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La regionalización
es uno de los mitos que han poblado la historia de la República. Reformas
imaginadas por elites políticas e intelectuales, sea como un acto de
justicia en busca de una mejor distribución del poder, sea como una manera
de organizar mejor el país. Procesos impulsados de arriba hacia abajo,
interpretando lo que los pueblos del interior aspiran para sí. Sin embargo,
la tendencia histórica en el Perú ha ido hacia una centralización con
fragmentación, consolidando un centro con mucho poder al cual se vinculan un
sinnúmero de territorios dispersos, en parte por la complejidad de nuestra
geografía, en parte por la incapacidad de las elites de construir un Estado
con presencia en todo el territorio.
Poderes locales frente a la integración regional
Los poderes locales y departamentales de hoy, deben ser entendidos como un
producto de la década del fujimorismo, período en que cambiaron por completo
los términos de la relación entre el poder central y el poder regional y
local. Ésta se basó en una relación directa, sin intermediación alguna, que
permitía canalizar recursos estatales, prebendas y cargos públicos. Más
grave aún, fue que los poderes locales pudieron acceder a estos “beneficios”
sin la intermediación de los poderes regionales. En resumen: mucho poder en
el centro y diversos poderes disgregados y desarticulados en la base.
Este proceso nos permite entender las fuertes resistencias que desde los
poderes locales y regionales hay frente a la integración. ¿Qué beneficio
puede tener la integración que no signifique la perdida de poder de una de
las dos partes? ¿Por qué un departamento va a querer reintegrarse a un
territorio al que perteneció hace un siglo o más? Sólo incentivos de gran
magnitud podrían revertir esta tendencia, además de una serie de
modificaciones –que serían totalmente impopulares, como lo muestran las
protestas tacneñas– a las leyes del Canon, por dar un solo ejemplo. Mientras
esto no se dé las tendencias serán a la autonomía departamental como la
soñada por el Presidente regional de Puno y de muchos líderes de diversos
frentes regionales.
Desde Lima es fácil decir que la integración regional permitiría un mayor
poder de negociación con el poder central. Pero la construcción de este
poder no es un proceso de corto plazo, por el contrario, requiere de
políticos que tengan visión de largo plazo y que precisamente, no existen en
nuestro país.
Identidades e integración
El tema de las identidades se encuentra en un nivel más profundo, que puede
ser activado como un recurso por aquellos que están en contra del proceso de
integración. Las identidades surgen en contraposición a los otros: yo soy en
tanto me diferencio del resto. Algo de eso es lo que viene ocurriendo en el
Sur en particular, en donde los conflictos vienen siendo alimentados por un
discurso de este tipo. No sé cuántos de ustedes han escuchado hablar en el
pasado de una identidad moqueguana, pero ahora se está hablando de eso. Por
eso, el Sur ahora aparece cada vez menos como un todo integrado o con
posibilidades de integrarse, y no sólo por los cambios en la economía
regional sino también porque las identidades al ser construcciones sociales
siempre son relativas y cambiantes.
El problema no son las identidades como tal, ni tampoco las viejas
rivalidades entre dos provincias o entre dos regiones, ni mucho menos el
localismo que busca contar con el reconocimiento que siempre se le negó. El
problema es que si no hacemos un enorme ejercicio de construcción de un
nuevo discurso integrador y que reconozca la diversidad desde las regiones,
siempre vamos a ver las identidades como un obstáculo y no como un capital.
Mientras los descentralistas no entendamos esto, llevaremos las de perder.
Si la población y sus elites no se reconocen como parte de un territorio o
de una historia común, será imposible que el proceso avance. ¿Cuánto tiempo
toma esto? ¿Qué esfuerzo es el que hay que desarrollar? ¿Qué intelectuales
están generando nuevos discursos a partir de las identidades múltiples que
existen en nuestro país? Sin el conocimiento de la historia, los procesos
sociales y las dinámicas económicas de los departamentos, será imposible
avanzar mucho.
Sistema de partidos y regionalización
Al no existir mayores articulaciones ni lealtades que vayan más allá del
poder mismo, la política se ha vuelto totalmente volátil; y por tanto, los
partidos viejos tienen enormes dificultades para reconstruirse y los nuevos
para estructurarse. Asimismo, las articulaciones que se generan no logran ir
más allá de determinadas coyunturas, luego se disuelven hasta una próxima
ocasión.
Es necesaria una revisión de las normas que afectan la vida de los partidos
políticos. Contamos con una serie de leyes relacionadas con las formas de
elección, de participación, de inclusión (a través de la cuotas), de
funcionamiento del Congreso y de los gobiernos regionales y locales, que no
han sido pensadas como un conjunto, y que por tanto no están contribuyendo a
consolidar ni un sistema de partidos nacionales ni mucho menos uno de
partidos regionales.
Hay que exigir a los actuales partidos regionales, requisitos mucho mayores
en términos de presencia sobre su territorio. No puede ser que estos
movimientos no sean capaces de colocar candidatos a la alcaldía en todas o
la mayoría de provincias y de igual manera, entre provincias y distritos. Es
necesario acabar con la figura de las listas independientes. Tenemos que
buscar formas que ayuden a integrarnos políticamente.
Si es que –como nosotros pensábamos cuando se hizo el referéndum–, existían
liderazgos que a pesar de todo lo dicho se jugaron por la integración, la
pregunta es ¿por qué no existen partidos regionales de verdad? (no
departamentales como son ahora). Por ejemplo, ¿por qué las fuerzas que
apoyaron la integración del sur no han seguido buscando alianzas políticas
con los departamentos vecinos?. La tendencia ha ido en el sentido contrario,
en particular en el sur.
¿Qué hacer?
Luego de señalar estas tres grandes trabas para la integración regional,
quiero pasar a señalar algunas propuestas que como SER hemos planteado en
una comunicación al Congreso de la República, la misma que contiene una
serie de observaciones al dictamen sobre el tema de integración regional que
está listo para su discusión en el Congreso, en el ánimo de que dicha
reforma no se quede simplemente en la eliminación de una fecha, o en
encargarle a un ente que no termina de existir como el CEPLAN, la tarea de
elaborar el Plan Nacional de Regionalización, y dejar el tema a la buena
voluntad de los actores políticos cuya supervivencia depende, en buena
medida, del poder que les da ser presidentes de gobiernos regionales de base
departamental. Es por ello que hemos hecho llegar al Congreso las siguientes
observaciones:
1. El proceso de conformación de regiones es necesario para la consolidación
del proceso de descentralización y para lograr una reforma estatal que
apunte a la construcción de un Estado más eficiente, eficaz y redistributivo,
con capacidad para llegar a los distintos territorios del país y asegurar
una calidad de vida adecuada para la población y el cumplimiento de sus
derechos ciudadanos.
2. El proceso de integración regional debe tomar en cuenta los procesos de
gestión de territorio que se vienen dando en los ámbitos regionales. El
fracaso del referéndum del año 2005 se debió, entre otros factores, a que el
proceso no tomó en cuenta las dinámicas territoriales: problemas limítrofes,
demandas de las poblaciones por servicios del Estado más cercanos y
asequibles, crecientes expectativas por la distribución del canon, entre
otros.
3. Las iniciativas normativas deben establecer un horizonte temporal
definido. Por ello las modificaciones a la ley no deben limitarse a eliminar
los plazos existentes para el proceso, sino que deben fijarse las acciones a
seguir en el corto, mediano y largo plazo. Entre estas acciones, por
ejemplo, se encuentra la reformulación de los incentivos para la integración
regional.
4. La conformación de regiones es un proceso que debe comprenderse como la
reorganización del territorio. Debemos superar la idea de la mera agregación
de departamentos. En ese sentido, consideramos que las etapas del proceso de
integración, deben revisarse. La ley y la propuesta de modificación
establecen que en un primer momento, se dé la conformación de regiones
basada en la agrupación de departamentos; y en un segundo momento, la
reorganización de provincias y distritos. Por ello, sugerimos discutir la
posibilidad de definir criterios para la integración de provincias a otras
regiones, considerando la articulación que tienen algunas de éstas con otros
departamentos.
5. Los incentivos para la conformación de regiones, deben partir de un nuevo
sistema de transferencias intergubernamentales, en particular de los
recursos provenientes del canon. Ello, porque mientras el sistema de
distribución y asignación de los recursos del Estado sea “departamental”, no
será posible elaborar propuestas que realmente constituyan incentivos para
la integración regional.
Para terminar, unas palabras finales sobre la reciente presentación del
Presidente de Consejo de Ministros, Yehude Simon, ante el Congreso. En ella
se plantean hasta tres vías con respecto a la integración, por un lado
aquella que plantea el dictamen del Congreso que basa la misma en las Juntas
de Coordinación Interregional, con el añadido de encontrar la fórmula para
que éstas puedan “ejecutar recursos públicos en forma compartida”, y a
través de la ejecución de proyectos conjuntos la ciudadanía descubriría las
bondades de la integración. De otro lado, recoge la propuesta de regiones
piloto que el presidente García planteó al iniciar su mandato, pero que como
tantos anuncios de nuestro Presidente quedó en nada, ya que no se promovió
ninguna reforma legal en ese sentido, y que ahora se busca reactivar tanto
para el caso de Amazonas y San Martín, como para la recientemente anunciada
Ancash, Huánuco y Ucayali.
Pero también el Primer Ministro se ha comprometido a elaborar el ya
mencionado Plan Nacional de Regionalización, el cual deberá plantear
diversas posibilidades “que le muestren a su población y autoridades los
beneficios y riesgos para el desarrollo regional de cada una de las
alternativas, a fin de informar y orientar sus decisiones futuras de
integración regional”. Y ciertamente con todo el aprecio y respeto que le
tenemos al Primer Ministro lo que queda claro es que –a pesar de su vocación
descentralista– no tiene muy claro hacia dónde dirigir el proceso de
regionalización.
En conclusión es fundamental entender el proceso de regionalización como un
proceso a largo plazo, en el que las reformas apunten a revertir los altos
incentivos para la fragmentación política y territorial en la que vivimos, y
entender que cualquier propuesta de transformación tendrá que partir de un
consenso entre los diversos sectores interesados, ya que si continuamos
construyendo propuestas que únicamente provengan del centro del poder estas
solo generaran una enorme desconfianza en la mayoría de peruanos y peruanas.
Publicado en
SER (Asociación Servicios Educativos
Rurales) el 12 de noviembre de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 123 el
19 de
noviembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |