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El Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) surgieron en 1944 como resultado
de los acuerdos de Bretton Woods celebrados al final de la segunda Guerra
Mundial. Su objetivo inicial era reconstruir una Europa devastada por la
guerra y “salvar” al mundo de sucesivas crisis económicas. Pero en poco
tiempo se convirtió en la institución financiera más importante del mundo.
A lo largo de las décadas el FMI ha cambiado. Si bien fue fundado bajo ideas
que apuntaban a manejar las fallas del mercado y reconocían la necesidad de
la intervención estatal para crear empleo (concepciones keynesianas); se
volvió cada vez más reacio a esas intervenciones estatales y más proclive a
medidas de mercado clásicas. El FMI pasó a identificarse con las ideas del
Consenso de Washington. Todo gobierno que requiere la ayuda del FMI está
condicionado a cumplir las políticas “sugeridas” por la institución, que
pueden resumirse en tres puntos: equilibrio fiscal, liberalización comercial
y financiera, y privatizaciones.
En este sentido, sucesivos presidentes del FMI han señalado que los países
subdesarrollados no alcanzarán al primer mundo “sin sufrimiento”. Esas
medidas y ese sufrimiento giraron alrededor de una obsesión en el control
inflacionario, en las privatizaciones y la liberalización de los mercados.
La teoría que siempre se alentó fue que el crecimiento económico era primero
y luego la sostenibilidad social vendría sola. Finalmente, el crecimiento
económico genera beneficios que “gotean” o “chorrean” hacia los más pobres.
Sin embargo, el tiempo no les ha dado la razón y el crecimiento por sí mismo
no ha beneficiado a los más necesitados. En particular, en América Latina
los países se han endeudado y la desigualdad persiste. Todo esto ha
provocado que cada vez más países estén adoptando medidas activas para
revertir tal situación, muchas de las cuales están alejadas de las recetas
del Fondo. Algunos han cancelado sus deudas con el FMI, y más allá de
compartirse o no ese proceder, lo cierto es que lo han hecho buscando
desprenderse de esas “condicionalidades” y de las misiones de inspección.
Estas y otras medidas han llevado a hablar de una pérdida continua de poder
del organismo.
Aun cuando el FMI todavía ejerce mucho peso sobre los países pobres –por
ejemplo, en el África al sur del Sahara– su influencia en los países de
mediano ingreso ha caído en picada. Esto ha llevado a que se perciba que el
Fondo es, ahora, casi una sombra de lo que era antes. Prácticamente desde la
crisis asiática de 1997 el organismo no ha logrado volver a colocar
préstamos contingentes en la región. Tailandia, Filipinas, China e India han
tomado prudente distancia de la ayuda del FMI, advertidos de las
consecuencias de los programas de las décadas pasadas.
En el mismo camino, Brasil y Argentina cancelaron todas sus deudas con el
organismo. Uruguay también se ha sumado a esto en forma parcial, con
cancelaciones continuas y anticipadas de sus compromisos. Todo lo anterior
se ha reflejado en una caída de ingresos por concepto de intereses, que ha
sido calculada en una pérdida de unos 1800 millones de dólares entre 2005 y
2006 y que tiende a seguir reduciéndose. Cada vez más los países en
desarrollo recurren a otras fuentes de crédito; entre ellos, los cuatro más
grandes China, Indonesia, México y Brasil.
En setiembre se realizará la Asamblea Anual conjunta del FMI y el BID en
Singapur, y se están considerando distintas posturas de reforma y cambios.
Allí, los socios del Mercosur podrían sumarse a las propuestas de cambio por
el rol cumplido por estos organismos en la crisis financiera que han sufrido
recientemente los países en desarrollo. Entre las ideas en discusión está el
cambio en el poder de votos dentro del consejo de dirección del Fondo,
buscando mayor paridad entre los votos de países industrializados y países
en desarrollo.
En el extremo opuesto, los economistas liberales también critican al Fondo
ya que alegan que el organismo no ha ayudado a que los países logren un
crecimiento sostenible ni a que promuevan reformas de mercado.
Parece ser que definitivamente se reduce la influencia del FMI preso de su
propia incapacidad de realizar una autocrítica durante los últimos quince
años. El FMI no ha sido reformado, pero su poder para darle forma a las
políticas económicas de los países en vía de desarrollo ha sido enormemente
reducido.
Publicado en el semanario Peripecias Nº
10 el 16 de
agosto 2006. Se permite la
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