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J. da Cruz es geógrafo y analista en
CLAES D3E.
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A fines de noviembre de 2006 se reunió en el puerto de Rosario, provincia
argentina de Santa Fe, la Comisión Técnica del Comité Intergubernamental de la
Hidrovía Paraná - Paraguay (CIH), con el propósito de maximizar la calidad y la
capacidad del tráfico. Desde 1941 hay interés en la región por facilitar la
navegación de buques con calados importantes en los ríos interiores, mediante el
dragado de los pasos fluviales. El CIH fue creado en setiembre de 1989 por los
ministerios de Obras Públicas y Transportes de los países de la cuenca del
Plata, con la misión de ejecutar proyectos, priorizar obras y armonizar la
legislación sobre el tema.
En los años siguientes a su fundación, el CIH diseñó un amplio plan de
transformaciones financiado a través de instituciones internacionales, plan que
fue refrendado por el Acuerdo de Transporte Fluvial por la Hidrovía Paraguay -
Paraná, suscrito en Mendoza el 26 de junio de 1992 entre los cinco países
involucrados. El plan original no se concretó pero el proyecto, sin embargo,
lejos de haber sido abandonado, sigue vigente bajo la forma de obras nacionales.
Es defendido como un emprendimiento fundamental por la Iniciativa de Integración
de Infraestructura Regional Sur Americana, IIRSA, creada en la reunión de
presidentes de Brasilia en 2002. Las voces críticas señalan que la participación
democrática en estos planes es prácticamente inexistente, así como la
transparencia y los análisis de consecuencias sociales y ambientales.
Como es un proyecto de enorme magnitud y de proyecciones continentales, una
serie de instituciones han hecho estudios e informes sobre la Hidrovía a lo
largo de los años, por ejemplo la Asociación Latino Americana de Integración
(ALADI), la Comunidad Europea, el Centro Internacional de Investigaciones sobre
el Desarrollo (IDRC-CIID) o el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca
del Plata (Fonplata).
Desde la época colonial, el Paraná y el Paraguay han sido las conexiones
naturales entre el océano y el interior del continente. Hay estudios que
calculan el área de influencia directa e indirecta de esta vía de tránsito
fluvial en tres millones de kilómetros cuadrados y 17 millones de habitantes. A
lo largo del transcurso existen 64 puertos argentinos, 3 bolivianos, 11
brasileños, 38 paraguayos y uno en Uruguay; en total, 117 puertos.
Entre San Luis de Cáceres en Brasil y Nueva Palmira en Uruguay las cargas
recorren más de 3 200 kilómetros. Hay dos calados practicables: desde el sur
hasta la ciudad brasileña de Corumbá, 2770 kilómetros, se pueden utilizar tres
metros; aguas arriba, hasta el puerto de San Luis de Cáceres, 672 kilómetros
más, el calado máximo en períodos de bajante es de 1,20. Los productos más
transportados son la soja y la harina de soja, petróleo, trigo, algodón,
minerales de hierro y manganeso, madera y mercadería en general, totalizando
unos diez millones de toneladas por año. Dragado y balizamiento están concedidos
a una empresa privada con sede en Buenos Aires.
Previsto pero no realizado
El proyecto del CIH apuntó a abrir y mantener los pasos fluviales para que se
estableciera un tráfico comercial regular con cargueros importantes, y
comprendía cientos de intervenciones puntuales. El costo de la obra se calculó
en 1 300 millones de dólares, financiados por el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
Se proyectó el dragado de 92 pasos críticos incluyendo al canal Tamengo, un
canal natural que conecta la laguna Cáceres al río Paraguay; en esta laguna y
junto al canal están los puertos bolivianos que permiten la salida de la
producción de Santa Cruz de la Sierra. El calado previsto entre Santa Fe y
Asunción fue de tres metros; el tramo de Asunción a Corumbá tendría canales de
2,60 de calado, y el mismo calado se proyectó para el canal Tamengo. Finalmente,
de Corumbá al norte se previeron calados de 1,50 a 1,80.
Hubiera sido necesario ensanchar curvas, cortar un meandro, dinamitar rocas,
construir diques en los afluentes, disponer del material retirado del lecho
fluvial y cuidar del balizamiento. Emprender estas mejoras estaba ligado al
rendimiento económico que dejarían los futuros flujos de mercadería: el
transporte de soja y sus derivados serían el producto más importante, seguido
por el hierro y los combustibles. El tráfico de bajada superaría al de subida
por un factor mayor a 4:1 y más del 80 por ciento del total de cargas de subida
serían combustibles.
Debido a factores de financiamiento y a posibles consecuencias ambientales, el
proyecto original no se realizó pero la IIRSA renovó la idea del proyecto
hidroviario. IIRSA ve un futuro de integración de América del Sur, conectada por
hidrovías interiores desde la costa del Caribe hasta el río de la Plata.
Una mirada desde mayor altura
Todo gran proyecto, especialmente si es muy caro y envuelve a varios países y
muchos intereses, se va modificando a lo largo de su realización. En una primera
etapa, hasta 1995, se consideró a la Hidrovía “el detonador del desarrollo” y
contó con el auspicio entusiasta del BID y de los empresarios. En el aura de
optimismo dominante entonces se consideró que ninguna evaluación de impacto
ambiental llevaría a una modificación profunda de la idea original.
Como un primer paso, el capital privado hizo el dragado del río de la Plata y
del Paraná hasta el puerto de Santa Fe, y obtuvo la concesión de los peajes por
ese tramo y un subsidio anual de 40 millones de dólares. A medida que avanzó la
obra comenzaron a generarse opiniones negativas sobre sus efectos ambientales,
opiniones que confluyeron en la Coalición Ríos Vivos formada por unas 300
organizaciones. La Coalición defendía un enfoque social de la temática
ecológica, y llevó adelante la mayor lucha ambiental ocurrida en la región hasta
el actual conflicto por la instalación de la planta de celulosa de Botnia en
Fray Bentos.
A falta de foros locales y nacionales donde plantear sus puntos de vista, los
opositores comenzaron una campaña en el exterior para que desde los niveles
internacionales se ejerciera presión sobre cada uno de los países. La campaña
resultó en que el BID, que ya había pagado dos informes sobre las consecuencias
del proyecto en 1990 y en 1995, aceptara además en 1997 los análisis de Ríos
Vivos y decidiera retirar su apoyo financiero. Eso determinó que la Hidrovía,
como empresa única, quedara sustituida por cinco proyectos nacionales: cada país
asociado se ocuparía de su tramo correspondiente.
En cuanto a la extensión del tramo nacional y a la importancia del movimiento
portuario, los intereses argentinos en la Hidrovía son los de más peso. Cuando
el BID se retiró en 1997, el gobierno de Carlos Menem quiso dragar por su cuenta
2 000 kilómetros más, pero sin llamar a licitación ni hacer estudios previos de
impacto ambiental. Ríos Vivos denunció ante el ombudsman argentino que el
proyecto no tenía ninguna transparencia ni posibilidades de control, ni una
evaluación de posibles daños. En general, la figura del ombudsman no tiene
atribuciones coactivas –más bien se plantea alcanzar consenso mediante
observaciones y diálogo– pero en este caso logró detener todo tipo de dragado
sin evaluación de impacto ambiental y exigió la creación de un órgano de control
de estos emprendimientos. Como consecuencia, la idea del dragado a cargo de
Argentina quedó de lado.
En 2000 se generalizó y profundizó el cuestionamiento a la suma de proyectos
para alcanzar el objetivo original, considerado desde entonces “el detonador del
desastre ambiental y de la exclusión social”, una visión opuesta por completo a
la de los gobiernos. La concreción de la hidrovía depende de que cada país haga
su parte; si no se realiza el conjunto de todas las obras la idea no tiene
andamiento. A partir de 2000 la unanimidad original entre los países se
resquebrajó y además Brasil había perdido el interés, pues aún si se realizaran
todos los dragados, los rápidos de Corumbá no hubieran permitido un calado
conveniente. Por otra parte estaban en construcción una línea de ferrocarril y
el canal Tieté, para relacionar el Mato Grosso y el río Paraná con el área de
São Paulo y Santos. La acción de Ríos Vivos en Brasil se dirigió al Defensor del
Pueblo y éste detuvo algunas obras puntuales.
Inmediatamente después, una ola de fuerte inestabilidad económica afectó a la
región y las prioridades nacionales se enfocaron hacia otros objetivos. En esta
etapa de obras parciales el Consorcio Integración Hidroviaria, integrado por las
empresas e instituciones CSI, Grimaux, Internave, JMR y Vía Donau, realizó el
Estudio Institucional-Legal, de Ingeniería, Ambiental y Económico,
complementario para el desarrollo de las obras en la Hidrovía Paraguay-Paraná
entre Puerto Quijarro (Canal Tamengo), Corumbá y Santa Fe. Contó con la
colaboración de la Corporación Andina de Fomento. El informe final fue
presentado en 2004, dos años después de fundada la IIRSA, con dos objetivos
básicos: desarrollar el proyecto ejecutivo para llevar a cabo los trabajos de
mejoramiento y proponer los mecanismos institucionales y legales para
posibilitar la contratación y ejecución de las obras.
Ventajas y desventajas
Algunas opiniones coinciden en que la mayor navegabilidad y el acrecentamiento
del calado favorecerían la cohesión entre los pueblos del Mercosur y traerían
puestos de trabajo y movimiento comercial. Otras opiniones sostienen, por el
contrario, que las consecuencias sociales, ambientales y económicas serían
negativas, distorsionando la economía tradicional, acrecentando explotaciones
ilegales y desplazamientos de población; solo obtendría ventajas el transporte
de soja y minerales, y la pesca y el turismo desaparecerían. El cuestionamiento
más fuerte provino de la Coalición Ríos Vivos y fue la alarma sobre el riesgo de
desecación del Pantanal, la mayor extensión de tierras inundables del planeta,
debido a las canalizaciones previstas, un riesgo del cual también advirtió el
entonces presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso.
El fondo de la polémica, en realidad, es si el transporte debe adaptarse a las
reales condiciones de los cauces o si estos serán modificados para servir a un
modelo preconcebido de movimiento de cargas. Los críticos sostienen que el
destino de los grandes ríos no puede ser transformarse en vías de tránsito a
costa de todo lo demás, pero algunas proyecciones económicas señalan que la
presión a favor del dragado será cada vez más fuerte, dado que las
agroindustrias argentinas presentan una alta capacidad de transformación a bajos
costos.
En efecto, la molienda de soja en la Argentina cuesta la mitad que en Brasil o
los Estados Unidos, y el área Rosario - Santa Fe se ha transformado en el mayor
cluster de procesamiento de soja en el mundo. Para mantener el volumen de
actividad, la cosecha sojera argentina, de por sí muy alta, debería de todos
modos complementarse con la de los otros países de la región. La Hidrovía ofrece
el acceso más fácil y barato, y en el puerto de Rosario, dragado mediante,
podrían cargar buques gigantescos de más de 60 000 toneladas.
Bolivia, Paraguay, Uruguay...
Los ríos son surcados por centenares de barcazas de todo tipo, propulsadas por
decenas de buques especialmente diseñados para esta tarea. Incluso hay barcazas
con capacidades de entre 150 y 400 TEU –un TEU equivale a un contendor de 20
pies de largo– y el tráfico de contenedores es cada vez mayor, en consonancia
con el crecimiento del mismo a nivel mundial. Uruguay mantiene una firme
política de captación de tráfico, ofreciendo facilidades de puerto libre y
acuerdos especiales a los países del interior continental
Bolivia enfrenta obstáculos para sacar la producción por sus puertos de mayor
importancia, Aguirre, Quijarro y Suárez, en la zona de Corumbá y la laguna
Cáceres. Esa zona es el punto de cruce sobre el río Paraguay del sistema
ferroviario que desde el puerto chileno de Arica pasa por Santa Cruz en Bolivia,
llega a Corumbá del lado brasileño y luego hasta Sâo Paulo y Santos. La mayoría
de la carga boliviana sale por Arica pagando fletes de ferrocarril muy costosos,
y para la producción sojera es más conveniente el flete fluvial. Otras cargas de
enorme importancia se generarán con la explotación minera de El Mutún, junto a
Puerto Aguirre.
Los contactos técnicos y diplomáticos entre Uruguay y Bolivia en torno a estas
cuestiones son permanentes, y también lo son con los paraguayos. Las
administraciones portuarias de Uruguay y Paraguay colaboran e intercambian
experiencias y conocimientos. Paraguay está aumentando sus exportaciones,
especialmente de soja y de carne, que sumaron con otros productos no
tradicionales cerca de 1 500 millones de dólares entre enero y setiembre de
2006. La mayoría de estas exportaciones salieron por Uruguay.
Según la prensa, la elección del puerto de Nueva Palmira para operar con esas
cargas se debe a trabas impuestas por Brasil y Argentina. Sin embargo no se
utilizan buques de bandera uruguaya: si un buque uruguayo quiere transitar la
Hidrovía tiene que contratar a dos prácticos argentinos en jurisdicción
argentina y dos baqueanos en jurisdicción paraguaya, lo que torna inviable el
negocio debido a los altos costos. En la negociación con Paraguay se ha
considerado la capacitación de capitanes uruguayos en barcos de esa bandera,
para que así puedan obtener la habilitación y certificación exigidas. Uruguay
aspira a lograr un tratamiento similar por parte de Argentina.
La asociación con Paraguay está también respaldada por las Naciones Unidas: un
reciente análisis de la Comisión Económica para América Latina optó por Uruguay
y Paraguay como contrapartes en un proyecto de asistencia técnica llamado
Desarrollo de capacidades en materia de facilitación de comercio y del
transporte para los países en desarrollo sin litoral y países en tránsito. La
idea es combinar mecanismos institucionales y tecnológicos de cooperación para
mejorar el corredor de transporte de mercaderías paraguayas en tránsito. Se
destacó que Paraguay está conectado por vía ferroviaria con el puerto uruguayo
de Salto, y esa interconexión también debería mejorarse pues el río Uruguay
ofrece una salida al mar paralela al Paraná.
Cruce de caminos
Si bien los grandes intereses consideran que la hidrovía es fundamental para la
integración, no lo sería menos el proyectado Corredor Bioceánico Central –a
veces llamado Canal Seco– desde Valparaíso en el Pacífico hasta los puertos
uruguayos y brasileños sobre el Atlántico. La Hidrovía y el Corredor se cruzan
en el área del río de la Plata y se potencian mutuamente, y en el futuro podrían
redefinir todo el mapa económico de la región. Uruguay está justamente en el
punto de cruce.
Un reciente foro internacional en la ciudad argentina de Mendoza tuvo como
objetivo fortalecer los lazos existentes entre las regiones, provincias, estados
y departamentos de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay situados sobre
el corredor bioceánico, uno de los doce ejes multimodales definidos por la IIRSA.
La integración no es solo cosa de infraestructuras y conectividad física sino
que comprende aspectos culturales, académicos, comerciales y empresariales.
Uruguay está jugado a la integración y participa en todas las instancias
posibles para impulsar este proceso, presentándose como una plaza logística que
capta cargas de Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia, y redistribuye, entre
otros, productos de India y China para zonas del Mercosur.
Fuentes: páginas de la Hidrovía, comunicaciones
de la Red ANP, recortes de prensa, apuntes de una conferencia de la
socióloga Kathryn Hochstetter en Montevideo el 22 de noviembre de 2001,
artículo de Margarita Flórez en
Revista Semillas,
diciembre 2006. Foro Portuario Iberoamericano en Montevideo, marzo 2007.
Publicado en el semanario Peripecias Nº
48 el 16
de mayo de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |