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E. Gudynas es analista de información en D3E
(Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
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¿Existe un sitio desde el cuál se pueda mirar lo que sucede en el mundo? ¿Es
posible identificar un centro de la globalización? Este tipo de preguntas me
asaltan una y otra vez después de leer distintos análisis sobre la
globalización. Por ejemplo, el analista británico Timothy Garton Ash
sostiene que hay un lugar privilegiado, un mirador desde donde todo se puede
ver: el Foro Económico de Davos. Este historiador considera que sólo la Luna
es un lugar mejor, pero una vez dentro de nuestro planeta, Davos “ofrece una
instantánea como ninguna otra de los problemas y las oportunidades
existentes en el mundo vistos desde la cumbre”.
La reunión de jefes de Estado y ricos empresarios en la localidad suiza de
Davos sería una nueva Roma, donde todos los caminos conducen a ella, y desde
allí se controla lo que sucede en el mundo conocido. Lo que se encuentra por
fuera de ese espacio sería irrelevante para la marcha de la sociedad.
Seguramente los romanos pensaban de esa manera, y otro tanto supongo que
debería ocurrir con los emperadores chinos en Beijing o con el papel de
Cusco en el Imperio Inca.
Garton Ash sustenta esa importancia de Davos en entender a la globalización
como un proceso esencialmente económico, y en ese campo los actores
privilegiados son las grandes empresas. Sin embargo, ese analista reconoce
que en la actualidad el poder se encuentra más repartido, en un sentido
“vertical” así como “horizontal”. Estados Unidos, y en especial la Casa
Blanca, ha dejado de ser el centro del mundo, y ahora se han sumado nuevos
procesos y actores que condicionan y redefinen las capacidades de los
Estados a nivel global, tales como las empresas, las agencias
internacionales, las redes terroristas y los movimientos sociales. Pero de
todos modos, según Garton Ash, los grandes jugadores en esta partida serían
las empresas, sus ejecutivos. El analista agrega que “nadie –con la posible
excepción del secretario general de la ONU– tiene una perspectiva más de
conjunto” que las grandes empresas.
Habría que preguntarse si esta es una posición adecuada, y en particular si
lo es para América Latina. Es cierto que muchas de las decisiones que toman
las empresas que se reúnen en Davos generan efectos globales que impactan
sobre América Latina (como por ejemplo las alzas y bajas en los precios de
los energéticos o los minerales). Pero me pregunto si no es igualmente
enriquecedor “observar” la globalización desde otros “miradores”. Por
ejemplo, alguna de las grandes ciudades latinoamericanas.
Algunos afirmarán que hoy por hoy el mejor lugar sería La Paz, en Bolivia,
Quito en Ecuador, o especialmente Caracas en Venezuela, porque allí se
estaría enfrentando el orden global actual. Otros insistirán en que el
“verdadero” mirador aparece en las múltiples voces que se dan cita en el
Foro Social Mundial, el último de los cuales se celebró en Kenia.
Precisamente esos foros se iniciaron como contracara al encuentro en Davos,
ofreciendo un lugar de encuentro y expresión a la sociedad civil.
Pero es difícil asegurar que esos sean los lugares más adecuados, ya que
incluso en la villa más pequeña o el pueblo más apartado, también nos
involucramos de una u otra manera a la globalización. Los campesinos de la
sierra peruana, o los indígenas de la Amazonia ecuatoriana, también tienen
su mirada sobre el mundo, y reconocen perfectamente muchos de los impactos
de la globalización. Allí se encuentran aspectos de la globalización que
nunca se expresarían en los discursos empresariales de Davos, y por lo tanto
encierran otras aristas de una situación que es mucho más compleja y que
trasciende el plano económico.
La pretensión de un lugar privilegiado para observar todo el planeta, y
ubicarlo precisamente en Europa, tiene además una cierta petulancia heredera
de la larga historia colonial europea. Desde el Renacimiento el mundo era
ordenado y repartido desde Madrid o Lisboa, y después desde Londres o París.
Más allá de problemas, la insistencia en buscar un centro, o unos pocos
centros, en la globalización, expresa una convicción profundamente
arraigada. América Latina vive una relación ambivalente con esas nociones,
ya que por un lado reclama su protagonismo y por lo tanto ataca la idea de
un mirador universal, pero por otro lado buena parte de sus cuestionamientos
sobre la globalización se basan en denunciar la existencia de un centro
desde donde se originan todos los problemas. En unos momentos ese centro se
encuentra en la Casa Blanca, en otras ocasiones son las reuniones del Banco
Mundial y el FMI, y al menos una vez por año se lo encuentra en Davos.
A mi modo de ver no existe un centro de la globalización, ni un balcón desde
donde se puedan ver todos los acontecimientos globales. Esto no quiere decir
que el Foro Económico de Davos sea irrelevante, sino que por cierto es muy
importante debido a que algunos de sus participantes toman decisiones claves
en los vaivenes de la globalización económica. Pero esos empresarios también
se reúnen en otros foros a lo largo del año, y otros actores sociales
también intervienen en esos vaivenes globales.
La noción de mirador privilegiado también es insustentable debido a que la
globalización no puede ser reducida a su dimensión económica. En efecto, los
procesos globales también encierran cambios políticos, culturales,
ambientales y sociales. Así como unos sostienen que la globalización
económica se origina en el Foro de Davos, otros dirán que la mundialización
cultural se inicia en Hollywood. Pero cualquiera de los dos albergan fuerzas
contrarias que se originan desde otros sitios, muchos de ellos en el sur.
Todas estas dimensiones de la globalización están superpuestas, y ellas
surgen desde los más diversos sitios, y generan impactos en múltiples
localidades.
Cada uno de nosotros se vincula a la globalización desde su propio lugar, y
esa geografía personal es la que marca la mirada que tenemos sobre el mundo.
Por lo tanto no existe algo así como el “mejor lugar” para observar la
globalización, ya que cada una de esas circunstancias genera sus propias
coordenadas, sus demandas y sus exigencias frente al mundo. Tampoco pueden
reducirse los abordajes analíticos a enfocar solo unos actores, como los
empresarios, o a un tipo de procesos, como sus decisiones sobre los flujos
de capital. Esto se debe a que otros protagonistas, como la sociedad civil,
también juegan roles claves en las cuestiones mundiales, y a su vez inciden
sobre toda clase de procesos internacionales (como por ejemplo, monitoreando
el papel de los bancos internacionales o exponiendo la corrupción
financiera).
Si es cierto que, como recuerda Wolfgang Sachs, la conciencia de nuestra
globalidad en realidad ocurrió cuando observamos las primeras fotos de la
Tierra tomadas desde el espacio, resulta claro que allí no hay un centro. En
la silueta del planeta, una esfera azul y blanca, todos están jugando un
papel en el mundo actual.
Garton Ash, T. “Davos muestra que el poder baraja y da de nuevo”. Clarín,
Buenos Aires, 28 de enero de 2007.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 34 el 7 de febrero
2007. Se permite la reproducción del artículo siempre
que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas
restricciones.
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