|
 |
|
|
R. Acosta es un comentarista uruguayo que opina con una
sonrisa.
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
Muchos analistas ubicados en prestigiosos centros de
estudios temen una brusca caída en la calidad de la política Latinoamericana.
Este no es un temor novedoso, ya que la sucesión de encuestas de los últimos
años muestra el cansancio de la población con los políticos tradicionales. Esos
políticos parecen que no han escuchado esas advertencias, y continúan con sus
prácticas tradicionales: grandes ademanes, promesas impactantes, amenazas
estridentes. El problema es que en estos días una de las principales aulas de
educación política y fuente de ejemplo para presidentes y ministros finalmente
fue cerrada: se emitió el último capítulo de la serie The West Wing. Es
la serie que recrea la vida del círculo más íntimo de la presidencia de Estados
Unidos en sus oficinas del “ala oeste” de la Casa Blanca.
 |
|
Parte del elenco de "The West Wing", con Martin
Sheen como el presidente J. Bartlet en primer plano. |
|

|
|
Geena Davies como la presidente Mackenzie Allen en
Commander in Chief. |
Los políticos latinoamericanos ya no contarán con el
ejemplo de las estrategias del presidente Josiah "Jed" Bartlet (interpretado por
Martin Sheen), ni de los sofisticados razonamientos de sus asesores y
secretarios. En los palacios presidenciales todos lamentan la pérdida de las
inspiraciones de Josh Lyman (interpretado por Bradley Whitford) o los discursos
grandilocuentes de Toby (interpretado por Richard Schiff). Es difícil imaginarse
que Néstor Kirchner o Hugo Chávez acepten una reunión con sus asesores donde
algunos de ellos le contradiga, y lo haga una y otra vez con argumentos
contundentes, como ha sucedido en más de un capítulo de esta serie. Estoy seguro
que George Bush no la miraba, y que si lo hubiera hecho, posiblemente no
entendía los argumentos alrededor del “arte” de gobernar, pero tengo la sospecha
que muchos ministros y secretarios tropicales le echaban un ojo.
De todos modos, está claro que el personaje del
secretario de prensa de The West Wing nunca fue imitado en América
Latina, donde sigue campeando la desprolijidad informativa presidencial.
Posiblemente, “la Michelle” en Chile siguió el ejemplo de la serie televisiva
poniendo a muchas mujeres en el gabinete, pero ninguna de ellas tiene la
imponente altura de la actriz Allison Janney, que interpretó a la encargada de
prensa que luego se convirtió en jefa de gabinete. Si comparamos el papel de
Janney con el de otros jefes de gabinete de América Latina, como Zé Dirceu en
Brasil, nos invadirá la tristeza. Siempre me he
preguntado si Lula da Silva o Alvaro Uribe miraban esta serie televisiva. Creo
que lo necesitarían.
Si después de todos estos comentarios, usted me va
decir que The West Wing es la típica serie televisiva estadounidense,
enseguida le responderé que tiene toda la razón. Tuvimos capítulos de invasiones
a otros países, tiroteos, trampas políticas, agentes secretos heroicos, y un
constante tono pedagógico de ofrecer enseñanzas moralistas. Pero también tendrá
que admitir que la serie estaba escrita con inteligencia, poniendo sobre el
tapete debates políticos importantes, tales como las reglas de comercio, el uso
de la energía, la libertad de prensa, y así sucesivamente. Los actores
representaban en sus papeles opiniones opuestas que nutrían con argumentos, y
hasta crearon un sitio web para ofrecer información adicional. Hasta ahora no he
visto que O Globo de Brasil, o las productoras mexicanas o argentinas de
telenovelas intentaran una ficción política como esta, ni que presentaran
polémicas un poco más sustantiva que las de un amorío de barrio.
La serie estuvo en el aire siete años, y se ha
llevado una larga lista de premios televisivos. El presidente Bartlet ha hecho
de todo, pero que quiere que le diga, debo admitir que Martin Sheen me parece un
actor simpático. Pero la atención del último año recayó en la dramatización de
la campaña electoral entre el republicano Arnold Vinick (en manos de Alan Alda)
y el demócrata Matthew Santos (interpretado por Jimmy Smits). No se repetían los
estereotipos esperables, ya que Vinick era un ortodoxo económico pero más
liberal sobre las libertades civiles, y Santos era el primer candidato latino,
liberal en algunos temas pero sorpresivamente conservador en temas como el
aborto. La representación del debate presidencial televisivo entre ellos dos,
realizada en tiempo real, fue memorable, y por cierto mucho más entretenida que
algunos debates recientes, como el García y Humala en Perú.
Con el cierre de The West Wing, todos han
buscado una opción alternativa. Allí a mano está Commander in Chief
(Comandante en Jefe), con la (antes) bella Geena Davies. Pero desde que apretó a
fondo el acelerador de Thelma & Louise nunca volvió a repetir un papel
tan bueno, y ahora que está de presidenta no logra destacarse. Es que la
supuesta “comandante en jefe” aunque ya ha bombardeado un país latinoamericano y
promovió un golpe de estado, no convence como primera mandataria. Estoy seguro
que “la Michelle” no mira esta serie, aunque es posible que Cristina Fernández
de Kirchner, invocada candidata presidencial argentina, puede inspirarse en ella
–claro, si el marido lo permite–. Se ha anunciado que
esta serie será levantada en las próximas semanas.
La situación para muchos políticos no es muy buena.
Parece ser que no leen muchos libros, y por lo tanto la clausura de estas
seriales de televisión afectará seguramente la calidad de la política
continental. Y como en nuestras tierras nos hemos especializado en las más
complicadas y estrambóticas explicaciones y justificaciones de las sucesivas
crisis que padecemos, desde ya les aseguro que no faltará quien diga que estas
pérdidas televisivas nos afectarán. Y además, será culpa de Estados Unidos. Una
vez más.
Publicado en el semanario Peripecias Nº
2 el 21 de junio 2006. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |