Peripecias Nº 32 - 24 de enero de 2007

HUMOR

 

Insáid informéishon de Bilisario

 

Nena, arreglate el pelo

 

 

Bilisario

 

 

Bilisario es un colaborador oculto de Peripecias situado en las altas esferas del poder.

 

COMENTARIOS

¿Desea comentar este texto? Si es así complete el formulario de comentarios - seguir ...

 

   

 

 

Estimad@s/@s/@s lector@s/@s/@s:
 

Como ustedes seguramente conocen –y tal vez alguno lo haya auto experimentado propiamente por sí mismo– cuando menos se espera aparece una puerta interdimensional y podemos visitar el pasado o el futuro. Sucedió mientras alimentaba a los peces de colores: súbitamente me vi rodeado por gente que vestía placas metálicas brillantes; de los zapatos sobresalían hojas de cuchillo, puntas de lanza y una luz azulada; en la cintura les colgaba una serie de controles remoto. Si no hubiera tenido el grabador encendido –estoy enseñando a los peces a hablar– hubiera considerado todo un espejismo.

 

Transcripción de lo grabado, con algún comentario:

 

–Nena, peinate mejor que se te ve la antena del radar –dijo uno de los seres, de minifalda verde.

–Ufa, mamá, ya te dije que ahora el pelo se usa así –protestó otro ser de menor estatura, vestido con un vaporoso envoltorio de náilon.

–Qué caprichosa. Estoy segura que eso impide el buen trabajo del dispositivo. Cualquier día te agarra un violador.

–Tengo puestos los jet-champions.

–Sí, y con los nervios se te sale uno del pie y no podés escaparte. Bajás un diez por ciento en el precio de bolsa, por lo menos.

–Vos siempre pensando en plata.

–Es tu futuro.

–Papá me regaló veinte años.

–¿Cuándo?

–¿No te dijo?

–Hace días que no nos mandamos mail.

–Parece que no vivieran juntos.

–Si no lo hiciéramos tendríamos las tarjetas bloqueadas y estaríamos en distintas dimensiones.

–Como yo con mi hermano.

–¿Cuál?

–El hijo tuyo con Roberto, mamá, no te hagas la distraída.

–Cuando eras chica decías que te ibas a casar con él.

–Nunca me dio un orgasmo, el estúpido.

–Para un chico de preescolar es difícil.

–Siempre fue un egoísta. Se inyectaba inglés y matemáticas. Vos le compraste toda la memoria que quiso, como siempre; a mí, me consolabas con un par de gigas y tenía que pasarme estudiando en la consola magnética. Dale plasma, dale plasma. Qué aburrido.

–Él no llegó a nada, es un pobre artillero misilístico intercontinental, como cualquiera; vos, con 14 años, sos profesora de astrofísica perimetral de dimensión cuántica y seguís estudiando. Te compramos el título bastante caro aunque era usado. Para eso está la familia.

–¿Pero no me queda bien, el pelo así?

–El radar, mi amor.

–¿Y qué? Todas mis compañeras usan el radar al aire.

–Te lo van a robar.

–No, yo sé lo que te pasa.

–¿Qué me pasa?

–Vos pensás que estoy en las Poliandras y nos comunicamos por el radar.

–Espero que estés diciendo una broma. Con esas cosas no se juega. Las Poliandras son sediciosas e ilegales.

–A veces simpatizo con ellas. Yo también quiero comprarme muchachos para jugar. Ellos pueden, nosotras no. ¿Por qué? Ahí andaba Carlitos jactándose de que…

–¿Decís Carlitos, mi hijo con aquel vietnamita?

–¿Quién si no? Bueno, se jactaba de que había comprado seis chicas y habían pasado un fin de semana espectacular. Yo también quiero, y las Poliandras son las únicas que defienden ese derecho.

–Nena, podés tener todos los hombres que te vengan en gana.

–Sí, uno por vez… No me gusta llevar una agenda, como hacés vos, con todos esos imbéciles haciendo turno…

–No son imbéciles: son mis novios.

–Mi cuerpo es mío y aunque la mitad sea sintética y del Estado, no hay una línea divisoria entre una y otra.

–Ya escuché ese argumento. Sabés que va contra la razón.

–Hablás como nuestras máquinas auxiliares en la universidad; las películas pedagógicas de la televisión también dicen lo mismo. Ufa, este mundo me tiene harta.

–Tomá una dosis extra de…

–¡No! No quiero más pastillas para la memoria virtual, para las fibras de vidrio, para las válvulas de las bombas hidratantes, para la docilidad del inconsciente. Estoy harta. Quiero una vida natural. Dicen que en Saturno descubrieron un árbol. Quiero irlo a ver, sentarme abajo, comunicarme con dios…

–Ay, nena. Yo decía las mismas cosas cuando era joven. Andá, en vez de abajo del árbol sentate en el sillón hormonal y pedí un servicio extra. Y arreglate ese pelo. Parecés una humana de las de antes.

–Hola –dijo Jimmy, un alevino de aletas rojas, muy vivaz y discutidor.

 

Fin de la grabación.

 

Amor y paz, les desea

Bilisario.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 32 el 24 de enero 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

Regresar a Humor Regresar a la Portada