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Durante una semana la atención del mundo se centró en la ciudad alemana de
Heiligendamm, donde los líderes del G8 acudieron para tres días de
reuniones, debates y palmaditas en la espalda. A través de los cañones de
agua, nuestra atención se dirige también a la cercana ciudad de Rostock.
Allí se reúnen los manifestantes que han sido excluidos de dar sus opiniones
en Heiligendamm. Ellos y ellas tienen la esperanza de que su mensaje será
escuchado por los líderes mundiales ubicados a doce kilómetros y detrás de
una valla. La atención de la prensa mundial está puesta en estas dos
ciudades.
Pero
este panorama es incompleto. Muy poca atención se presta a una tercera
localidad: Kuhlungsborn. Este poblado, de unos siete mil habitantes, ve su
población duplicada durante la cumbre. ¿El motivo? Ser la sede del Centro
Internacional de Prensa.
La mayoría de los reporteros experimentados le prestan muy poca atención al
Centro de Prensa. Como una estudiante afiliada al University of Toronto’s G8
Research Group y haciendo mis primeras armas en una cumbre del G8, tengo la
rara oportunidad de echar una mirada al mundo de las cumbres internacionales
y al rol crucial que juega la prensa. Mientras me abro camino entre
comunicados de prensa y oportunidades fotográficas, me encuentro inmersa en
un bizarro mundo que no es inmune a los debates y discusiones que tienen
lugar en las otras dos ciudades.
El Centro de Prensa es una gran estructura tipo galpón que ha sido
construida especialmente para la cumbre. La planta baja aloja más de cien
cuartos para la televisión y la radio. Los 7500 metros cuadrados del primer
piso sirven para localizar filas y filas de mesas, computadoras,
televisores, y más de mil teléfonos. El piso se menea al ritmo de los
periodistas que transitan de un lado a otro. Aquí no hace falta estar en el
Mar Báltico para sentirse mareado.
Los salones están repletos de comida y bebidas, salmón con eneldo, carne
ahumada con pan de centeno. Nos complacen con frutillas, helados,
chocolates, champaña, y cerveza. Al entrar los periodistas son recibidos con
bolsitas de regalos, toallas playeras y frisbees. Los masajes están a
la orden todo el día, al igual que los tours culturales de la región.
Alemania
está gastando 92 millones de euros en la cumbre. La mayoría de los gastos
son para seguridad, no para la prensa. Sin embargo, como observadora
primeriza, me encuentro shockeada por la escala y lujo del Centro de Prensa.
Esto me lleva a pensar por qué a pesar de los enormes costos, problemas de
seguridad, y protestas violentas, los países aún bregan por ser huéspedes de
las cumbres del G8.
La cobertura mediática es vista como uno de los beneficios más prominentes
de recibir este evento. En un reporte sobre el impacto económico de recibir
la cumbre del G8 en Gleneagles, Escocia, se estimó que la cobertura
mediática durante la cumbre podía valorarse en más de 130 millones de
dólares. Además, los periodistas gastaron una suma superior a los 10
millones de dólares durante su estadía. Buena prensa también puede generar
turismo e inversiones. Escocia fue descrita como un buen lugar para vivir en
un 5% de los reportes de la cumbre del G8. Además, el reporte concluye que
la cumbre “generará nuevos impactos en el futuro, cuyo valor potencial no se
puede calcular”.
Este verano, la Asociación de Turismo de Mecklenburg-Vorpommern espera
obtener similares dividendos. Los hoteles locales esperan un incremento en
las ganancias de al menos 34 millones de dólares en los próximos días. La
presidenta de la asociación comentó que “no es común que tengamos la
oportunidad de convencer al mismo tiempo a tanta gente acerca de los méritos
de Mecklenburg-Vorpommern... La atención mediática, los mensajes y las
fotografías enviadas a todo el mundo son más valiosas que cualquier
presupuesto que pudiéramos pagar”.
Aquí sentada, con la champaña que fluye de un lado y los manifestantes del
otro, me encuentro en el centro de una batalla entre “sociedad civil” y
“gobierno”. La prensa es cortejada por ambas partes. Las organizaciones no
gubernamentales envían cataratas de comunicados de prensa y organizan
múltiples oportunidades fotográficas, los huéspedes del G8 se aseguran que
la prensa la pase muy bien.
Kuhlungsborn, huésped del Centro de Prensa, es un lugar donde importantes
decisiones serán tomadas. Algunos temas serán presentados por la prensa al
publico mundial, otros no. La prensa trabaja duro para ser objetiva. Pero
solo algunas voces serán escuchadas, y solo algunas imagines recorrerán el
mundo. Una mirada a los comunicados de prensa en mi mesa ilustra los
desafíos del mundo, el dilema que enfrenta la prensa y la carrera contra el
tiempo. Los temas van desde el cambio climático hasta el SIDA, pasando por
acceso a medicinas, piratería, biocombustibles, límite a las emisiones,
transparencia en los sectores minero, petrolero y del gas, comercio y
educación. Por lo general aquellos temas que reciben más atención son los
que luego reciben más acción. El proceso mediante el cual la prensa decide
qué cubrir es una de las luchas más importantes de la cumbre.
Durante la apertura del Centro de Prensa el martes 12 por la noche, música
en vivo y payasos entretenían a la multitud. En un momento los murmullos de
una protesta se colaban desde fuera. Adentro, los celulares comenzaron a
sonar y los rumores a desparramarse. En su apuro por llegar a la escena y
terminar sus cenas, los periodistas ofrecían a otros sus postres. “Por
favor, termina mi helado por Afrecha”, me dijo uno. Los helicópteros
sobrevolaron el centro de prensa y algunos manifestantes comenzaron a
colarse en la fiesta por medio de un túnel hecho desde la playa. La policía
secreta en sus trajes corría hacia el agua mientras filas y filas de
policías armados se hacían fuertes en las calles. La prensa tomó
fotografías, y por unos momentos la fiesta se detuvo.
La política es una campaña de prensa. En esta campaña los anfitriones del G8
quieren que la prensa la pase bien. Al hacerlo, se ganan reportes
favorables. Sentada en mi mesa me siento en un terra nullius, la
batalla entre sociedad civil y gobierno se refleja también en una batalla
interna. Mientras mis simpatías están con los manifestantes mi suntuosa
comida proviene de sus demonios.
Al final debemos optar, la prensa debe optar. No puede existir más terra
nullius. Al no cubrir la noticia del propio Centro de Prensa, la prensa
ignora la importante batalla librada en pro de la legitimidad y el control.
En la ciudad de Kuhlungsborn se tomarán importantes decisiones, algunas
serán mostradas al mundo, otras no.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 53 el 20 de junio de
2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
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