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Renato Bock es un economista brasileño.
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América Latina fue inventada a fines del siglo XV. ¿Alguien duda de ello?
Colón en 1492 y Cabral en 1500 habían traído el iluminismo europeo a la
tierra de alta mar. Ella ya había sido descubierta muchos años antes por los
indios que la habitaban, sin embargo el eurocentrismo, que ganó espacio en
la época de los “descubrimientos”, no respetó a nuestros indios ni siquiera
cuando acuñaron un término para definir cómo y por qué llegaron aquí.
A los ojos desconfiados y semicerrados de los latinoamericanos, el
descubrimiento efectivo de esa región geográfica data de aproximadamente
12000 años atrás. Excavaciones arqueológicas en Monte Verde, Chile,
encontraron indicios de vida humana de hasta 12500 años atrás. Se cree que
el hombre llegó a América pasando por el congelado Estrecho de Bering,
localizado en el área que hoy comprende a Alaska y Rusia. Como ellos pueden
haber demorado muchas centenas de años para llegar a Chile, se cree que el
hombre descubrió efectivamente al continente americano muchos años antes.
Cuando los portugueses y los españoles llegaron aquí, desde los esquimales
del norte de América del Norte a los habitantes de Tierra del Fuego al sur
de América del Sur, los amerindios habitaban los ambientes más variados,
pasando por la mata amazónica, por la cordillera de los Andes y por las
Islas del Caribe. También eran variadas sus culturas, contando con grupos de
cazadores, recolectores, sociedades agrícolas sedentarias y con alto grado
de complejidad social.
De esta forma, los europeos que nos disculpen, pero “descubrir” no es
exactamente el término para describir su llegada aquí. “Inventar” tal vez
sea una palabra mas adecuada, sin perder el charme de la novedad.
Fuimos inventados para satisfacer el ego y el ansia europea por nuevos
mercados. El espacio latinoamericano fue inventado para suplir a Europa de
metales preciosos y otros productos que fueron usurpados de aquí. Inventado
como resultado de investigaciones científicas que cumplieron el papel de
resolver problemas enfrentados por la sociedad europea de la época.
La palabra “descubrir” nos remite a un proceso mágico e históricamente con
faltantes de compromisos. Cuando hablamos del descubrimiento entendemos que
un noble ciudadano europeo gritó “¡tierra a la vista!” cuando pasaba sus
días en una escuadra salida de Portugal. No fue tan así. El vocablo
descubrimiento oculta un escenario político y socioeconómico de Europa, así
como un arduo proceso científico hasta que se llegase a la construcción de
equipos que, con resistencia y cierta precisión, les permitiesen tan lejanas
aventuras. La palabra descubrimiento esconde todo el proceso de desarrollo
del mercantilismo que dominaba a Europa. Además de eso, la palabra
descubrimiento tiene un sentido positivo en nuestra lengua. Descubrir algo
siempre es bueno y se refiere a encontrar algo por primera vez; nunca se
refiere a cualquier pérdida que pueda ocurrir en ese proceso. En el caso del
descubrimiento de América, y de Brasil en nuestro caso más específico, el
término “descubrimiento” deja de lado las consecuencias para los pueblos que
aquí vivían, que fueron catequizados, diseminados o esclavizados.
La historia, igual que las otras ciencias, es intencionada en sus registros.
Ella cita nombres y hace juicios de valor dependiendo de quien la utiliza.
El ejemplo más claro de la parcialidad de la historia es la llamada
“Expansión del Imperio Romano”. Expansión es un nombre creado por los que
tenían la historia en las manos para rotular su dominio por sobre los
pueblos conquistados. Sin embargo, cuando los pueblos dominados reunieron
fuerzas para recuperar sus tierras, la historia tuvo la osadía de
registrarlas como “invasiones bárbaras”. Así, la historia de nuestra América
Latina también fue registrada de modo de dejar oculto un conjunto de datos y
aspectos fundamentales para que hoy comprendiésemos mejor nuestra realidad
política, social y económica.
Antes de rendirnos a términos históricos y juicios sobre héroes y villanos
debemos, primero, tomar posesión de nuestra conciencia crítica y
preguntarnos: ¿quién escribió esa historia?
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 43 el 11 de abril
2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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