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Una buena forma de
determinar la prioridad y eficacia de la lucha contra la pobreza y la falta
de equidad en América Latina puede darse mediante el examen de la función
que desempeña el gasto público social, las políticas sociales implementadas
en sus países y su relación con las políticas económicas. De esta manera, se
revela la prioridad que un gobierno otorga a cada sector social.
En ese sentido, es interesante un rápido análisis del enfoque
dominante de la política social en América Latina, el cual podríamos resumir en
algunos puntos específicos: el crecimiento económico es el mecanismo central de
la política social de reducción de la pobreza; el gasto social no se concentra
en los “muy pobres”, sino que se intenta aplicar en toda la sociedad (lo que
termina profundizando la desigualdad); y por lo general no existen programas de
protección social de emergencia para enfrentar crisis macroeconómicas y
desastres naturales.
Según datos de CEPAL, la tasa media anual de crecimiento del
gasto público social bajó de 4.6%, en los primeros años de la década de 1990, a
aproximadamente un 3% en 2005. Esto representa un descenso menos pronunciado que
el del PIB para igual período. Entre los años 1998 y 2003, no solo se redujo el
crecimiento económico sino que también se acentuó su volatilidad en la región.
La tasa media anual de crecimiento del PIB estaba en el orden del 3.5% entre los
años 1990-97 , pero se redujo a menos de la mitad (1.5%) entre 1998 y 2003.
A pesar de estos vaivenes, desde 1990 se viene observando un
aumento sostenido del gasto público en los países latinoamericanos, lo que ha
provocado un aumento de su participación en el PIB a un nivel del 2,3% para los
últimos 15 años. Estos resultados se han logrado a pesar de las crisis de
2001-02 que afectaron particularmente a Argentina y Uruguay. Sin embargo, si
observamos al interior de ese promedio, el mismo se compone por aumentos en los
gastos en educación, seguridad y asistencia social (0.8% y 1.9% respectivamente)
y por descensos, aunque pequeños, en los gastos en salud y vivienda (0.2% y 0.3%
respectivamente).
En términos económicos, el gasto público se caracteriza por ser
procíclico; es decir que acompaña en sus movimientos al crecimiento del
producto. Desde 2000 se ha repetido el comportamiento de la primera mitad de la
década de 1990 donde el gasto público acompaña, algo rezagado, el crecimiento
del producto.
Es necesario aclarar que el mayor gasto social no necesariamente
significa mayor orientación de los recursos fiscales a reducir carencias de los
grupos mas pobres. La comprobación que surge de los datos existentes de la
región es que están menos concentrados que el ingreso en casi todos los países,
por lo que es un indicador fuerte de desigualdad de distribución. Nunca será la
misma la necesidad de ayuda social que tiene una familia de clase alta a una
familia pobre, que no llega a satisfacer un mínimo de necesidades básicas.
Por otro lado, el manejo que los distintos países hacen del gasto
social, reproduce las diferencias dentro de las sociedades. En los países más
pobres se sigue destinando un menor porcentaje de PIB al gasto social en
comparación a los países más ricos.
Por lo tanto, la región sigue sin mostrar una tendencia clara a
revertir sus problemas sociales en términos reales, y para ello son necesarias
medidas que supondrían cambios mucho más profundos en la asignación del gasto.
Ese tipo de modificaciones necesita superar algunos factores que lo impiden,
como por ejemplo el peso de la deuda externa, así como cambios al interior de la
sociedad, por ejemplo aliviando la carga tributaria que tienen los sectores de
menores recursos, la que en la mayor parte de los casos genera efectos negativos
que se suman a la poca participación en el gasto publico de estos sectores.
En cuanto a la orientación del gasto social, los datos de CEPAL
indican que en educación y salud, América Latina estaría mostrando un incremento
en la proporción de gasto destinada a esos fines. No obstante, el ritmo de dicho
incremento es muy lento y muy diferente entre países. El patrón que sí se repite
es la tendencia al gasto en educación primaria, aunque eso no implica una
inversión en mayor calidad de educación ni evidencia que mejoren los resultados
educativos de los estudiantes.
En relación a los gastos en salud, la región muestra variaciones
muy amplias, dependiendo del sistema vigente en cada país; también entran en
juego las posibilidades de acceso (mecanismos de inclusión). Sin embargo en este
sentido, CEPAL no presenta datos concretos que permitan identificar tendencias.
Por último, los gastos públicos en seguridad social están
totalmente concentrados en las clases medias y altas. Esto es reflejo de
economías ligadas por años a cuestiones como la informalidad laboral y que hoy
siguen sin solucionar la inclusión de estos individuos al sistema de seguridad
social.
Este breve repaso de la situación demuestra que es absolutamente
necesario profundizar en los esfuerzos por aumentar el bienestar social y
material de los sectores de menores ingresos. Eso quiere decir priorizar las
inversiones y el desarrollo de servicios sociales y, sobre todo, facilitar su
acceso por parte de los estratos sociales realmente necesitados. Pero también,
es absolutamente necesario confrontar los mecanismos de reproducción de la
pobreza y exclusión social.
Evolución del PBI y del gasto social total en América Latina.
Según datos de CEPAL actualizados a 2005

Las nuevas políticas sociales en Latinoamérica, que superen las
limitaciones anteriores, deberían incorporar conceptos como el de “derechos
sociales” y de “desarrollo basado en derechos”, o sea, poner el énfasis en la
gente. Un nuevo enfoque de políticas sociales que ponga su énfasis en una mejor
cobertura contribuirá a fortalecer las democracias de la región, algunas muy
débiles aún.
Es absolutamente necesario no solo que el gasto social en la
región se eleve sino que se consolide su recuperación. Pero también se hace
imperioso que su financiamiento sea estabilizado ya que de esa forma se estarían
evitando los contraefectos derivados del comportamiento procíclico que tiene
dicho gasto que lleva a su disminución justamente en épocas adversas.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 1 el 14 de junio 2006. Se permite la
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