acumulación
capitalista en este contexto.
Para dar cuenta de estos procesos nos parece destacable el análisis de David
Harvey sobre la dimensión espacial de la acumulación de capital. Este autor
señala que en contextos de crisis se intensifica el despliegue de procesos de
“acumulación por desposesión” sobre la periferia capitalista, en tanto
representa una de las formas de minimizar los efectos negativos sobre los
circuitos centrales de producción y consumo.
En líneas generales Harvey apunta a una crisis por sobreacumulación, esto es,
una tendencia inevitable a la creación de un exceso de capacidad en un gran
número de industria con relación a la tasa de ganancia existente. La
“financiarización” que desde finales de los años setenta condujo a un predominio
del capital financiero en desmedro del capital industrial no hacía sino fomentar
el crédito y acelerar el proceso de sobreacumulación, dando lugar a un enorme
exceso de capital productivo y a una fuerte caída de la rentabilidad. Así,
fenómenos tales como la burbuja bursátil de los últimos años sólo posponía los
efectos de la crisis, que ha estallado diez años después.
Sobre este diagnóstico general, Harvey incorpora una importante reflexión sobre
el destino del capital excedente, señalando la existencia de circuitos
secundarios y terciarios de circulación que resultan clave para evitar o
minimizar las crisis de sobreacumulación en los circuitos principales de
producción y consumo. A través de ellos el capital excedente desemboca en la
expansión del crédito y la especulación inmobiliaria, generando nuevas
oportunidades para la reproducción del capital. Pero si estas soluciones
provisorias fallan es necesario garantizar la acumulación por otros medios. En
este sentido Harvey introduce la cuestión de la “acumulación por desposesión”,
donde las nuevas soluciones espacio temporales toman la forma de grandes
inversiones destinadas a financiar proyectos de infraestructura o de explotación
de recursos naturales a gran escala, reconfigurando las relaciones sociales
sobre aquellos territorios donde tienen lugar.
La geografía histórica del capitalismo ha sido configurada tanto por “la
reproducción ampliada” de capital como por la “acumulación por desposesión” pero
en la última fase de la historia del capitalismo la segunda prevalece como forma
dominante sobre la primera. Los mecanismos que Marx había caracterizado como
propios de la etapa de “acumulación originaria” continuaron proliferando durante
el desarrollo del capitalismo y en la actualidad consisten en la privatización
de la tierra y la expulsión forzada de los campesinos e indígenas, la
mercantilización de la naturaleza, la supresión de formas alternativas de
producción (indígenas, por ejemplo), la privatización del agua, etc. Esto
permite hablar de un “nuevo imperialismo” y la “acumulación por desposesión”
como los mecanismos centrales del capitalismo actual para resolver su crisis,
transfiriendo riqueza desde los países menos desarrollados a los países ricos y
del conjunto de la población a las clases altas.
Harvey subrayaba que a partir de las crisis financieras de finales de los años
noventa se impusieron devaluaciones regionales localizadas para que el capital
excedente se apodere de los capitales devaluados a precios de saldo y aporte
nueva vida a la acumulación. Ahora, con la actual crisis en el centro económico
mundial, podemos esperar una agudización de los mecanismos de acumulación por
desposesión, lo que implica una intensificación de la explotación de los
recursos naturales y de la fuerza de trabajo, ante la necesidad de reponer las
tasas de ganancias deprimidas por la crisis.
En tanto las determinantes la expansión del capital son las condiciones de
rentabilidad, es también esperable que el capital privado refuerce su presión
sobre los gobiernos para asegurar el mantenimiento de dichas condiciones, aún a
costa de los derechos laborales, sociales y ambientales.
Lo que queremos señalar es que no se trata de una crisis del último año ni de la
burbuja inmobiliaria, sino que el resultado de un desarrollo de la economía
mundial caracterizada desde los años ochenta por la hegemonía de las finanzas y
del capital financiero.
El presente texto incluye las principales
secciones de un artículo más largo que apareció en “La primera crisis global
del siglo XXI”, publicado por CLAES / D3E en enero de 2009.
Más
información…
Reproducido en el semanario Peripecias Nº 129 el
14 de enero de 2009. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |