Peripecias Nº 81 - 16 de enero de 2008

MUNDO

 

 

No alcanzan a ser terroristas

 

Felipe Trigo

 

 

F. Trigo, colombiano, es analista en temas de política y sociedad.

 

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El terrorismo, como las bacterias virales, está en todas partes.

Hay una diseminación mundial del terrorismo,

que es como la sombra de todo sistema de dominación.

Jean Baudrillard

 

Los recientes eventos mediáticos relacionados con la exigencia hecha por el presidente de Venezuela de retirar el calificativo de terroristas a las FARC y el ELN y otorgarles estatus político y de beligerancia, deben llamar la atención de los analistas políticos no tanto por la discusión a favor o en contra, sino por la facilidad con la cual se ha construido el “concepto” de terrorismo en nuestros discursos. Como bien lo señalo Jacques Derrida en una entrevista sobre los sucesos del 11 de septiembre, el terrorismo terminó convirtiéndose en un deíctico, un señalamiento que se convierte por sí en un juicio y que anula de paso cualquier posibilidad de interpretación, incluso una interpretación política como pretenden serlo los discursos humanitarios.

 

Sorprende entonces la moralidad con la que se quiere seguir dando la discusión (para que ese no sea el rasero de evaluación de estas notas, de entrada aclaro que no me pongo en ninguna de las dos posiciones radicales que han expresado el presidente de Venezuela y los comunicados de prensa del presidente de Colombia), las posibilidades de interpretación política del fenómeno del terrorismo también se cierran entonces por el velo de la lucha entre el bien y el mal.

 

Como si fuera poco se acude a los juicios que desde los tribunales y autoridades internacionales se pueden hacer (Departamento de Estado, Unión Europea, el ecuménico juez Garzón), a las normas vigentes (tanto a las leyes vigentes en Colombia como al DIH) y a la desprevenida opinión pública (señor conductor de bus, ama de casa, vendedor ambulante, ¿está de acuerdo con levantarle el estatus de terrorismo a las FARC?), que es una desfachatez levantar ese calificativo. ¿Calificativo de qué? ¿Qué significa ser terrorista? ¿Defendiendo qué y en contra de qué se es terrorista? ¿Ser terrorista es una categoría ontológica, un estatus político, una condición humana, el nuevo calificativo que deben tener los malos? No entender qué es lo que se caracteriza o califica cuando se habla del terrorismo o estar en desacuerdo con la ligereza del calificativo, ¿es ser terrorista? ¿Se puede dejar de ser terrorista? ¿Quién lo define? ¿Se puede ser terrorista en un sitio y en otro no?

 

Todo esto suena un poco a “El traje nuevo del emperador” de Andersen, sin saber exactamente qué es o cómo es, todo el mundo por miedo al ridículo de la ignorancia o por temor al desacuerdo terminan aceptando algún traje invisible para el término terrorismo.

 

¿Son las FARC terroristas? Tal vez políticamente no alcancen a serlo. ¿Afirmar que las FARC son terroristas cierra políticamente la discusión y da por entendido que simplemente son los malos y ya? Claro que no, allí está la miopía de la utilización del término.

 

Buena parte del problema de la utilización del término terrorismo es que su uso se despega de la política y pretende ser un extraño híbrido entre la moral, lo penal y el derecho internacional, nadie sabe exactamente qué es el terrorismo pero para la mayoría está claro que este no es un calificativo halagador.

 

Un intento de definición, que no voy a hacer, tendría que llevarnos por lo menos a una interpretación etimológica (dominación por el terror), a varias interpretaciones históricas (tal vez su origen sea en la revolución francesa, pero si nos atenemos a la definición etimológica podemos rastrear conductas terroristas muchos siglos hacia atrás), a varias interpretaciones jurídicas (muchas en los códigos de cada país, otras en estatutos internacionales), varias definiciones militares (actos violentos que generan terror, etc.) y un muy amplio abanico de interpretaciones políticas. Luego deberíamos ver las clases de terrorismo (selectivo, focalizado, sistemático), su ámbito de acción (local, nacional, internacional) y tal vez una lista adicional de características y precisiones que se podría hacer muy larga. Incluso uno de esos caminos nos podría llevar a toda la discusión sobre terrorismo de Estado.

 

Vamos a evadir este camino y afirmar simplemente los dos sentidos que podría tener hoy el terrorismo en esta discusión. En primer lugar el terrorismo aparece como la intolerancia, la imposibilidad de soportar un poder político o un orden hegemónico. Sin importar de qué lado se está ejerciendo el poder, sin importar quién o desde dónde se impone el orden hegemónico, el terrorismo sería la forma de manifestación, de lucha contra esa potencia, y es correlacional a su poder y tamaño. Tal como lo afirma Baudrillard “De manera muy lógica e inexorablemente el incremento aluvional de la potencia incrementa la voluntad de destruirla”. En ese orden de ideas habría que preguntarse si en verdad las FARC están dando la guerra por su imposibilidad de soportar un poder político hegemónico y, si es así, cuál es el poder que no soportan y qué pondrían en su reemplazo. ¿Es la misma lucha de hace treinta años? ¿Han entendido las variaciones de la dinámica del capitalismo y el funcionamiento de su axiomática? A su vez habría que preguntarle al gobierno si en verdad cree tener un poder hegemónico (por encima de los gremios y de las multinacionales por ejemplo) y si su deseo (y capacidad) es imponerlo en los extensos territorios hoy dominados militar y políticamente por la FARC. Si la respuesta es sí de parte y parte, ¡eureka! Tenemos terrorismo, si la respuesta es no, como creo, las dos partes ni siquiera han entendido porqué están dando la guerra, crean hechos de guerra para mantenerse en una realidad virtual donde cada uno tiene una versión moralista del otro. Los dos han abandonado la política y la guerra no ha sido su continuación sino su anulación.

 

Segunda opción, el Estado pareciera gozar de la utilización del calificativo y a las FARC pareciera dolerle mucho la “injusta” apreciación internacional que se tiene de ellos. A la vez el gobierno se muestra indignado cuando aparece alguna simpatía internacional y vuelve a recalcar que son terroristas porque secuestran, matan, destruyen la infraestructura, etc. La intención del gobierno es que el terrorismo, en tanto deíctico, se desprende de cualquier interpretación política y anule una definición más amplia del fenómeno calificado. La intención de las FARC es intentar convencer con el discurso de que se es una cosa (un grupo político beligerante) mientras que en los hechos cada día corresponde más a las descripciones internacionales. Es decir, hay una lucha de imaginarios que no gana ni pierde ninguna de las dos partes: el gobierno seguirá calificando a las FARC de terroristas, las FARC seguirán cayendo dentro de la caracterización que el gobierno hace de terrorismo pero negarán serlo. El discurso llevará consigo mutuas acusaciones y al final nuevamente la guerra, esta vez de comunicados de prensa, negará una vez más la posibilidad de la política. Nosotros seguiremos pensado que algunos deben ser los buenos y otros los malos.

 

En conclusión, considero que el escándalo desatado por el presidente de Venezuela debería servir para reflexionar sobre la necesidad de desmoralizar la discusión, pensar en la fertilidad política que podría tener el término terrorismo, ir más allá del señalamiento por un lado y por supuesto en la urgencia de contemporizar la forma de resistencia contra las hegemonías, para lo cual no sería malo entender un poco más como funcionan. La discusión política siempre tiene salidas y hoy, antes que seguir dando la discusión de buenos y malos, tenemos el imperativo ético de que las más de 700 personas secuestradas puedan rehacer sus vidas en libertad, ese fin sí justifica muchos medios políticos. Incluso si al final unos se reafirman como terroristas y los otros como representantes del Estado, se puede dialogar. Hoy no hay una disculpa racional para no hacerlo.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 81 el 16 de enero de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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