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E. Gudynas es
analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo,
Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
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¿Es posible aplicar mecanismos de representación en la globalización? ¿Puede un
país representar a otras naciones en las instituciones globales? Esta es una
problemática clave en la mundialización actual, y ha quedado en evidencia días
atrás con el colapso de las negociaciones comerciales en un pequeño comité de
tres países y un bloque comercial. En efecto, en Postdam se reunió el llamado
“Grupo de los 4” (G 4), integrado por Estados Unidos, la Unión Europea, India y
Brasil, en un intento de buscar salidas sobre el comercio agrícola global en la
OMC (Organización Mundial de Comercio).
El G-4 es un claro ejemplo de intentar la representación a escala planetaria: se
suponía que Estados Unidos y la UE representaban de alguna manera a las naciones
industrializadas, mientras que la India y Brasil serían las voces de todas las
naciones en desarrollo. Las negociaciones en Postdam fracasaron debido a que
tanto Washington como Bruselas se negaron a rebajar su proteccionismo agrícola,
mientras que la India y Brasil no estaban dispuestos a mayores concesiones sin
una liberalización sustancial del mercado agroalimentario. El fracaso de ese
encuentro volvió a sumir en las sombras a las negociaciones comerciales de la
OMC.
Pero más allá de esos resultados debe analizarse si ese mecanismo de
representación es adecuado. ¿Quién eligió a India y Brasil como representantes
de más de 100 países en desarrollo en el marco de la OMC? El asunto es muy
delicado, y ello explica que muchos países del sur volvieran a protestar por las
potestades asumidas por el G-4, denunciando que India y Brasil no defendían sus
intereses. Por ejemplo, el Grupo de los 90, un gran conglomerado que reúne en
particular a los países de África, Caribe y Pacífico (Grupo ACP) y las naciones
menos desarrolladas, señaló que el proceso careció de transparencia y
participación. Agregaron que sus miembros no tuvieron conocimiento de los
contenidos de las negociaciones en Postdam, y por si fuera poco, si bien
reconocen que Brasil e India son naciones en desarrollo, “no debe suponerse que
asumían la responsabilidad de representar los puntos de vista de todos los
países en desarrollo”. La situación está tan distorsionada, que hasta naciones
industrializadas como Japón alertan que mecanismos como el G-4 no los
representa.
Estas circunstancias rompen con la vieja idea del multilateralismo, que
precisamente ha sido apoyada y promovida por las naciones del sur con el
propósito de amortiguar los efectos de un orden internacional jerárquico, donde
los grandes países se imponen sobre los más pequeños. El multilateralismo busca
lograr espacios donde todas las naciones tengan un mismo peso; su mecanismo
predilecto es aquel donde cada país representa un voto.
Existen instituciones globales que son multilaterales en un sentido formal por
el amplio número de países miembros, pero donde el poder de decisión es
asimétrico. El caso típico es el Banco Mundial o el Fondo Monetario
Internacional, donde el voto es ponderado, y depende de los aportes financieros,
y eso permite que Estados Unidos, la UE y otras naciones industrializadas puedan
controlar todas las decisiones, desde designar a sus directores a la aprobación
de los préstamos.
Cuando se constituyó la OMC, en 1995, se intentó crear un espacio multilateral
donde cada país tiene un voto y las decisiones se toman por consenso. Algunos en
el sur se ilusionaron con un intento en romper con las manipulaciones de las
grandes naciones, ya que bastaba que una nación estuviera en desacuerdo para
paralizar cualquier resolución el seno de la OMC. Si alguno de los grupos de
países en desarrollo coordinara mejor sus posiciones, podrían fácilmente
controlar las decisiones en esa organización.
Pero ese sueño democrático se derrumbó desde el propio nacimiento de la OMC, ya
que los países industrializados controlan buena parte del comercio global, y
logran imponer muchas condiciones en las negociaciones. A lo largo de los años,
la participación dentro de la OMC se ha estratificado, con países que
representan a grupos de naciones, y donde la gran novedad es el creciente peso
de Brasil, India, Sudáfrica y China.
Las naciones industrializadas primero negociaban entre ellas y luego presentaban
sus acuerdos a los demás países como ofertas finales que debían ser tomadas o
rechazadas en bloque, y donde ese rechazo implicaba todavía más problemas con el
proteccionismo comercial. Muchas de esas negociaciones se celebraban entre “los
cuatro” (Estados Unidos, UE, Japón y Canadá), y más recientemente en la llamada
“Sala Verde”, que reúne a los ministros de comercio más selectos del hemisferio
norte. La supuesta apertura a la participación ha sido permitir que naciones del
sur como India, Sudáfrica o Brasil, ingresaran a esa Sala Verde.
Algunos podrían sostener que una participación tan directa de Brasil e India
frente a gigantes industrializados es un gran avance para los países del sur.
Pero ello se ha hecho a costa de confirmar un mecanismo que no es democrático,
reforzando todos los problemas de una representación asimétrica y falta de
transparencia dentro de la OMC. En los hechos, la llave a esas negociaciones
sigue en manos de los grandes países del norte, quienes deciden cuáles son los
países que “representan” o no al “sur” global.
Este problema no pasa desapercibido para las organizaciones de la sociedad
civil, y en un hecho muy positivo la REBRIP (Rede Brasileña por la Integración
de los Pueblos), alertó sobre la cuestión en una carta enviada a su propio
ministro de relaciones exteriores de Brasil, Celso Amorim. En ella se advierte
sobre el “carácter sigiloso y restricto” de las negociaciones, señalando su
“amplia insatisfacción con el proceso de negociaciones restringidas en el G-4”.
En efecto, un mecanismo de representación como el ejemplificado por el G-4
plantea el riesgo de países del sur que terminan legitimando y reforzando el
carácter antidemocrático de la OMC. Pero además ponen en riesgo los procesos de
integración dentro de sus continentes, ya que sus papeles de líderes regionales
quedan nuevamente en entredicho. Estos extremos también fueron advertidos por
REBRIP, señalando que si Brasil integra el “núcleo central de un proceso cuya
legitimidad está tan ampliamente cuestionada”, “pone en riesgo su propia
legitimidad como actor en la política internacional”, y compromete además otros
procesos de negociación y concertación cruciales particularmente los relativos a
la integración regional.
La OMC representa un espacio multilateral pero sin transparencia, y la
representación de unos sobre otros genera asimetrías que contribuyen a demoler
cualquier pretensión democrática. Los espacios de negociaciones selectivos, casi
aristocráticos, dependen de supuestas representaciones que nunca han sido
formalizadas ni ratificadas. Esto a su vez se monta sobre una dinámica donde
tanto los gobiernos del norte como del sur están “envueltos en prácticas
hegemónicas”, bajo las cuales su cooperación a ese régimen es recompensada con
asistencia financiera, concesiones comerciales o ventajas para el manejo de la
deuda externa, mientras que las naciones críticas son penalizadas por su falta
de “cooperación”, tal como advierten Heikki Patomäki y Teivo Teivainen en su
análisis sobre la democracia global. Por lo tanto, mecanismos inicialmente
positivos, como la representación, se vuelven en medios que reproducen un
esquema de relaciones asimétrico y jerárquico.
Las representaciones entre naciones y grupos de naciones están acosadas por
problemas de este tipo en la globalización actual. El antídoto para comenzar a
resolver algunas de estas cuestiones comienza por dotar a todos esos espacios de
una mayor transparencia, no sólo en el seno de instituciones globales como la
OMC sino también en la toma de decisiones que tiene lugar dentro de cada país
para establecer su agenda negociadora internacional. Una transparencia y
apertura que debe involucrar tanto a los actores gubernamentales como a la
sociedad civil.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 54 el
27
de junio de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |