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Bilisario es un colaborador oculto de
Peripecias situado en las altas esferas del poder.
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Aportamos aquí declaraciones del representante de la
maderera española ENCÍA, que hará o no hará una de las mayores inversiones del
país éste u otro, si es que decide quedarse y no decide irse, y en caso de
quedarse quedarse dónde, pero tal vez este señor no lo dijo, y ni siquiera era
el representante.
La de ENCÍA es una más de las grandes inversiones de
los últimos años, como el frigorífico de los árabes en Fray Bentos
(Uruguay), los 10 000 millones de dólares noruegos que se derramaron
sobre las planicies rochenses, la gran fábrica de artículos de goma de la firma
Titán y una cantidad de proyectos más anunciados a ocho columnas. Todas esas
inversiones adolecieron de ciertos minúsculos problemas y quedaron en poco y
esta no parece ser la excepción: cada economía obtiene las inversiones que se
merece.
Con su habitual tono enérgico, el bachiller Josep
María Tomelloso del Tobar, conde de Floridablanca y Campomanes, nos concedió sus
ideas e ideales, misiones y visiones. Luego de que hubiéramos bebido un
exquisito café ofrecido por la secretaria, la amable señorita Ester Minio, el
tronituante líder empresarial anunció que la inversión de ENCÍA en Uruguay se ha
vuelto imposible.
–Fabricamos, como todos conocen, los mejores
escarbadientes del mundo. Creíamos que los eucaliptus uruguayos rendirían más, y
sin embargo están dando solo cuatro unidades por tronco cuando un buen abeto
gallego nos rinde seis. Con el resto hacemos chips para celulosa, pero eso es
solo un producto secundario: la pasión y la inspiración están en los
escarbadientes, coño. Los escarbadientes van teñidos de rosado y con estrellitas
doradas para el mercado chino, pero están bajando en la bolsa de Hong Kong así
que despediremos a 97 000 de nuestros 100 000 empleados y abriremos un
supermercado en la zona franca que ustedes nos concedieron. El comercio rinde.
–Se dice que hubo un problema con camiones y
carreteras...
–Sí, hombre. A la planta proyectada llegarán 200 000
camiones por año. ¿Se imagina el rollo? Necesitamos tamaña playa de
estacionamiento, ya que cada camión ocupa sus buenos metros cuadrados y cuando
viran necesitan metros redondos. Imagínese que en el segundo año de operación
llegarían a sumarse 200 000 camiones más y habría que, por lo menos, duplicar el
espacio. No sé que haríamos con un millón de camiones en cinco años, esa es la
verdad. ¿Venderlos, leasing? Hostias, sería un cuento de nunca acabar.
–Pero eso tendría que estar calculado desde el
principio.
–Los cálculos los hicieron ingenieros uruguayos.
–¿Y lo de relocalizar la industria?
–Bueno, siempre tenemos los intereses del país
receptor en la mira hasta que apretamos el gatillo. Hemos pensado en otras
localidades uruguayas, como Gualeguaychú o Buenos Aires. La historia lo dirá.
Este país parece ser que tiene bellos paisajes que habría que liquidar, digo,
colonizar, digo, desarrollar. Disculpe, hoy me levanté fatal.
–¿No nos abandonan, entonces?
–Señor periodista: ¿usted dejaría una naranja a
medio chupar? ENCÍA no.
–Supongo que habrán pensado que el país necesita
garantías, ya que el proyecto original se desfondó.
–Ya he ofrecido como garantía un solar junto a la
ría de Pontevedra, donde alguna vez pensé construirme una casita de veraneo. En
cuanto a lo de desfondar supongo que se refiere al Banco Mundial. Sí, coincido
en que el proyecto era demasiado bueno para ellos. En el futuro apuntaremos a
algo mucho más espectacular, con desplazamientos de población, voladura de
montañas, desecamiento de mares interiores, tala selvática, grandes represas,
transgénicos a puñados, y un bulldozer rodeado de niños felices como
símbolo del emprendimiento. Eso es lo que les gusta, y entonces nos darán
financiación. La cuestión es joder, como dice el escudo de armas de mi familia.
Amor y paz, les desea.
Bilisario
Publicado en el semanario Peripecias Nº
17 el 4 de
octubre 2006. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |