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J. Fco. Zamorano Abramson es especialista en Psicología
comparada entre diversas especies y comportamiento e inteligencia
social de los Mamíferos Marinos, y profesor de Etología en diversas
universidades de Chile.
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Uno de los paradigmas más generalizados respecto a nuestra
concepción de los animales proviene de la visión experimentada por Rene
Descartes el 10 de noviembre de 1619. Descartes, que era creyente, afirmó
haberla recibido del “ángel de la verdad”. Su visión, la de un mundo de
apariencia mecánica gobernado enteramente por leyes universales escritas en
el lenguaje de las matemáticas, sin espontaneidad ni libertad inherente, dio
lugar a la teoría mecanicista de la naturaleza. De esta manera, a la
naturaleza se le extirpo el alma y con ello, los animales, las plantas y
también el cuerpo humano, pasaron a ser máquinas inanimadas. La única parte
del mundo material no enteramente mecánica del universo era una pequeña
región del cerebro humano, la glándula pineal, en la que la mente consciente
y racional del ser humano interactuaba de alguna manera con la maquinaria
del sistema nervioso. Anteriormente, el alma se hallaba en el cuerpo o el
cuerpo en el alma, pero a partir de este momento, el alma comenzó a existir
solo en el cerebro humano.
Esta visión de los animales carentes de alma, que atañó a
todo la naturaleza, fue el paradigma principal de la revolución científica
del siglo XVII y aun hoy día es compartida por gran parte de los científicos
modernos. Como consecuencia, los animales no poseen ya alma ni propósitos
propios y toda su conducta está sujeta únicamente a leyes mecánicas.
La gran paradoja etimológica es que la palabra animal deriva
de la palabra latina “animalis” que significa “lo que vive”, además de
“animus” que se traduce como “ser dotado de respiración o del soplo vital”,
también llamado “ánima”. Es decir, animal sería aquel ser dotado de ánima,
esto es, de alma. Esta palabra posee la misma raíz de la palabra “animar” la
cual significa energizar, llenar de respiración, de vitalidad.
Resulta significativo, además, el hecho de que la palabra
latina psyche del término griego psykhe, o psiche (el
aliento de vida) provienen del verbo psychein, que significa
“soplar”, por lo que el término significa soplo, aliento, ánimo (alma). Los
griegos creían que en el instante de morir un ser humano exhalaba su último
aliento, y éste abandonaba los restos corporales volando en forma de
mariposa, de ahí la representación en la mitología de la diosa Psiquis como
una adolescente con alas de mariposa. Esta relación entre soplar y espíritu
aparece ya en La Biblia, en la que encontramos varias referencias al
“espíritu” de Dios en forma de aliento o soplo. Por ejemplo, en el Génesis
se menciona que Dios le dio la vida a Adán soplando, traspasándole su
aliento, su ánimo, su espíritu. En la actualidad, cuando alguien muere, se
dice que “expira”, que exhala su último aliento, que deja ir el alma.
La Psicología (estudio de la psykhe) sería, por
tanto, etimológicamente hablando,“el estudio del alma”, la “ciencia del
alma”, y si animal significa “el que tiene alma” entonces la Psicología es
el estudio del alma en los seres “animados” es decir el estudio de la
“Psiquis o alma de los animales”, humanos y no humanos.
Relacionado con el significado de alma se encuentra la
palabra “espíritu”, la cual procede del latín spiritus (soplo, aire
respirado, aliento), del verbo spirare (spiratus), que significa
“soplar el viento”, y por extensión metafórica, respirar, alentar, suspirar,
exhalar. Lo que en griego se denominaba pnéuma.
Y siguiendo con las paradojas, la palabra “Biología”, la
cual proviene del griego bio (vida) y logía (ciencia) y que
originalmente hacía referencia a la vida como “historia o desarrollo
espiritual” se utiliza hoy en día solamente para el estudio de la vida
orgánica y principalmente desde una visión reduccionista y mecanicista,
quedando y manteniéndose completamente separada del estudio del espíritu (o
alma, según hemos señalado). El ejemplo original lo tenemos en la palabra
“biografía”, que no se refiere a la vida orgánica, sino a la historia. La
vida orgánica, por el contrario, era designada por la palabra griega zoé,
(zôon) referida a la vida animal, vida animada, con la cual se ha
construido la palabra zoología, limitada al reino animal.
En este punto y a modo de resumen, podemos llegar a las
siguientes equivalencias: soplo vital = aliento = alma = anima = animal /
Alma = psiquis = espíritu
Según el diccionario de la Real Academia Española, la
palabra animal significa: el ser orgánico que vive, siente y se mueve por
propio impulso. Esta definición nos remite a la presencia de sensaciones,
percepciones, necesidades, emociones e incluso sentimientos, la presencia de
una personalidad, de una “subjetividad”, una estructura que refleja el mundo
desde su propia determinación estructural, desde su propio sistema nervioso.
Por lo tanto, si el alma o ánima es la vida que existe y
fluye entre los seres animados (a diferencia de los inanimados), entonces
todos los animales estamos provistos de alma, ya que todos los animales
tenemos y compartimos un nivel de existencia “anímica”.
Obviamente la definición etimológica no es ni el único ni el
principal criterio a tomar en cuenta a la hora de realizar distinciones
entre lo que caracteriza a los seres vivos y objetos inanimados y a lo que
nos distingue del resto de las especies (si así fuera podríamos llegar a
decir decir que los “neumáticos” poseen un “alma espiritual”, ya que esta
palabra proviene del griego pneumaticos). Dicho esto, creo que
entender el origen de la palabra animal nos aporta un interesante “punto de
partida” para cuestionar algunas concepciones, que surgiendo con
posterioridad al origen de las palabras, han cambiado el verdadero sentido
de éstas llevándolas en algunos casos al polo opuesto de su significado
original. En la actualidad el mecanicismo cartesiano extirpó el alma a los
animales (los dotados de alma), y su enfoque reduccionista ha llevado a que
conceptos como alma o espíritu sean tabúes para la ciencia, al menos para
una parte muy importante de ella. ¿Debemos mantener la paradoja?.
Publicado en
Libro de Notas el 2 de octubre de 2007. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 68 el 3 de octubre de
2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y
educativos.
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