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E. Gudynas es
analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo,
Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
Versión resumida del artículo de análisis sobre la
Comunidad Sudamericana de Naciones publicado en Revista del Sur
168, noviembre - diciembre 2006. La versión completa se puede
descargar en PDF
aquí ...
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Comunidad
Sudamericana
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La idea de una Comunidad
Sudamericana se lanzó en 2004, con el propósito de promover la integración entre
los doce países de la región. En el encuentro presidencial de Cusco (Perú),
celebrado en diciembre de 2004, se redefinió la iniciativa apuntando al
propósito de crear una “Comunidad Sudamericana de Naciones”. A pesar de los
cambios en el tono de las declaraciones, todo el proceso ha estado fuertemente
asociado a liberalizar el comercio regional y fortalecer los planes de
infraestructura, tales como carreteras y puentes.
El programa original de la
primera cumbre sudamericana, celebrada en Brasilia en 2000, era avanzar hacia la
construcción de los “Estados Unidos de América del Sur”, según el presidente de
Brasil, Fernando Henrique Cardoso. A su juicio ese
proceso debía hacerse por dos movimientos: el primero era un acuerdo comercial
entre la Comunidad Andina y el Mercosur, y el segundo era la integración física.
Según Cardoso, la “espina
dorsal de América del Sur como espacio económico ampliado” era el vínculo
Comunidad Andina–Mercosur, que debían converger en la creación de un “espacio
económico”. Los gobiernos podrían tener diferencias sobre aspectos
instrumentales, pero todos ellos compartían la creencia en una liberalización
comercial para generar crecimiento económico. Desde aquel entonces hasta hoy las
ideas de integración como “espacio económico”, “espacio económico ampliado” y la
búsqueda de “convergencia” aparecen una y otra vez.
Las acciones concretas
convergieron en el IIRSA. Los proyectos más importantes comenzaron a gestarse
alrededor de Brasil, como las conexiones carreteras hacia Perú, Venezuela y
Guyana, y la interconexión eléctrica con Venezuela. En todos estos casos fueron
necesarios apoyos financieros importantes, pero que a diferencia de otras
iniciativas no sólo contaron con el aporte del Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) o el Banco Mundial, sino que cobró protagonismo una institución
financiera sudamericana, la Corporación Andina de Fomento, y más recientemente
el Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil.
Se realizaron otros
encuentros presidenciales, hasta que en un tercer cónclave, que tuvo lugar en
Cusco, en 2004, se invoca la creación de una “comunidad” sudamericana. Sus
principales defensores eran los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da
Silva, y de Perú, Alejandro Toledo, junto al apoyo significativo del presidente
del comité de representantes permanentes del Mercosur, el argentino Eduardo
Duhalde.
La reacción de los demás más
países fue muy diversa; algunos miraban con cautela, y otros, como Argentina,
Paraguay y Uruguay, no estuvieron representado por sus presidentes en tanto
reclamaban solucionar los problemas dentro del MERCOSUR antes de iniciar una
nueva aventura regional.
La percepción generalizada
era que la propuesta de una “comunidad” sudamericana era un interés
esencialmente brasileño, y en especial asociado a acentuar los vínculos de su
país con las naciones andinas.
El propósito de una
comunidad de este tipo es muy ambicioso. América del Sur cubre 17,7 millones de
km2, con una población de 376,5 millones de personas y un PIB total de 1,229
billones de dólares (millones de millones, cifras para el año 2005).
Si bien las declaraciones a
la prensa en algunos casos fueron muy floridas, en Cusco los presidentes no
firmaron un tratado o un convenio vinculante que desencadenara acciones
concretas, sino que apenas subscribieron una “declaración”.
La meta señalada en la
“Declaración de Cusco” es construir un “espacio sudamericano integrado”. Ese
objetivo se lograría por los siguientes procesos: concertación y coordinación
política, un acuerdo de libre comercio entre los dos bloques regionales
(Comunidad Andina y Mercosur), y con Chile, Suriname y Guyana, la integración
física, energética y en comunicaciones, la armonización de políticas en
desarrollo rural y agroalimentario, la cooperación en tecnología, ciencia,
educación y cultura, y la integración entre empresas y sociedad civil.
Las acciones concretas
propuestas en Cusco fueron escasas. Los presidentes accedieron a establecer un
programa de acción que avanzara poco a poco, aclararon que no buscan crear una
nueva institucionalidad sino apoyarse en la que ya existía, y encargaron a sus
ministros de Relaciones Exteriores la presentación de propuestas más
específicas.
A pesar de la generalidad en
los acuerdos, la cita presidencial en Cusco tuvo importantes efectos en la
opinión pública y en el marco de discusión de los procesos de integración
continentales. Se convirtió en un nuevo “punto de partida” de la vinculación
dentro de América del Sur. Las cumbre anteriores parecen haber caído casi en el
olvido y se ha llegado incluso a renombrarlas. La cuarta cumbre celebrada en
2005 en Brasil pasó a ser la Primera Cumbre de la Comunidad Sudamericana de
Naciones y la que sería la quinta reunión presidencial, que se celebrará en
diciembre en Cochabamba, será la Segunda Cumbre de la Comunidad Sudamericana de
Naciones. Asimismo, a partir de Cusco se instaló la idea de una comunidad en
construcción, a pesar de los pocos acuerdos concretos que realmente se
aplicaron.
En la propuesta aprobada en
Cusco se pone una vez más el acento en una integración basada en convenios de
libre comercio y en que esto se lograría en especial por la integración física.
Es muy arriesgado sostener que allí se generó una nueva visión sobre la
integración, y es bueno recordar que al menos cuatro de los países firmantes
estaban decididamente volcados hacia los tratados de libre comercio con Estados
Unidos.
En Cusco se redefinió IIRSA,
reduciendo la enorme lista de trescientos proyectos a treinta y uno específicos.
Además se firmaron otros convenios, destacándose el puente internacional que une
la Amazonia de Brasil con la del Perú (Acre con Madre de Dios). En todos los
casos los emprendimientos son interconexiones, y nada se avanzó en promover el
desarrollo local ni en la articulación económica.
En el siguiente encuentro,
en 2005, se aprobó una institucionalidad mínima y se establecieron ocho áreas de
acción prioritaria: diálogo político; integración física; medio ambiente;
integración energética; mecanismos financieros sudamericanos; asimetrías;
promoción de la cohesión social, la inclusión social y la justicia social; y
telecomunicaciones.
El problema del programa de
la Comunidad Sudamericana de Naciones es su énfasis en el comercio y en la
infraestructura, sin incorporar otros aspectos del desarrollo. Estos vacíos han
quedado aún más evidencia al ser señalados por la carta abierta enviada por el
presidente Evo Morales, de Bolivia, como una propuesta de trabajo frente a la
próxima reunión en Cochabamba. Entre otros temas, Morales advierte que los
planes en carreteras y puentes no pueden ser meras vías de paso para las
exportaciones, sino que deben generar desarrollo local y regional. Además
reclama otros compromisos sociales y ambientales.
La próxima cumbre
presidencial enfrenta de esta manera el desafío de poder superar los viejos
énfasis comerciales, y pasar a incorporar una visión más amplia del desarrollo,
no sólo como una tarea que cubre otros aspectos, como los culturales, sociales y
ambientales, sino también como un esfuerzo que debe hacerse entre varias
naciones.
Publicado en el semanario Peripecias Nº
24 el 24
de noviembre 2006. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |