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E. Gudynas es analista
en temas de desarrollo y sustentabilidad en CLAES
(Centro Latino Americano de Ecología Social) y D3E
(Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad - América Latina).
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La comunidad
financiera internacional se ha enterado que el gobierno de George W. Bush
montó un programa para obtener información sobre las transacciones mundiales
de dinero que se realizan entre instituciones bancarias. El objetivo de este
programa era acceder a los bancos de datos del organismo internacional que
sirve de intermediario central a las transferencias diarias que realizan
bancos, corredores de bolsa, servicios de cambio, fondos y hasta los
particulares.
Este nodo global es la Sociedad Mundial de Telecomunicaciones Financieras
Interbancarias (SWFIT, por su sigla en inglés, que corresponde a Society for
Worldwide Interbank Financial Telecommunication). Este nombre es conocido
por muchos latinoamericanos, ya que deben ingresar un código denominado
SWIFT cuando giran dinero desde un banco a otro, lo que implica que su
transacción pasa por esta institución global, y que por lo tanto esa
operación pudo haber sido monitoreada por el gobierno de Estados Unidos.
SWIFT es, sorpresivamente, una cooperativa con sede en Bruselas (Bélgica), y
a pesar de que su sigla es manejada por muchas personas, poco se sabe sobre
la estructura y operación de la institución. Pero su relevancia es notable:
este servicio maneja transferencias internacionales de dinero por unos seis
billones de dólares por día.
La recopilación de esa información comenzó pocas semanas después del ataque
terrorista del 11 de setiembre de 2001, y tenía por objetivo rastrear las
fuentes de financiamiento de grupos terroristas. El procedimiento se mantuvo
en secreto por todos estos años hasta que fue revelado en la prensa, en
particular en un artículo de E. Lichtblau y J. Risen publicado en The New
York Times el 23 de junio.
El papel de Swift
SWIFT maneja unos 900 millones de mensajes financieros por año, con un
promedio diario de 11 millones de mensajes. Este número está en expansión,
creciendo a un promedio del 13 por ciento anual. En su seno participan 205
países, tiene 2.328 instituciones miembros y registra un total de casi 8.000
usuarios.
SWIFT es el nodo clave en las transacciones financieras internacionales, y
opera del siguiente modo: cuando una persona desea enviar dinero a la cuenta
bancaria de otro individuo en otro país, instruye a su banco sobre el nombre
del destinatario, número de cuenta y nombre del banco (al que corresponde un
código llamado SWFIT). El “banco emisor” envía instrucciones a SWIFT en
Bruselas con todos esos datos de la cuenta de destino, y ese centro a su vez
contacta al banco destinatario para confirmar la operación. Es importante
advertir que SWIFT no envía el dinero sino que maneja la información entre
los bancos. Cuando el “banco receptor” acepta la transferencia, el “banco
emisor” enviará el dinero directamente por sus propios canales.
SWIFT es, por lo tanto, una vía de paso clave para la información de las
transferencias de fondos a nivel internacional. El acceso a esa base de
datos permite rastrear el origen del dinero que se envía de un país a otro,
los bancos involucrados, las cuentas bancarias utilizadas y sus datos de
identificación.
SWIFT es usado por prácticamente todos los bancos importantes, pero también
las agencias y empresas que manejan fondos de inversión, acciones y otros
valores. La cooperativa es dirigida por Jaap Kamp (presidente) y Leonard H.
Schrank (director ejecutivo). Posee un consejo de dirección de 25 miembros
donde participan instituciones de todo el mundo, y un comité de evaluación
constituido por representantes de los bancos centrales de las diez mayores
economías (los que incluyen el Banco de Canadá, Deutsche Bundesbank, el
Banco Central Europeo, Banque de France, Banca d’Italia, Bank de Japón,
Banco de Holanda, Banco de Suecia, Banco Nacional de Suiza, Banco de
Inglaterra y la Reserva Federal de Estados Unidos), y la asistencia del
Banco Nacional de Bélgica (más informaciones en
www.swift.com).
Vigilancia en la economía global
Como casi todas las transacciones de fondos internacionales pasan por SWIFT,
los servicios de inteligencia de Estados Unidos la consideraron la “piedra
Rosetta del mundo financiero”. Según las investigaciones de The New York
Times, aunque la CIA propuso acceder a la información subrepticiamente, el
Departamento del Tesoro optó por un pedido formal a SWIFT. Se obtuvo el
acceso a los datos y las actividades fueron entonces manejadas por la CIA en
coordinación con el Departamento del Tesoro y con la participación del FBI.
Principales usuarios de SWIFT en América Latina
Se incluye Estados Unidos como comparación. Basado en los
usuarios de WSIFT NetFIN (los mensajes más complejos y con mayor seguridad
dentro de esta red), según el reporte anual de SWIFT 2005 “Raising ambitions”.
| País |
Bancos miembros |
Instituciones conectadas |
Total de mensajes
enviados y recibidos |
| Brasil |
25 |
80 |
3.438 |
|
Argentina |
19 |
49 |
9.788 |
| Colombia |
18 |
24 |
2.026 |
|
Venezuela |
12 |
42 |
5.215 |
| México |
10 |
30 |
10.171 |
| Chile |
9 |
29 |
6.038 |
| Estados
Unidos |
107 |
588 |
860.385 |
Si bien la revelación de esta vigilancia desató una fuerte polémica, la
administración Bush ha defendido la iniciativa y la considera legal. Su
escala y cobertura es impactante: es una inspección sobre los movimientos de
dinero de personas y empresas a nivel planetario. A pesar de haber sido
presentada como una medida de emergencia, ha estado en operación por casi
cinco años y existe mucha preocupación en tanto un gobierno está accediendo
a información personal sobre transacciones financieras. Sin embargo, el
Departamento del Tesoro de Estados Unidos considera que las leyes que
protegen la privacidad individual no son aplicables sobre SWIFT ya que no es
un banco sino un servicio de mensajería financiera.
Washington sostiene que se aplicaron pedidos oficiales para lograr los
datos, pero sin embargo parece ser que las requisitorias eran amplias y
genéricas. Eso alimenta la preocupación de un abuso frente a esta masa
enorme de informaciones. The New York Times revela que los ejecutivos de
SWIFT intentaron terminar con esa intervención cancelando el acceso a sus
datos, pero se mostraron preocupados por las implicancias legales, y
terminaron accediendo luego que altos funcionarios del gobierno de Estados
Unidos, incluido el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan,
intervinieron en el tema.
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LA DIRECCIÓN DE SWIFT
El Consejo
de Dirección de SWIFT está integrado por: Jaap Kamp (que proviene del
ABN AMRO Bank), Yawar Shah (JP Morgan Chase Bank), Roland Böff (Bayerische
Hypo- und Vereinsbank, Alemania), Arthur Cousins (Standard Bank de Sud
Africa), Pascal Deman (Fin-Force, Bélgica), Erik Dralans (ING Bank),
Finn Otto Hansen (DnB NOR Bank de Noruega), Takashi Kimori (Bank of
Tokyo-Mitsubishi), Yves Maas (Credit Suisse), Jacques-Philippe Marson
(BNP Paribas de Francia), Lynn Mathews (CLS Services, Australia),
Maurizio Mistura (Società Interbancaria per l’Automazione de Italia),
Raymond Parodi (Citibank), Martin Read (Bank of Nova Scotia, Canadá),
Alfredo Rodríguez Pinilla (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, España),
André Roelants (Clearstream International , Luxemburgo), Marilyn H.
Spearing (HSBC, Inglaterra), Roger T. Storm (Skandinaviska Enskilda
Banken, Suecia), Jee Hong Yee-Tang (Asociación de Bancos de Singapur),
Y. B. Yeung (Hong Kong and Shanghai Banking Corporation), Stephan
Zimmermann (UBS Suiza), John Ellington (Banco Real de Escocia, Reino
Unido), Wolfgang Gaertner (Deutsche Bank, Alemania), Günther Gall (Raiffeisen
Zentralbank, Austria) y Jean-Yves Garnier (Natexis Banques Populaires,
Francia).
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Por su lado, SWIFT emitió un comunicado donde señala que únicamente
transmite mensajes entre instituciones financieras, y que esos mensajes son
realizados y controlados por las instituciones que los envían y reciben.
Pero su informe anual señala que colabora de buena fe con autoridades como
bancos centrales y departamentos del tesoro, agencias policiales y
organismos internacionales, entre ellas la FATF (el grupo de trabajo sobre
acción financiera, un grupo intergubernamental que diseña medidas para
combatir el lavado de dinero). A pesar de indicar que las transacciones que
manejan constituyen información confidencial, también advierte que no
comenta sobre los pedidos que recibe (y concede) de acceder a sus datos. En
otras palabras, el consorcio dice que es apenas un mensajero y aunque
asegura privacidad, en caso de violar ese compromiso deja en claro que nunca
le informará.
Días después que estalló esta polémica se supo que el comité de evaluación
de los bancos centrales del G-10, así como el Banco Nacional de Bélgica,
estaban al tanto de estas operaciones. Todos ellos optaron por escudarse en
ambigüedades legales, y en tanto SWIFT tiene oficinas en Bruselas pero
también en Estados Unidos se abren muchas incertidumbres normativas. De
todos modos, el Parlamento Europeo emitió una declaración condenando todo
este esquema de acceso a la información. Este hecho se inserta, además, en
la agria polémica europea contra los vuelos secretos de la CIA con
prisioneros y que tenían escalas en diferentes países de ese continente.
Entretanto, el debate en Estados Unidos recorre caminos contradictorios.
Esto se debe a que varios analistas defienden el procedimiento, mientras que
muchos de los que lo condenan apuntan a la violación de la privacidad de
ciudadanos de Estados Unidos, pero no parece preocuparles mucho esa
violación en instituciones y personas de otras naciones. Sin embargo, es
evidente que éste es un nuevo ejemplo de la actual globalización, donde la
vigilancia ya se hace a escala planetaria.
Publicado en Tercer Mundo Económico
(Montevideo), Nº 206, julio 2006.
Publicado en Peripecias Nº 7 el
26 de julio de 2006. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |