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José da Cruz es geógrafo y novelista, y analista en
CLAES D3E.
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Meses atrás comentábamos la futura aparición de un automóvil
muy barato, creación de la empresa india Tata Motors. Como un augurio del
nuevo año, y aprovechando el salón del automóvil de New Delhi, fue
presentado Tata Nano. El nombre no pertenece a un caudillo gaucho, sino que
apunta a describir el pequeño tamaño y la avanzada tecnología que, según el
fabricante, caracterizan al vehículo.
Seguramente los lectores lo han visto en la televisión o en
la prensa, pues parece la encarnación del sueño del auto propio sin el cual
nadie llegará al paraíso, como cantaba Leo Masliah. Ya lo había intentado la
Alemania nazi con el Volkswagen –“auto del pueblo”–, Henry Ford con su
modelo T y muchas otras marcas en distintas épocas y países. Por supuesto,
el Nano se presenta como “People’s Car”.
Mide tres metros, pesa 600 kilos y tiene un motor trasero a
nafta, de cuatro cilindros y 624 centímetros cúbicos, tamaño similar al del
veterano Fiat 600. Puede llevar a cuatro adultos y alcanza una velocidad
máxima de 100 kilómetros por hora. Lo más interesante es el precio: una
cifra mágica de 2 500 dólares, 100 000 rupias o mejor aún un lakh, la
unidad india para 100 000.
Es más barato que los miniautos de 500 centímetros cúbicos
autorizados en Europa con libreta de conductor de motociclo y 14 años de
edad; es muchísimo más barato que pequeños “autos en serio” chinos o
coreanos, o el lujoso y potente Smart, de Chrysler - Mercedes. Nano cuesta
la mitad de su competidor en el mercado interno, el Suzuki Maruti, producto
indio, japonés y de la General Motors. Si buscamos una equivalencia “hacia
abajo”, el precio es el doble de lo que vale una motocicleta de 100
centímetros cúbicos. En eso pensaron los ingenieros.
1 270 000
A pocos días de su presentación, esta cifra es el número de
páginas que devuelve Google cuando se pregunta por Tata Nano. Su
presentación es una noticia mundial, pues ese destacado objeto de deseo
llega más cerca de más bolsillos. Representa en el imaginario colectivo la
posibilidad de motorización de multitudes de bajos ingresos, es una
reafirmación nacionalista que da prensa a la India y aún puede verse como
una reivindicación de la periferia frente al centro.
Todo eso se menciona en blogs y comentarios, y basta dedicar
un par de horas a navegar por Internet para comprobarlo. Muchos
participantes europeos se ríen del autito, critican –con razón o no– su
fragilidad y bajas prestaciones y comparan el precio con lo que cuesta un
auto europeo usado, prefiriéndolo. Incluso, el diseño del frente del Nano se
asegura que copia la trasera del Ford Ka.
En la India, Tata cree que habrá demanda por un millón de
Nanos. La primera serie en producción será de 250 000. Estará en venta en
septiembre y en un futuro cercano se piensa en exportarlo a países de Asia,
África y América Latina. Por ahora se dirige a un mercado de mil millones de
personas de las cuales 50 millones tienen buenos ingresos o son
decididamente ricos o muy ricos, es decir, un mercado equivalente al de un
país europeo grande.
¿Es para todos?
Si bien 100 000 rupias son 62 000 pesos uruguayos, el Nano
es inalcanzable para la gran mayoría. El salario promedio indio es más bajo
que el nuestro y 100 000 rupias suman cerca de tres años de un ingreso
normal. Dice la empresa que ellos apuntan a los clientes que cambian sus
motos por autos. En el período 2006 – 2007 se vendieron siete millones de
motocicletas y un millón de autos, y el mercado parece no tener techo en la
medida en que India crece económicamente.
El revuelo causado por el Nano tiene también otra fuerza
impulsora: si los planes de Tata resultan efectivos en la práctica, este
automóvil será la punta de lanza de una invasión global de autos de muy bajo
precio. Otros fabricantes habían considerado que vender un auto nuevo a 2
500 dólares era utópico, pero ahora se enfrentan a la nueva realidad. La
competidora Bajaj Auto, Renault y Nissan comenzaron a pensar en un producto
de 3 000 dólares; Ford anunció que construirá un vehículo similar en India
dentro de un par de años; Volkswagen, Toyota, Honda y Fiat ven un futuro
para este mercado, y se preparan...
¿Revolución o desastre?
Tata sostiene que el Nano cambiará el panorama del tránsito,
pues las familias cuyos miembros, hoy, viajan todos juntos en una moto,
dispondrán de mucha más seguridad. Informa también que se producirá en tres
o cuatro plantas, y una sola, Singur en el estado de Bengala, dicen que dará
empleo a 10 000 personas. En febrero de 2006 se produjeron violentas
protestas de agricultores locales, expulsados de sus terrenos agrícolas de
alta calidad necesarios para la expansión de esta fábrica. Según el
gobierno, los agricultores recibieron compensación.
Desde el ambientalismo se teme una motorización masiva con
la correspondiente polución. Así se hace notar por las mismas agencias de
prensa que nunca tienen nada que reprochar cuando cada año aparecen
cataratas de nuevos modelos de autos de los fabricantes de la “Europa
expandida”, término que sugiere Immanuel Wallerstein para englobar a los
países ricos.
El indio R.K. Pachauri, presidente del Panel
Intergubernamental sobre Cambio Climático, dice que un auto de ese precio
“le da pesadillas”. Otros expertos dudan de que un vehículo tan barato pueda
cumplir con las normas de seguridad y de emisiones. A pesar de que consumirá
cinco litros cada cien kilómetros, hay quien teme que el Nano aumente la
dependencia petrolera de la India en tiempos del barril a 100 dólares. Los
defensores dicen que la motorización, la polución, el consumo de petróleo y
las congestiones en las calles aumentarán, con o sin el Nano...
Una gran pregunta sigue planteada: ¿es posible el
automovilismo de masas? ¿No topamos con barreras fisicas, reales, concretas?
Los opinadores oficiales se asustan por la demanda asiática de energía y
acero y las críticas tienen hedor a defensa de los privilegios de siempre.
Nadie habla de que el automovilismo desde su nacimiento fue un lujo
costosísimo, y su expansión durante un siglo nos ha llevado a la realidad
conflictiva y caótica que nos rodea. Aparte del gasto gigantesco de energía
y materias primas, el auto individual expande la necesidad de espacio físico
de cada habitante.
Nada indica que la motorización decrezca sino todo lo
contrario, y en un mundo polarizado también la motorización se polariza. De
este modo, la misma Tata Motors, a la vez que lanza el Nano, negocia con
Ford Motor Co la compra de dos de sus marcas de lujo: Jaguar y Land Rover.
No es un signo sin importancia.
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• Un auto norteamericano tradicional ocupa unos doce metros
cuadrados de superficie; el Nano, menos de la mitad. El estacionamiento de
un gran supermercado significa entre media y una manzana (hectárea) de
terreno.
• Un millón de vehículos necesitan la pavimentación de 20
000 hectáreas de tierras agrícolas y reduce en 80 000 toneladas la
producción de granos.
• EEUU produce 17 millones de vehículos por año.
• Un kilómetro de supercarretera ocupa dos hectáreas y
media.
• Más de un vehículo cada dos habitantes: EEUU, Luxemburgo,
Malasia, Australia, Malta, Italia, Canadá, Nueva Zelanda, Austria, Alemania,
Japón.
• Alrededor de un vehículo cada diez habitantes: Ucrania,
Panamá, Chile, Mauritius, Argelia, Jamaica, Brasil. (Uruguay y Argentina
tienen uno cada seis personas).
• Menos de un vehículo cada cien habitantes: Sierra Leona,
Belice, Nepal, Pakistán, Camerún, Burma, Guinea, Angola, Sudán.
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Publicado en el semanario
Peripecias Nº 81 el 16 de enero de 2008.
Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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