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Carísim/os/as y consecuent/es/as lector/es/as:
Aquí estamos, comenzando un año más a su servici/o/a.
Lo que tengo para comunicarles es tan augural como el mes de enero y tan
optimista como el 2008 recién estrenado. Manos a la obra.
Resulta que la revista Brain’s Juice de la
universidad de Hueving, UK, me solicitó un análisis de la crisis económica en
los Estados Unidos. No lo pude entregar pues tal crisis no existe. De todos
modos, con el gentil permiso de tan prestigioso centro de estudios, comparto con
mis lectores algunos avances sobre el tema.
Los bancos, se dice, han perdido 43 000 dólares, o
43 000 millones, da lo mismo. Se olvida que habían ganado 80 000, así que en
realidad perdieron parte de la ganancia que no ganaron y salieron ganando una
ganancia que no habían perdido. A eso le llaman deflación. Es una pavada.
En las bolsas, teatro preferido de los actores del
mercado, ell/os/as levantan los dedos y gritan para anunciar que tienen dos mil
General Weapons o 5 000 Thyssen Krupp o 10 000 Asahi Pentax. Otr/as/os gritan
más y levantan más los dedos. Así, todos/as gritan lo que tienen, como los/las
nen/as/es después del 6 de enero. Además los sirven dos teléfonos, uno en cada
oreja, y están sentados/as frente a tres pantallas de computadora. No se aburren
y juegan a gusto, como otros/as lo hacen con trenes o sillas eléctricos/as. (Si
sigo con la corrección genérica-política me paso del límite de caracteres y el
Sr. Redactor –masculino– me pega).
Lo de cómo funcionan las bolsas lo conoce cualquiera
que vea películas; más interesante es el lenguaje que utilizan. Que han caído
dos puntos, o uno y un tercio, significa que en la violencia especulativa
algunos agentes resbalaron y aterrizaron en medio de la sala, o por lo menos se
tambalearon. Lo curioso es que nadie se ríe de las estrepitosas caídas; no
reaccionan igual que ante las películas de Chaplin.
Cada anuncio de crisis significa agitación e
inestabilidad. Se caen los actores del Bovespa, del Nasdaq o del Down Jones
cuando Allan Greenspan provoca corridas en la bolsa, pues por algo los
comerciantes en papeles financieros se llaman corredores de bolsa. Es normal que
en las corridas haya tropezones con los consecuentes tumbos/as, y más cuando las
carreras de bolsa deben hacerse a los saltos, según las reglas. ¿Caídas? Por
supuesto que sí, no hay nada de qué extrañarse. Es normal, todo es normal.
La política económica mundial está más sólida que
nunca. Tenemos un par de buenas guerras, crecen los plantíos de amapola y coca y
baja el dólar pero sube el petróleo, base de la fortuna de quienes manejan el
dólar. Lo que se pierde en la lotería se gana en la kermés. Es lo que se conoce
como “la mano invisible del mercado”. Así ha funcionado siempre y seguirá
haciéndolo. Esa mano nos saluda de lejos y la mayoría de las veces lo hace
mostrándonos el dorso y con el dedo mayor levantado mientras los otros
entrecierran el puño. Tampoco aquí hay tema de asombro.
En realidad, el índice que indica lo más indicado es
la siguiente ecuación: ante un dólar más caro, los ricos se vuelven más ricos y
los pobres más pobres; ante un dólar más barato, los ricos se vuelven más ricos
y los pobres más pobres. El resultado demuestra lo que decíamos antes: ¿dónde
está la crisis?
Amor y paz, y un buen año con muchas Peripecias, les
desea.
Bilisario
Publicado en el semanario Peripecias Nº 82 el 23 de
enero de 2008. Se permite la
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