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José da Cruz es geógrafo y novelista, y analista en
CLAES D3E.
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Allá por 1750, promediando el Siglo de las Luces, la
Academia de Ciencias de Francia mandó una misión a cargo del científico La
Condamine para hacer mediciones del ecuador terrestre inmediatamente al
norte de Quito, por supuesto. Con esa misión vinieron dos representantes de
la corona española, los oficiales de la Armada Real Jorge Juan Santacilia y
Antonio de Ulloa de la Torre Giral. Estos enviados publicaron a su regreso a
la metrópoli un grueso libro con observaciones sobre la realidad de este
lado del Atlántico, informe conocido como Noticias secretas de América.
Ha habido mucha confusión, adjudicándoseles un inexistente
parentesco de hermandad, pues los autores acostumbran ser citados como Jorge
Juan y Antonio de Ulloa, y Juan es tomado como un nombre propio y no como un
apellido. Curiosamente, en el volumen de unas 800 páginas nunca se menciona
a La Condamine ni a los trabajos de medición. El adjetivo "secretas" para
las noticias aportadas se debe a que los marinos también tenían el encargo
de hacer discretas observaciones, sin explícitos mandatos oficiales.
Recorrieron durante un par de años los países del Pacífico y
el tono de su informe fue que ninguna reglamentación era respetada, el
contrabando estaba a cargo de las mismas autoridades y la corrupción atacaba
a todos los niveles. La fuerza de trabajo de indios y esclavos era
suficiente para mantener en pie el podrido edificio colonial que no mucho
después se derrumbaría, en el que las autoridades eran pequeños déspotas con
fiebre de oro. Quien llegaba de España era contagiado de inmediato por el
ambiente de permisividad y estafa –si es que no traía el virus latente...
Copio una anécdota, simplemente como muestra.
"El caso más digno de notar, que sucedió en aquella
audiencia" –Quito– "sobre este particular, fue el que avino con un
sujeto en el seguimiento de un pleito, el cual estaba ya en tan mal estado
por la pasión con que los jueces se habían declarado a favor del contrario,
que tenía perdidas todas las esperanzas de conseguir en él nada favorable.
Viéndose, pues, en el extremo de perder una finca que la parte contraria le
tenía usurpada, y que no había medio para que los jueces le oyesen en
justicia, acordó hacer dejación de su derecho a favor de una señora, sobrina
de uno de los ministros" –jueces de la audiencia– "y habiendo hablado
con él le dio a entender que, mediante a no tener herederos forzosos,
determinaba, si ganaba el pleito, renunciar aquella finca" –una
hacienda– "a favor de su sobrina" –del juez–, "dotándola con ella
porque su ánimo no era otro que el de que no se mantuviese el contrario con
la usurpación de lo que no le pertenecía. Este ministro empezó a atenderlo
desde entonces, y a desimpresionar a los demás del mal concepto en que
estaban contra él" –el demandante– "de suerte que consiguió
inclinarlos a su favor y que ganase en vista y revista, y lo pusiesen en
posesión de la alhaja. Cuando lo estuvo, pasó a visitar al ministro que
había tomado por protector, y le dijo que lo perdonase si no cumplía su
palabra, porque estaba tan necesitado que no podía usar galanterías con lo
que hubiere menester para mantenerse y le pertenecía de derecho; que lo que
había ofrecido era únicamente para conseguir su fin, viendo que no había
otro medio con que apartarlos de la injusticia que pretendían hacer contra
él, pero que, a ley de agradecido, sabría gratificarle lo que había hecho
cuando la misma finca le usufructuase para ello, porque la cortedad de sus
posibles no se lo permitían por entonces. Con esto quedó en posesión de su
alhaja, no sin corto sentimiento de aquel ministro que, viéndose tan burlado
en las esperanzas, no dejó de hacer sus mayores esfuerzos para tomar
satisfacción del chasco".
Hay rasgos de nuestra realidad, de hoy y de ayer, que
parecen salidos de las páginas del Lazarillo de Tormes....
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 89 el 26 de marzo de 2008.
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