Peripecias Nº 129 - 14 de enero de 2009

DESARROLLO

 

 

Acumulación por desposesión:

la crisis como oportunidad para el capital

 

Pablo Míguez y Sebastián Carenzo

 

 

P. Míguez es economista y S. Carenzo es antropólogo. Los autores son docentes en la Universidad de Buenos Aires e investigadores en el CONICET (Argentina).

 

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La actual crisis económica, en sus expresiones cotidianas, ¿es vivida del mismo modo por los habitantes de Washington, París, Buenos Aires o Brasilia? Si atendemos a los resultados de una serie de investigaciones realizadas en la última década en el campo de los estudios sociales de la economía en el cono sur, la respuesta debería orientarse hacia una enfática negativa. Estos estudios señalan el carácter performativo de las representaciones y discursos sobre las últimas crisis monetarias desatadas en estos países, en relación a las prácticas cotidianas de las personas de a pie.

Así, por ejemplo, Federico Neiburg señala que en contextos de crisis inflacionarias el saber especializado de los profesionales de ciencias económicas se expande hacia la esfera pública. Su saber se vuelve socialmente inteligible, alimentando la formación de una cultura económica que se expresa moldeando las disposiciones de las personas para conceptuar los desequilibrios monetarios (representados como enfermedad) y generar confianza en las medidas monetarias que permitan “sanear” la economía. Esta “educación monetaria” dota a las personas de herramientas para vivir en y con la crisis, no solo para defenderse de sus efectos negativos, sino inclusive para explotar las posibilidades que se abren en estos períodos.

Estos enfoques que recuperan las diferencias culturales respecto a la forma en la cual las personas y los grupos humanos lidian con las situaciones de crisis, abren la posibilidad de repensar el carácter totalizador y entrópico que se le atribuye a la crisis respecto del propio sistema capitalista. En tal sentido, creemos que el debate actual en torno al grado de amenaza que representa la crisis respecto del funcionamiento del sistema mundial, no puede escindirse de la reflexión acerca la reconfiguración de las condiciones de acumulación capitalista en este contexto.

Para dar cuenta de estos procesos nos parece destacable el análisis de David Harvey sobre la dimensión espacial de la acumulación de capital. Este autor señala que en contextos de crisis se intensifica el despliegue de procesos de “acumulación por desposesión” sobre la periferia capitalista, en tanto representa una de las formas de minimizar los efectos negativos sobre los circuitos centrales de producción y consumo.

En líneas generales Harvey apunta a una crisis por sobreacumulación, esto es, una tendencia inevitable a la creación de un exceso de capacidad en un gran número de industria con relación a la tasa de ganancia existente. La “financiarización” que desde finales de los años setenta condujo a un predominio del capital financiero en desmedro del capital industrial no hacía sino fomentar el crédito y acelerar el proceso de sobreacumulación, dando lugar a un enorme exceso de capital productivo y a una fuerte caída de la rentabilidad. Así, fenómenos tales como la burbuja bursátil de los últimos años sólo posponía los efectos de la crisis, que ha estallado diez años después.

Sobre este diagnóstico general, Harvey incorpora una importante reflexión sobre el destino del capital excedente, señalando la existencia de circuitos secundarios y terciarios de circulación que resultan clave para evitar o minimizar las crisis de sobreacumulación en los circuitos principales de producción y consumo. A través de ellos el capital excedente desemboca en la expansión del crédito y la especulación inmobiliaria, generando nuevas oportunidades para la reproducción del capital. Pero si estas soluciones provisorias fallan es necesario garantizar la acumulación por otros medios. En este sentido Harvey introduce la cuestión de la “acumulación por desposesión”, donde las nuevas soluciones espacio temporales toman la forma de grandes inversiones destinadas a financiar proyectos de infraestructura o de explotación de recursos naturales a gran escala, reconfigurando las relaciones sociales sobre aquellos territorios donde tienen lugar.

La geografía histórica del capitalismo ha sido configurada tanto por “la reproducción ampliada” de capital como por la “acumulación por desposesión” pero en la última fase de la historia del capitalismo la segunda prevalece como forma dominante sobre la primera. Los mecanismos que Marx había caracterizado como propios de la etapa de “acumulación originaria” continuaron proliferando durante el desarrollo del capitalismo y en la actualidad consisten en la privatización de la tierra y la expulsión forzada de los campesinos e indígenas, la mercantilización de la naturaleza, la supresión de formas alternativas de producción (indígenas, por ejemplo), la privatización del agua, etc. Esto permite hablar de un “nuevo imperialismo” y la “acumulación por desposesión” como los mecanismos centrales del capitalismo actual para resolver su crisis, transfiriendo riqueza desde los países menos desarrollados a los países ricos y del conjunto de la población a las clases altas.

Harvey subrayaba que a partir de las crisis financieras de finales de los años noventa se impusieron devaluaciones regionales localizadas para que el capital excedente se apodere de los capitales devaluados a precios de saldo y aporte nueva vida a la acumulación. Ahora, con la actual crisis en el centro económico mundial, podemos esperar una agudización de los mecanismos de acumulación por desposesión, lo que implica una intensificación de la explotación de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo, ante la necesidad de reponer las tasas de ganancias deprimidas por la crisis.

En tanto las determinantes la expansión del capital son las condiciones de rentabilidad, es también esperable que el capital privado refuerce su presión sobre los gobiernos para asegurar el mantenimiento de dichas condiciones, aún a costa de los derechos laborales, sociales y ambientales.

Lo que queremos señalar es que no se trata de una crisis del último año ni de la burbuja inmobiliaria, sino que el resultado de un desarrollo de la economía mundial caracterizada desde los años ochenta por la hegemonía de las finanzas y del capital financiero.
 

El presente texto incluye las principales secciones de un artículo más largo que apareció en “La primera crisis global del siglo XXI”, publicado por CLAES / D3E en enero de 2009. Más información…

 

Reproducido en el semanario Peripecias Nº 129 el 14 de enero de 2009. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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