|
Estimad@s/@s/@s lector@s/@s/@s:
Como ustedes seguramente conocen –y tal vez alguno
lo haya auto experimentado propiamente por sí mismo– cuando menos se espera
aparece una puerta interdimensional y podemos visitar el pasado o el futuro.
Sucedió mientras alimentaba a los peces de colores: súbitamente me vi rodeado
por gente que vestía placas metálicas brillantes; de los zapatos sobresalían
hojas de cuchillo, puntas de lanza y una luz azulada; en la cintura les colgaba
una serie de controles remoto. Si no hubiera tenido el grabador encendido –estoy
enseñando a los peces a hablar– hubiera considerado todo un espejismo.
Transcripción de lo grabado, con algún comentario:
–Nena, peinate mejor que se te ve la antena del
radar –dijo uno de los seres, de minifalda verde.
–Ufa, mamá, ya te dije que ahora el pelo se usa así
–protestó otro ser de menor estatura, vestido con un vaporoso envoltorio de
náilon.
–Qué caprichosa. Estoy segura que eso impide el buen
trabajo del dispositivo. Cualquier día te agarra un violador.
–Tengo puestos los jet-champions.
–Sí, y con los nervios se te sale uno del pie y no
podés escaparte. Bajás un diez por ciento en el precio de bolsa, por lo menos.
–Vos siempre pensando en plata.
–Es tu futuro.
–Papá me regaló veinte años.
–¿Cuándo?
–¿No te dijo?
–Hace días que no nos mandamos mail.
–Parece que no vivieran juntos.
–Si no lo hiciéramos tendríamos las tarjetas
bloqueadas y estaríamos en distintas dimensiones.
–Como yo con mi hermano.
–¿Cuál?
–El hijo tuyo con Roberto, mamá, no te hagas la
distraída.
–Cuando eras chica decías que te ibas a casar con
él.
–Nunca me dio un orgasmo, el estúpido.
–Para un chico de preescolar es difícil.
–Siempre fue un egoísta. Se inyectaba inglés y
matemáticas. Vos le compraste toda la memoria que quiso, como siempre; a mí, me
consolabas con un par de gigas y tenía que pasarme estudiando en la consola
magnética. Dale plasma, dale plasma. Qué aburrido.
–Él no llegó a nada, es un pobre artillero
misilístico intercontinental, como cualquiera; vos, con 14 años, sos profesora
de astrofísica perimetral de dimensión cuántica y seguís estudiando. Te
compramos el título bastante caro aunque era usado. Para eso está la familia.
–¿Pero no me queda bien, el pelo así?
–El radar, mi amor.
–¿Y qué? Todas mis compañeras usan el radar al aire.
–Te lo van a robar.
–No, yo sé lo que te pasa.
–¿Qué me pasa?
–Vos pensás que estoy en las Poliandras y nos
comunicamos por el radar.
–Espero que estés diciendo una broma. Con esas cosas
no se juega. Las Poliandras son sediciosas e ilegales.
–A veces simpatizo con ellas. Yo también quiero
comprarme muchachos para jugar. Ellos pueden, nosotras no. ¿Por qué? Ahí andaba
Carlitos jactándose de que…
–¿Decís Carlitos, mi hijo con aquel vietnamita?
–¿Quién si no? Bueno, se jactaba de que había
comprado seis chicas y habían pasado un fin de semana espectacular. Yo también
quiero, y las Poliandras son las únicas que defienden ese derecho.
–Nena, podés tener todos los hombres que te vengan
en gana.
–Sí, uno por vez… No me gusta llevar una agenda,
como hacés vos, con todos esos imbéciles haciendo turno…
–No son imbéciles: son mis novios.
–Mi cuerpo es mío y aunque la mitad sea sintética y
del Estado, no hay una línea divisoria entre una y otra.
–Ya escuché ese argumento. Sabés que va contra la
razón.
–Hablás como nuestras máquinas auxiliares en la
universidad; las películas pedagógicas de la televisión también dicen lo mismo.
Ufa, este mundo me tiene harta.
–Tomá una dosis extra de…
–¡No! No quiero más pastillas para la memoria
virtual, para las fibras de vidrio, para las válvulas de las bombas hidratantes,
para la docilidad del inconsciente. Estoy harta. Quiero una vida natural. Dicen
que en Saturno descubrieron un árbol. Quiero irlo a ver, sentarme abajo,
comunicarme con dios…
–Ay, nena. Yo decía las mismas cosas cuando era
joven. Andá, en vez de abajo del árbol sentate en el sillón hormonal y pedí un
servicio extra. Y arreglate ese pelo. Parecés una humana de las de antes.
–Hola –dijo Jimmy, un alevino de aletas rojas, muy
vivaz y discutidor.
Fin de la grabación.
Amor y paz, les desea
Bilisario.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 32 el 24 de
enero 2007. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |