Peripecias Nº 88 - 12 de marzo de 2008

MUNDO

 

 

La ciencia y la última verdad

 

 

Salvador Ruíz Fargueta

 

 

 

S.  Ruiz Fargueta es ingeniero técnico y físico..

 

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El otro día una periodista le preguntaba a un eminente biólogo sobre cómo entendía una frase atribuida a Louis Pasteur: "Un poco de ciencia nos aleja de Dios y mucha ciencia nos acerca a Él”. El científico le contestó, pero no en los términos en que, creo, se refería Pasteur. Creo que él se refería a que la ciencia con un enfoque reduccionista, como conocimiento estanco sin conexión con el resto del conocimiento (“un poco de ciencia”) se queda en la superficie, nos aleja de las causas últimas y por tanto de Dios, pero cuando ahondamos en todas las maravillas, en toda la belleza que encierran las leyes que rigen este universo y sus conexiones aparece una humildad que nos ayuda a acercarnos a Dios.

 

Muchos de los grandes científicos, aunque no fueran religiosos, han experimentado esa cercanía de Dios, esa grandeza que sólo se intuye pero no se abarca (ver Los físicos y la metafísica). Lo he observado en físicos, en matemáticos, en entomólogos o en bacteriólogos. Recuerdo un artículo en el que un gran científico que se había pasado la vida estudiando las infecciones bacterianas se rendía ante la “inteligencia” de las bacterias, sí, he dicho bien, “la inteligencia” con que las bacterias logran burlar todos nuestros métodos para aniquilarlas.

 

Conforme profundizamos en cualquier aspecto científico, sea matemático, físico, o de cualquier otra índole, se observan múltiples conexiones que antes se ignoraban. Los grandes retos matemáticos, como el teorema de Fermat o la conjetura de Goldbach, aparecen como un determinado problema sobre potencias o sobre números primos y acaban involucrando las áreas más dispares de las matemáticas y haciéndolas avanzar por los caminos más inesperados.

 

Los grandes protagonistas de las ciencias, a menudo, trabajan con metáforas, recurso procedente de conocimiento general aplicado a cuestiones científicas particulares. En el caso de Niels Bohr, por ejemplo, sacó su poderosa idea de la complementariedad, en mecánica cuántica, de las llamadas imágenes “metamórficas” en las que puedes ver a la vez dos figuras diferentes según te fijes en su parte blanca o en su parte negra. Bohr siempre estuvo muy interesado por el arte y llegó a la conclusión de que, incluso, en la vida real y ciertamente en el ámbito de la física había que pensar en una especie de existencia simultánea de contrarios. Así pudo suponer que las partículas podían comportarse también como ondas y al contrario, que es lo que realmente ocurre con la luz y con los electrones, por ejemplo. Dependiendo de lo que tratemos de averiguar, y del experimento que diseñemos la luz será una partícula llamada fotón o el electrón una onda.

 

En el caso de Einstein, una de sus obsesiones temáticas era la unidad, la generalización, de tal manera que gracias a un esfuerzo de generalización Einstein pasó de la relatividad especial a la relatividad generalizada y de aquí a la teoría del campo unificado, la teoría del todo sobre la que se investiga, actualmente, en todas las universidades del mundo (supercuerdas, teoría M, supergravedad…) ¿ De dónde viene todo eso? Viene de las pasiones románticas de los filósofos y poetas del siglo XIX. Gente como Oersted ( descubrió el magnetismo que produce la corriente eléctrica) que era químico y filósofo querían la unificación, pensaban, como Kant les había enseñado, que en la ciencia todo podía explicarse en términos de una Grundkraft, una fuerza fundamental. La electricidad, el magnetismo, la gravitación…eran diferentes aspectos de una sola entidad fundamental…

 

La ciencia aborda en la actualidad cuestiones que no hace tanto eran consideradas puramente filosóficas: El espacio, el tiempo, el principio y el final del Universo, el propio origen de nuestra percepción y la conexión de ésta con el mundo objetivo, o incluso la propia cuestión de si existe ese mundo objetivo independiente del observador. La ciencia está dando un paso hacia el conocimiento más general y profundo, o como decía Pasteur: “...la mucha ciencia”. La unificación coherente, la conexión de las ramas del conocimiento parece el camino a seguir para alcanzar verdades cada vez más fundamentales, aunque todavía estamos lejos de la última verdad.

 

Publicado en Libro de Notas el 1º de marzo de  2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 88 el 12 de marzo de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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