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Esta semana tenemos una verdadera primicia, como
dicen los colegas periodistas para diferenciarlo de las falsas primicias que
constituyen la mayor parte de sus titulares. Quedó un grabador abierto en la
mesa de discusión entre los representantes de una empresa inversionista y
negociadores de nuestro país, y una mano amiga me hizo llegar el casete. Cumplo
mi deber de informar. Dialogan el representante del consorcio RYL, Rápido Y
Ligero, y un Negociador Autorizado por los Bancos Oficiales, que identificaremos
por su sigla.
RYL- Nuestra propuesta es un juego de todos ganan,
no de suma cero, y el modelo matemático no falla.
NABO- Si no recuerdo mal, ya lo propuso Jonathan
Swift hace como doscientos años con los niños irlandeses.
RYL- Es verdad, pero en aquel tiempo no se pensó en
hacerlo en forma científica, con hormonas y vitaminas en caso necesario y
métodos higiénicos de producción. Hoy contamos con expertos bien pagados de
prestigiosas universidades, incluso las de su país.
NABO- Yo mismo lo soy, a mucha honra.
RYL- Ahí lo ve. Sigue en pie nuestra propuesta de
contratarlo, se lo recuerdo. A usted y varios más de sus amigos. No me lo
agradezca, como tampoco tiene que agradecerme el viaje de estudios a los
shopping de Miami.
NABO- ¿Sabe lo que pasa? Yo sé que el proyecto nos
resuelve varios problemas, asegurará una jugosa herencia a mis hijos si ustedes
me abonan lo que dicen que harán y generará suficientes divisas como para que
paguemos la deuda externa ya en 3398, pero a mí, como padre, me trae pruritos
morales ese consumo.
RYL- Señor, nadie lo obliga a usted a consumir niños
pobres en su almuerzo, a pesar de las grandes ventajas que ofrecen. Es carne
magra, como quieren los cardiólogos; pertenecen casi a otra raza. ¿Cuántos vio
usted en su vida? Muchos ¿A cuántos conoce realmente? A ninguno. Es lo mismo que
con los insectos. ¿Usted dejaría de producir martillos porque algún nabo, perdón
por su investidura, se machuca un dedo? No es su culpa: es la realidad
económica.
NABO- Está claro que los cortes y achuras irían al
mercado externo.
RYL- Obvio. Ustedes seguirán consumiendo
hamburguesas de perros y gatos mientras haya y después empezaremos a abastecer
el mercado con ratas. Nunca vi ratas tan gordas como aquí; ya se me hacía agua
la boca. Las carnicerías de niños en Europa son de demanda insaciable: mil
millones de consumidores que rechazan nuestras vaquitas y ovejas transgénicas,
como buenos estúpidos que son. Por suerte, la procreación humana va viento en
popa y el Papa de vez en cuando nos echa una manito. Para nosotros, importar
latinoamericanos congelados y en la niñez va a ser menos conflictivo que
importarlos en pie y adultos, como hacemos ahora. De todos modos terminan allá y
mejor que vayan tiernos y con una finalidad determinada, no a limpiar baños o a
prostituirse o quién sabe con qué oscuros y criminales designios.
NABO- Si pudiéramos sacarnos de encima a esos cien
millones de niños que nunca van a dinamizar el mercado y solamente consumirán
recursos de salud y educación...
RYL- ¿Lo ve usted? Los racionales siempre
coincidimos. Sin esos cien millones tal vez la deuda estaría casi pagada mucho
antes, tal vez ya en 3348. ¿Imagina el ahorro de intereses? Hasta podrían
adelantar pagos en la medida que reduzcan los presupuestos cuando disminuya la
población. Lo que van a cobrar por venta de niños cubriría el costo de
centenares de miles de Mercedes Benz, docenas de hoteles cinco estrellas,
cientos de aeropuertos de lujo, miles y miles de consultores... Sería otro
mundo.
NABO- Sería el Primer Mundo.
RYL- ¿Comprende cómo podemos generar capital,
entonces?
NABO- Nunca dudé del método. Nos faltó coraje para
aplicarlo, nada más.
RYL- No tema a la competencia de los mercados en
Asia y África. A esos los va a perjudicar lo del SIDA, como lo de la vaca loca
perjudicó a los productores europeos y ustedes ganaron con los bifecitos.
NABO– Ventajas comparativas, como quería Adán.
RYL– ¿Smith o el de la Eva?
NABO– Adán. Él masticó la manzana y ella se llevó
las culpas: negocio redondo.
RYL– Considérenos una especie de Eva. No tenemos
ningún problema en que nos acusen; estamos acostumbrados a las culpas y eso hace
subir las acciones pues respetamos las señales del mercado.
NABO– Ahora bien, si se consume a los niños pobres,
¿quién va a limpiar mi apartamento, cuidar mi puerta, servirme el café, lavarme
mi ropa?
RYL– Nos falta adoptar algún plan con respecto a la
clase media, pero ya llegará. Ustedes sigan discutiendo de política mientras
nosotros ganamos tiempo. Nada más le pido.
Amor y paz, les desea.
Bilisario
Publicado en el semanario Peripecias Nº
11 el 23 de
agosto 2006. Se permite la
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