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–Y ahora –dijo la presentadora– vamos a escuchar al
señor licenciado Atila Rocambole, secretario general de la oenegé Centro
Autónomo de Correlaciones Ambientales y responsable del proyecto de Fomento de
Educación Calificada con Administración Libre.
Aplaudió. Aplaudimos.
Un hombre joven de traje oscuro y corbata roja pasó
al frente apurado, como si se le escapase el carrito del nene. Tenía unas hojas
de papel en la mano. Su frente, ampliada por un principio de calvicie, brillaba
húmeda bajo el reflector dedicado a los expositores. Estábamos en un simposio,
seminario, taller o congreso. Si no agrego más denominaciones es por no
recordarlas, no por falta de sinónimos o parecidónimos. Resumen: una serie de
personas presentaban y explicaban algo mientras los demás escuchábamos.
Varios señores ceñudos presidían; la presentadora
con voz de aeropuerto anunciaba a los participantes; chicas y muchachos se
agitaban en torno a una mesita auxiliar en la que estaba apoyado un lap-top
abierto y un cañón electrónico para proyectar transparencias. Supongo que
ustedes se ubican...
–Señor embajador del reino de Moneyland –empezó
Atila Rocambole mirando sus papeles–, señor encargado del Programa de Naciones
Unidas para el Dibujo y la Pintura, señor ministro de Financiaciones desde el
Exterior, estimado público presente...
La pantalla al principio no mostraba nada. A una
señal de Rocambole surgió una transparencia azul oscura donde se veían algunos
íconos. Esperó; repitió la señal y vimos un cartel anunciando las ventajas del
programa Power Point. De inmediato el cuadrado quedó en blanco y los presentes
cerramos un poquito los ojos para defendernos de la luz que rebotaba desde la
pantalla.
Los jóvenes en torno al ordenador revolotearon como
gorriones peleándose por una galleta. Volvió el cuadrado azul oscuro. –Parece
que la técnica nos está jugando una mala pasada, je je –dijo Rocambole con una
sonrisa que quería ser de suficiencia.
Je je, dijo la presentadora. Je je, dijeron algunos
espectadores solidarios.
Apareció una nueva imagen: a partir de un torbellino
caían una a una las letras de las siguientes palabras: “Centro Autónomo de
Correlaciones Ambientales. Fomento de Educación Calificada con Administración
Libre. Desarrollo Lúdico Imperativo de niñ@s en edad escolar y prepúberes y
prepúberas”. Rocambole repitió palabra por palabra la leyenda y dudó ante la
arroba: era políticamente correcto, pero qué lío a la hora de leerlo. Dijo
“niños y niñas” luego de notorias vacilaciones y pidió otra transparencia.
Decía:
“OBJETIVOS:”
Generar en el niño un compromiso
con el desarrollo sustentable, la idea de BIENESTAR y los “Principios y
Valores” que rigen nuestra Sociedad.
COMBINAR las Potencialidades
teórico prácticas del “Desafío pertinente” y las Metas preestablecidas.
Experiencia audiovisual compartida
“con” Líderes comunitarios y Autoridades regionales.
“Vamos” a estar incidiendo en la
acuñación de Conductas de Higiene y Moral que los participantes IRÁN LLEVANDO
al Seno de “sus” Hogares.
Como las leyendas estaban en letras rosadas sobre
fondo rojo, y frente a los párrafos había anchas flechas azul y verde que
comenzaban a guiñar intermitentemente por momentos y de manera alternada
mientras las letras cambiaban a color amarillo, era difícil leerlas. Rocambole
repitió puntillosamente las formulaciones presentadas y dijo:
–Les voy a ir explicando un poco de qué se trata.
Como dice aquí –y señaló con un puntero láser cuyo puntito rojo luchaba sin fe
contra el estilo Las Vegas de la transparencia– es necesario que las nuevas
generaciones, esa arcilla que tenemos que modelar, genere de por sí y ante sí
una nueva conciencia de equilibrio ecológico, una gama de alternativas
coherentes y fecundas para el ordenamiento de la sociedad y de su expresión
física más arraigada. Esta acción generativa se expandirá como los círculos en
el agua, digo, cuando se tira una piedra, al agua, y se forman esos círculos
concéntricos y de menor a mayor, en el agua, como olitas, y llegan de a poco a
la orilla, y así ellos y ellas incidirán en sus madres y padres, y ellos y ellas
a su vez. Pero lo fundamental es el maestro o maestra que esté a cargo del clase
o la clase. Ese es el punto de apoyo euclidiano para aquella palanca que
reclamaba Aristóteles para mover el mundo...
Atila Rocambole explicó que el Centro que él dirigía
había conseguido dinero –por lo cual reiteraba su agradecimiento al señor
embajador de Moneyland aquí presente– de un programa de colaboración con el
desarrollo para desarrollar una herramienta pedagógica de incalculable valor que
daría a los escolares la oportunidad de comprender los mecanismos de interacción
global y local acerca de y/o hacia un mayor cuidado del ambiente en todas sus
dimensiones según, sin, so, sobre y tras.
Pidió el cambio de imagen. Aparecieron unos
niños morenos que saludaban a la cámara. “Esa no”, dijo Rocambole. Apareció
una casa blanca, muy modesta, frente a un cerro reseco y marrón. “Es la
escuela de Paso Carpincho. Esa no, tampoco”, siguió, irritado. En la
pantalla brilló un tablero para jugar al ludo, o algo muy similar.
– Aquí está. Se llama El Ambientalistito. Los
insumos necesarios constan de las fichas correspondientes, unas tarjetas con
preguntas y otras con respuestas, este tablero que aquí ven reproducido, y
dos dados de seis caras cada uno. Tenemos una versión en CD-ROM que se puede
jugar en una red LAN si el establecimiento pedagógico cuenta con tal
aditamento, y es posible también jugar por Internet. Hicimos una experiencia
evaluatoria muy interesante donde los niños de Paso Carpincho jugaron con
una escuela en Colombia. El único problema, pero que estamos en vías de
solucionar, es la confrontación verificante de los valores obtenidos en la
tirada de dados, pues exige web cams o acceso a programas
correlativos de generación aleatoria de entidades numéricas, que deben
funcionar mediante un applet desarrollado en Java. Estamos
solicitando fondos para esa parte del proyecto, que en todo caso es
complementaria, así como para la compra de ordenadores de doble procesador,
imprescindibles para los cálculos.
Rocambole contó que varias personas habían
trabajado durante un año para hacer El Ambientalistito –sociólogos,
diseñadores, doctores en pedagogía, antropólogos y folkloristas– y que se
imprimiría en ocho mil ejemplares a cargo del proyecto, para que el
ministerio de educación lo repartiese por las escuelas. La forma de jugar
–”mecanismo de interacción lúdica”, dijo– era tirar los dados, avanzar, y si
se caía en un cuadradito marcado en rojo se cometía una falta ambiental de
alguna especie y se perdía un turno; en cambio, un cuadradito verde daba un
turno extra ya que simbolizaba una acción positiva tal como tirar una
cáscara de banana al basurero. En otros cuadrados había que contestar una
pregunta elegida al azar, con el premio o castigo correspondientes. Ganaba
quien llegase primero al centro, donde esperaba el Premio Nobel Alternativo.
A mí El Ambientalistito no me interesó
demasiado, pero cuando el hombre terminó su presentación y en la pantalla
brillaba la aburrida imagen azul de los íconos, entre los 200 participantes
hubo algunos entusiastas que alzaron la mano para hacer preguntas.
Una
chica, que se identificó como estudiante de magisterio, propuso que se
desarrollara un cuaderno con canciones para acompañar el juego, canciones que
ella se ofrecía a componer y que podían ser interpretadas en acordeón a piano o
teclados, según el estándar del establecimiento educativo que fuere beneficiado
con los insumos. Otra muchacha propuso que se hicieran versiones del juego en
inglés y alemán, ya que podrían transformarse en un interesante objeto para
varios programas de intercambio pedagógico, y que ella viajaría con gusto a
Europa a presentar esas versiones. Un muchacho allá por el fondo sostuvo que El
Ambientalistito era una maniobra más de las transnacionales agazapadas tras la
Organización Mundial del Comercio, pero la presentadora lo interrumpió para
anunciar que se serviría café en el atrio, de la afamada marca Granitos Molidos,
uno de los sponsors de la reunión. Eso produjo el rápido vaciamiento del
recinto.
Afuera, alguien me pasó el dato de que las chicas
que proponían las canciones y traducciones del Ambientalistito eran la novia y
la hermana de Rocambole, pero se sabe que la gente es mala y comenta. No opiné y
me conformé con mordisquear un merengue relleno de dulce de leche. Un evento más
se coronaba con gran éxito.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 1 el 14 de junio 2006. Se permite la
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