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Bilisario es un colaborador oculto de
Peripecias situado en las altas esferas del poder.
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Esta es una nota de nuestro enviado especial
Hércules de Pigafetta, quien viajó por la Patagonia chilena hasta la zona del
lago Témpano, más bien el ex lago, mejor aún el pozo, para develar la incógnita
de su desaparición.
El sur, el extremo sur del mundo... Nuestro vehículo
luchaba contra las escarpas pedregosas, y los músculos de su poderoso motor, ya
cansados, roncaban lastimeros. El experto chofer, nacido y criado en esas
soledades inhóspitas, conocía tan bien el camino que a veces manejaba con los
ojos cerrados. Yo lo despertaba de un codazo y seguíamos adelante.
Miré el mapa del lugar e intenté seguir la delgada
línea del camino con la uña del meñique, pero me la había comido de
aburrimiento. Por fin, dimos la vuelta a un cerro más y allí debíamos arribar a
nuestro objetivo. Sin embargo, a la derecha en vez de cerros había una planicie;
a la izquierda esperábamos cerrados montes de pinos pero yacían solamente
arbustos achaparrados que el viento inclemente obligaba a crecer paralelos a la
tierra parda, si es que no eran plantas rastreras. ¿Dónde estaba, o había
estado, el lago? La confusión aumentaba por momentos. Desesperado, consulté el
sextante, la brújula y el GPS. Entonces descubrí la triste verdad: el mapa que
tenía en la mano había quedado en mi mochila desde un viaje anterior al Himalaya.
De todos modos llegamos al lago Témpano. El lugar es
salvaje, el viento aúlla, el frío aprieta, la tormenta ulula, los truenos
retumban, los glaciares se rajan, la luz desaparece, los osos rugen, las focas
focan, los lobos trotan alegremente… En resumen, una porquería. Todo eso que
dicen sobre la majestad de las montañas nevadas, la soledad augusta del paisaje
y los lagos serenos (ahí ven para qué sirven) son pavadas. Nuestra visita a la
zona duró exactamente diez minutos, y allí recogimos la opinión del vecino don
Catrileo Piltrafquén Huechulán, quien comentó que el lago “se fue nomás, po”.
Sin embargo el misterio sigue allí, o mejor dicho,
el misterio es que el lago no sigue allí. Geólogos, limnólogos y antropólogos
dan sus explicaciones, pero la Madre Naturaleza guarda en su seno mucho que aún
no ha revelado, y nosotros, pobres mortales, continuamos en nuestra búsqueda
ciega, a garrotazos con las sombras como niños en torno a una piñata. (Nota para
el redactor: ¿4 500 caracteres mínimo, me dijo?).
Un rápido repaso de la prensa chilena indica varias
hipótesis. Hay quienes sostienen que hubo un terremoto hace tiempo, abrió una
pequeña grieta y por allí se fue el contenido del lago como si sacáramos el
tapón de la bañera. Eso explicaría un rugido gutural registrado por aviones
espías estadounidenses, como si un gigante tomara la sopa. Se supone que se
produjo a medida que los últimos metros cúbicos desaparecían en la nada o en el
todo –depende de la posición filosófica y geográfica de quien lea estas líneas–
desagotándose en el vertedero.
No es el primer lago que desaparece. Marco Polo
cuenta que le dijeron que el primo de un visir al servicio del emperador mongol
escuchó que un amigo de la concubina de cierto funcionario había relatado una
historia similar, ocurrida en el desierto de Gobi cuando aún no era tal. Un
pasaje de un artículo de Karl Marx en la Wolframische Zeitung, invierno
de 1844, dice textualmente: “das wissenschäftlige Menschen kleine bissen des
werkes forwarts zukunft von Sodoma und Gomorra ober amengau der täglige Brot”,
pasaje que nadie logró comprender y menos traducir, pero que se relacionaría con
la desaparición del lago Kokkola. Otras fuentes sostienen que el Kokkola fue un
simple charco que se secó.
En Chile, el político conservador Patricio Urruzúa
Araneda sostuvo en su columna de El Mercurio que lo de vaciar el lago fue una
maniobra de la presidenta Bachelet. Quiso que el fenómeno equivaliera a la
descarga de un inodoro gigante, a ver si el agüita arrastraba al Transantiago
que no tiene arreglo ni remedio, pero le habría fallado.
No faltan quienes atribuyen la causa a Al Qaeda: los
tipos hacen cuevas y hoyos en Afganistán y además los ayudan miles de toneladas
de bombas con que los riegan la OTAN, la OEA, el BID, el FMI, la UE y los USA.
Los pozos producidos se habrían conectado con las galerías subterráneas que usó
Arne Saknussen, el héroe de la novela de Julio Verne Viaje al centro de la
Tierra. Esas galerías tendrían ramificaciones en el sur de Chile,
construidas por los mayas mediante rayos láser y técnicas hoy desconocidas, y es
obvio que, por teoría de vasos comunicantes, si se saca un tapón se llena el
vacío, o al revés.
Un ufólogo sostuvo que al lago se lo levantaron los
extraterrestres, pero no logró aclarar para qué lo querrían. A consecuencias de
esta opinión, un conocido programa de radio abrió los teléfonos para que los
oyentes sugirieran qué se podía hacer con un lago, propuesta que despertó
interés entre la población. Más interesante aún es la hipótesis de la ocultista
Celeste Blanca Rojas: el lago era la entrada a una civilización del inframundo,
y algún idiota pasó y dejó abierta la puerta.
Y bien amigas y amigos, como dijo mi colega Francis
Fukuyama, la historia se acabó.
Amor y paz, les desea:
Bilisario
Publicado en el semanario Peripecias Nº 53 el 20 de
junio 2007. Se permite la
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