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C. Córdoba es colombiano, graduado en filosofía y
especialista en desarrollo regional.
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Los seguidores de la Formula Uno salieron de dudas sobre el
futuro del prestigioso equipo inglés esta semana cuando el “riguroso”
Consejo Mundial de la FIA (Federación Internacional de Automovilismo)
decidió expulsar al equipo de la temporada 2007 e imponerle una multa de 100
millones de dólares. Este castigo fue forzado por los medios, luego de una
primera sanción de la FIA que se limitaba a afirmar que McLaren había
violado el código de ética de la Formula Uno, decisión que por supuesto no
había dejado contento a nadie. El castigo no deja de ser paradójico, en
últimas no se indagó a fondo si McLaren utilizó la información robada a
Ferrari en el mejoramiento de sus bólidos, lo importante era no desatar un
escándalo mayor, dejar al ofendido tranquilo, no restarle emoción al
campeonato, ya que eso podría tener consecuencias publicitarias y por ende
económicas, y de paso recoger un poco más de dinero para los dueños del
campeonato. En últimas la conclusión: no importa lo que hagas, puedes robar,
plagiar, dañar, lo importante es que nadie se de cuenta, y si alguien se
entera lo importante es tener dinero para pagar a la justicia.
Un caso parecido, aunque mucho más grave, acaba de suceder
con la Empresa Chiquita Brands. La multinacional bananera financió durante
varios años a grupos paramilitares en Colombia. Los aportes de Chiquita a
las “causas” paramilitares llegaron a casi dos millones de dólares. Lo
paradójico en esta ocasión es que con este dinero los paramilitares
financiaron el asesinato de cientos de personas entre otros sindicalistas de
esta y otras empresas del país, sin embargo los ejecutivos de Chiquita
argumentaron que tuvieron que pagar la extorsión para “proteger la vida de
sus empleados”. El caso de Chiquita está lleno de peculiaridades en lo que
al férreo espíritu antiterrorista norteamericano se refiere. En abril de
2004 ejecutivos de la empresa sostuvieron una reunión con funcionarios del
Departamento de Estado donde entre otros se encontraba Michael Chertoff, hoy
Secretario de Seguridad Interna, quien ante la confesión de la empresa,
nunca les señaló que deberían dejar de hacer los pagos, nunca inició una
investigación o denuncia formal y sólo se limitó a decir que el caso era
grave y que luego hablaría con ellos.
El caso es que todos los males están hechos y los arreglos
benefician a otros. Con el dinero de Chiquita se financiaron cientos de
crímenes en Colombia. De ese comportamiento tuvo conocimiento el Gobierno de
los Estados Unidos desde abril de 2004 y nunca hizo nada. Gracias a estas
dos colaboraciones se logró que por ejemplo en el 2006 de 144 sindicalistas
asesinados en el mundo 78 hayan sido en Colombia. La decisión de continuar
en Colombia y de seguir haciendo los pagos no fue una imposición, fue el
resultado del viejo cálculo costo vs. beneficio, que saca rápidamente de
apuros a la ética empresarial moderna. Si sales ganando hazlo, no importa el
costo, parece ser el imperativo categórico empresarial. Por eso, salvo
contadas excepciones, los compromisos multinacionales por mejorar las
condiciones de vida de la gente, por luchar contra el calentamiento global,
por acabar la corrupción en lo público, no dejan de ser simulacros éticos
que se amoldan al imperativo de la ganancia.
Lo más importante para la FIA es que la Formula Uno siga
siendo la máquina de producción de dinero que es hoy, lo más importante para
Chiquita Brands y de suyo para las instituciones del gobierno norteamericano
que se enteraron del asunto, es que las ganancias de la empresa se
sostengan; a su vez lo más importante para el juez es que la empresa
entregue 25 millones de dólares, no a los familiares de las víctimas, ni
siquiera al gobierno colombiano, sino al sistema de justicia de los Estados
Unidos. Ningún ejecutivo será llamado a juicio y nuestros pintorescos
funcionarios de justicia en Colombia se quedarán esperando que el tratado de
extradición funcione en doble vía y así como les enviamos narcotraficantes y
guerrilleros, ellos nos manden ejecutivos patrocinadores de asesinos. Parece
que en Colombia hasta esos canjes están condenados a fracasar.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 66 el 19 de setiembre de 2007.
Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
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