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E. Gudynas es
analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo,
Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
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El Mercado Común del Sur (MERCOSUR) finaliza el año 2007 brindando ejemplos
tanto de avances como estancamiento, e incluso retrocesos. Una buena noticia es
que el acuerdo mantiene su vigencia, y a pesar de las insinuaciones y amagues,
ningún país lo ha abandonado. Uruguay, que ha coqueteado con un acuerdo
comercial con Estados Unidos, se mantiene porfiadamente dentro del bloque. Las
relaciones entre Brasil y Venezuela se han movido una vez más al ritmo de los
acuerdos energéticos, y el gobierno Lula parece que discretamente retomó la
iniciativa. Pero los conflictos que enfrenta el acuerdo no se han solucionado,
sea la disputa entre Argentina y Uruguay por las plantas de celulosa, como las
muy diversas diferencias comerciales entre los socios.
Brasil termina el año con la buena noticia del descubrimiento de nuevas reservas
petroleras descubiertas en su plataforma marina, que serían de 5 a 8 mil
millones de barriles de petróleo liviano. Esos yacimientos aliviarán sus
necesidades energéticas y le otorgarían mayores márgenes de maniobra en su
política energética internacional. Casi al mismo tiempo ocurren otros hechos
estrechamente relacionados y con importantes repercusiones regionales.
La estatal brasileña Petrobrás anunció que no invertiría en los campos de gas
venezolanos de Mariscal Sucre, y con ello se desplomó la propuesta de Hugo
Chávez del Gasoducto del Sur. Su idea era construir un largo ducto desde
Venezuela a ciudades brasileñas, para desembocar en el Río de la Plata. El costo
era elevadísimo, sus impactos sociales y ambientales enormes, y todo dependía de
la coparticipación brasileña, la que finalmente no se concretó.
Semanas después, Brasil retoma las negociaciones en Bolivia. Después de la
ríspida relación que mantuvieron los dos países sobre el gas boliviano, el
gobierno Lula había anunciado que no invertiría más en el país del altiplano. El
gobierno de Evo Morales quedó en solitario, apenas contando con la asistencia
venezolana. A lo largo de los meses, la administración de Morales está más
debilitada por el conflicto político interno, pero además no ha logrado relanzar
el sector de hidrocarburos con sus propios recursos ni con la asistencia
venezolana, sufriendo incluso problemas para cumplir los contratos de suministro
con Argentina. A su vez, Brasilia parece que ha entendido que de nada sirve
dejar en solitario a La Paz. Bajo estos vaivenes, el gobierno Lula retomó la
iniciativa, incluyendo una visita presidencial a La Paz, donde se anunciaron
emprendimientos carreteros y suculentas inversiones de Petrobrás en ese país.
Lula también se acercó a la nueva presidenta argentina, Cristina Fernández, para
estrechar las relaciones energéticas. En la agenda está la exploración petrolera
conjunta en la plataforma marina, construir una nueva hidroeléctrica en el Río
Uruguay e incluso producir pequeños reactores nucleares. Esas negociaciones
acercan todavía más a Buenos Aires con Brasilia, reduciendo la influencia de
Venezuela, aunque incrementan el bilateralismo argentino - brasileño que viene
socavando al MERCOSUR.
El desenganche de Brasil del Gasoducto del Sur, los nuevos convenios con Bolivia
y la agenda conjunta con Argentina, reducen un poco los márgenes de acción de
Hugo Chávez, quien a su vez también tiene otros problemas. Por ejemplo, la
derrota en el referéndum, la investigación sobre la valija venezolana repleta de
dólares que se encontró en Buenos Aires, y el fracaso de la mediación en
Colombia. Posiblemente, la noticia positiva más destacada con la que cierra el
año ha sido la aprobación del Banco del Sur, aunque siguen las negociaciones
sobre los detalles del funcionamiento de esa institución. Como contracara, el
ingreso formal de Venezuela al MERCOSUR sigue sin aprobarse, y ello impidió
cumplir con los planes de transferirle la presidencia pro tempore el
pasado diciembre, en la última cumbre presidencial.
Argentina tampoco ha estado inmóvil. Estudia construir una planta de
regasificación con Venezuela e importar gas licuado de ese país. Pero también
acordó con Uruguay la instalación de una planta de regasificación en un puerto
uruguayo. Este último acuerdo se logró a pesar de la agria disputa que mantienen
los dos países por los impactos ambientales de una planta de celulosa. Era
inviable que Uruguay realizara en solitario el emprendimiento, ya que la
inversión era muy elevada en relación a su consumo interno; pero este país
cuenta con puertos más accesibles que los argentinos, y un gasoducto ya
construido directamente hacia Buenos Aires. En esta ocasión primó el sentido
común, y los dos países cooperarán. Argentina busca así otras alternativas al
gas boliviano, y tal vez pueda atender de mejor manera sus compromisos de
suministro con Chile.
De esta manera se cierra el año 2007, donde Brasil discretamente ha retomado la
iniciativa en varios planos, ampliando y fortaleciendo su red de acuerdos con
sus vecinos. Pero de todos modos persisten los problemas estructurales de fondo
en el MERCOSUR.
Versión ampliada y revisada de un artículo
publicado en La República (Lima), 8 de enero de 2008. Publicado en el semanario Peripecias Nº
80 el 9
de enero de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. |