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La situación: El huracán Dean atraviesa la República Dominicana y a su paso
va destruyéndolo todo. Lo previsible en un huracán. Un chaval va y tiene la
desgracia de caer al mar. Un mar, obviamente, revuelto como nunca. Olas de
ni se sabe cuántos metros y una marejada de aúpa. El chaval se debate con
bravura durante un rato para intentar salvar la vida, pero se queda sin
fuerzas y, finalmente, muere.
Más: Hay un cretino con un teléfono móvil que lo graba todo en vídeo. El tío
lo cuelga en internet y toda la chusma se lanza a ver al pobre chaval
muriéndose. Es como en las pelis, pero de verdad. Aquí el tipo palma de
veras y eso, para qué negarlo, produce una punzada estimulante en la boca
del estómago. Como meterte un tiro gordo de farlopa, pero sin efectos
secundarios. Como ver una snuff-movie pero sin remordimientos de
conciencia. Da igual. El tío, al final, muere. Y nosotros hemos tenido la
suerte de verlo casi en directo.
Nosotros: una caterva de hijos de puta indecentes que disfruta viendo morir
a la gente, chusma infecta que ya no respeta ni la desgracia ajena. Va a
tener razón Elton John: cerramos internet y a tomar por culo. Si sirve para
esto, mejor dejarlo. Esto no es periodismo ciudadano, esto no es libertad de
expresión, esto no es nada por lo que merezca la pena mover un dedo.
El asco: Porque no se puede sentir otra cosa. Porque ahora ni luchar por tu
vida en intimidad puedes. Porque te mueres, que bastante desgracia es, y
encima, el resto del mundo lo disfruta tranquilamente en casa. Por si
estabas aburrido del porno. Por si habías hecho tope y nada te estimulaba
ya.
El chaval que se ha muerto se llamaba Daniel Setil. El cretino que grabó el
vídeo y lo puso en internet se llama Carlo Fernández. Final.
Publicado originalmente el 22 de agosto de 2007 en el blog Opinión & Divulgación del
sitio español Libro de Notas.
Reproducido en el
semanario
Peripecias Nº 63 el 29 de agosto de
2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y
educativos.
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