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Las infructuosas negociaciones en el marco de la Organización Mundial de
Comercio (OMC) continúan siendo eso, infructuosas. Una vez más las
tratativas entre los países en el marco de la Ronda de Doha se han
suspendido por tiempo indeterminado y la permanente búsqueda de un pacto
comercial que favorezca la situación de los países productores agrícolas de
América Latina sigue sin avanzar. Los hechos objetivos indican que todo se
encuentra estancado, nuestros países siguen sufriendo las políticas
proteccionistas de las grandes potencias, mientras que no han logrado
coordinarse entre sí de manera de manejar las negociaciones en otro sentido.
La apertura para el sector agrícola es la principal demanda del G20, un
grupo de países en desarrollo que son grandes exportadores agroalimentarios
(como Argentina, Brasil, India, etc.). De acuerdo a los principales informes
vertidos por los especialistas, las últimas conversaciones han registrado
avances mínimos o incluso nulos respecto a las tres dimensiones sustantivas
del sector agropecuario: el acceso a los mercados, las ayudas a la
exportación y la reducción de los subsidios internos.
Se cumplen ya cinco años de deliberaciones y en Ginebra se volvió a
suspender por tiempo indefinido la Ronda de Doha de la OMC. Los países
desarrollados, las grandes economías, no logran avanzar sobre acuerdos en
temas cruciales. En particular con relación a un tema de enorme
trascendencia estratégica para América Latina: el de los subsidios a la
agricultura que mantienen Estados Unidos y la Unión Europea.
Las discrepancias sobre el recorte a los subsidios agrícolas en los países
ricos no se zanjaron luego de las últimas conversaciones en un pequeño grupo
negociador integrado por Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil,
Australia, Japón e India.
A modo de ejemplo cabe presentar algunos datos con relación al
proteccionismo agrícola que practica Estados Unidos. De acuerdo a
informaciones del Departamento de Agricultura de ese país y de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Estados
Unidos vende su trigo un 40% más barato que su costo de producción, el maíz
cerca del 30% más barato, y lo mismo ocurre con la soja. Las ayudas a la
producción y comercialización del algodón alcanzan un 57% de su costo de
producción. Según indicaba hace unos meses la International Food Policy
Research Institute (IFPRI) de Washington, las pérdidas que éstas prácticas
le generan a los agricultores latinoamericanos están en el orden de 5.400
millones de dólares anuales (sin considerar allí las ayudas al algodón).
Perjudicados dentro de los beneficiados
Son diversas las especulaciones que los especialistas del tema vienen
realizando. Hay quienes sostienen que una apertura comercial para el sector
agrícola tendría un impacto desigual en los países en desarrollo. Esto es,
favorecería a los países con mayor producción dentro de ese grupo, pero no
generaría grandes ventajas para los países más pobres. En ese sentido, por
ejemplo Brasil, Argentina, Australia y Nueva Zelanda se verían beneficiados.
De acuerdo con el IFPRI, la única forma de que los países con menores
niveles de desarrollo fueran verdaderamente beneficiados sería que en el
marco de la OMC se alcanzaran acuerdos para terminar con las tarifas
existentes para todos los productos agrícolas exportados desde esos países.
Tirando la pelota afuera
Se cierra otra etapa en la OMC sin novedades importantes en materia
agrícola. Se repite la estrategia donde Estados Unidos le pasa la “pelota” a
Europa y viceversa. La Comisaria Europea de Agricultura, Mariann Fischer
Boel, afirmó en los últimos días que la Unión Europea puede hacer aún un
último esfuerzo en sus concesiones agrícolas dentro de la OMC, pero a quien
realmente le corresponde moverse es a Estados Unidos. Antes de conocer el
magro resultado de las negociaciones Fischer Boel había advertido en rueda
de prensa que aún quedaba un "estrecho margen de maniobra". Pero nada
sucedió.
Una vez más, todo fue en vano. No se registraron mayores avances. El
subsecretario de negociaciones comerciales de México, Ángel Villalobos,
manifestó que “los grandes productores agrícolas de América Latina
indudablemente son los que se hubieran beneficiado mucho del acceso a los
grandes mercados como el americano y el europeo, (pero) sin duda son los que
pierden”.
Pero no sólo son los grandes productores los afectados, ya que los pequeños
países también enfrentan las enormes restricciones generadas a partir de los
altos aranceles y las estrictas medidas fitosanitarias planteadas para
ingresar a los grandes mercados. Muchos pequeños y medianos productores de
nuestra región padecen los perjuicios del escenario actual.
La situación fue claramente definida por el ex subsecretario de Comercio de
Ecuador, Manuel Chiriboga, quien expresó que “son señales que desmotivan a
los países en desarrollo porque ponen en duda la seriedad con la que están
procediendo Estados Unidos y la Unión Europea”.
Los pequeños países y el propio Mercosur y sus economías deberán seguir
esperando “por tiempo indeterminado” el acceso preferencial de sus
principales productos agrícolas como la soja, el trigo, la carne a los
mercados de Europa y Estados Unidos.
Las grandes potencias siguen mostrando una enorme contradicción no resuelta
ya que tienen discursos muy aperturistas en lo comercial (al menos esa es su
receta para los pueblos de estas latitudes). Claro que el mensaje en
realidad podríamos traducirlo como “haz lo que yo digo mas no lo que yo
hago”. Ellos protegen y subvencionan a la agricultura, pero pretenden que
los países en desarrollo hagan exactamente lo contrario, recomiendan que
abran sus economías dejando todo en manos del mercado global.
Publicado en Peripecias Nº
7 el 26 de julio de 2006. Se
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