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José da Cruz es geógrafo y novelista, y analista en
CLAES D3E.
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Una idea vieja, conocida y aplicada en muchos países es la
construcción de edificios en base a contenedores. Actualmente se está
desarrollando en una nueva dirección: contenedores sí, pero hechos a medida.
Racionalización y estandarización han sido silenciosos
motores del avance globalizador. Aún quedan importantes barreras, como la
competencia entre los sistemas de medidas decimal y de pulgadas, pero las
negociaciones de estandarización son permanentes y tratan de la imposición
de normas para todo, desde el tamaño de las hojas de papel, la sensibilidad
de las películas fotográficas, los aparatos eléctricos o las normas ISO de
gestión, de manejo ambiental y mucho más. Otro paso, largo pero inevitable,
es la racionalización de las monedas como ha sucedido con el euro por
acuerdo y el dólar por la vía de los hechos.
La racionalización de los transportes puede ser simbolizada
por el contenedor: es el módulo para diseñar grúas, barcos y muelles en todo
el mundo, desde el pequeño puerto fluvial de Paysandú hasta el de Hamburgo.
Aparte de la incomparable ventaja económica de la permutabilidad, las series
de objetos iguales y uniformes parecen tener una atracción mágica sobre los
sentidos. Es un tema para ensayistas, no para una crónica sobre técnica y
civilización como ésta, diríamos recordando a Mumford, pero producción
industrial y formaciones homogéneas son hermanas gemelas. La construcción de
edificios no se ha apartado de este camino.
A lo largo del siglo pasado surgieron sistemas de
racionalización modular de viviendas y las piezas de hierro, madera o de
hormigón premoldeado se hicieron componentes habituales de cuanto proyecto
de construcción masiva vio la luz. Era cosa de tiempo que un gran cajón
universal –¿qué otra cosa es un contenedor?– se utilizara como habitáculo.
Así, oficinas provisorias, depósitos o casas de emergencia se instalaron en
contenedores. Lo que parecía el hallazgo del eslabón perdido para la
fabricación industrial de casas chocó con la falta de entusiasmo de los
consumidores y la renuencia de las instituciones de crédito. Los
contenedores quedaron principalmente como alojamientos ocasionales.
Sin embargo hay otros alojamientos ocasionales como los
hoteles, y Travelodge de Inglaterra ha comenzado a construir hoteles de
contenedores. Esta empresa fue fundada en 1985 y está asociada a una cadena
mundial de 140 000 hoteles. Después de varias fusiones empresariales
pertenece hoy a capitales de Dubai y su área de operaciones cubre Irlanda,
el Reino Unido y España. Con una idea de servicio mínimo sigue el modelo de
las líneas aéreas y el 85 por ciento de las reservas se hacen vía Internet.
Una noche cuesta entre 20 y 35 euros.
El primer hotel de contenedores se está levantando en
Uxbridge, un suburbio a 24 kilómetros del centro de Londres, unido por el
subterráneo. Tendrá 120 habitaciones en ocho plantas y estará listo para el
próximo verano europeo. El sistema de construcción fue patentado y se basa
en contenedores de transporte modificados, fijos con bulones especiales a
una estructura de vigas de acero. Las medidas de un contenedor son de 6
metros de largo por 2,35 o de 12 por 2,35, lo que da una superficie de 14 o
de 28 metros cuadrados. El espacio de 14 metros es el de una habitación
pequeña, pero no mínima.
Travelodge señala que una vez que los contenedores sean
revestidos y amoblados, nadie notará diferencias con la construcción
tradicional. La obra resultará 10 por ciento más barata y 25 por ciento más
rápida. El ahorro potencial calculado es de 14 millones de euros al año y la
empresa aspira a construir 670 hoteles en los tres países antes de 2020.
China, siempre China
En el mundo actual sería extraño si China quedase fuera de
un negocio. Puesto que es el mayor productor mundial de contenedores, con 1
600 000 unidades anuales, empresas chinas se encargan de transformar los
contenedores de transporte en habitaciones hoteleras modulares.
Una habitación de 2,35 de ancho puede funcionar en un hotel,
pero esa medida complica la utilización de una vivienda. Para superar el
inconveniente, otra empresa inglesa patentó el sistema Verbus, también con
tecnología china. Se trata de contenedores especiales con un ancho estándar
de 3,60 metros y longitudes de entre 6 metros y hasta 13,70.
A cargo de la construcción está una de las 20 fábricas del
consorcio China International Marine Container Co. Ltd. que cuenta con 50
compañías subsidiarias y 50 000 empleados. Esta fábrica queda en Xinhui,
ciudad cercana al gran centro industrial de Guangzhou, en el sur. Los
contenedores de Verbus salen de Xinhui con un recubrimiento atornillado de
madera terciada, ya que ese producto también se fabrica en el lugar. Desde
el comienzo de la producción hasta que la primera casa quedó lista pasaron
solo nueve semanas, tres de ellas para el transporte.
El producto en bruto

La casa terminada

Información y fotografías
tomadas de Building
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 84 el 13 de febrero de 2008.
Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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