Peripecias Nº 92 - 16 de abril de 2008

MUNDO

 

 

Ética, cultura, identidad y desarrollo

 

Carlos Núñez Hurtado

 

 

C. Núñez Hurtado (1942-2008), educador popular mexicano.

 

 

SABER MÁS

"La revolución ética de Carlos Núñez", por Raúl Leis R. Leer ...

 

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En primer lugar, quiero agradecer muy sinceramente la invitación para participar en este importante evento que se ha ido convirtiendo en un referente obligado para todos(as) los comprometidos y los interesados en el estratégico tema de la relación entre Cultura y Desarrollo. Tuve la fortuna de participar en el anterior evento y puedo constatarlo. Gracias de nuevo por esta privilegiada oportunidad.

 

El tema que quiero desarrollar puede inscribirse quizá dentro del tema sugerido por del Congreso "El ser humano: gestor del desarrollo cultural". Y digo quizá, porque estrictamente hablando no enfocaré solamente el aspecto del desarrollo cultural; no al menos en el enfoque que percibo en la propia formulación y en el marco general de la temática del Congreso. Mi propuesta quiere establecer la relación entre los elementos señalados en el título de mi ponencia, que como se aprecia, habla del DESARROLLO en general, y no solo del "Desarrollo cultural". En ambos enfoques, sin duda, es el SER HUMANO el gestor –o no– del proceso de desarrollo y de los diferentes enfoques o tendencias que lo animan.

 

Efectivamente, la plataforma de mi planteamiento es muy sencilla: Si queremos retomar el rumbo de un VERDADERO DESARROLLO (integral, sustentable, justo, equitativo etc.), debemos contar con nuestra voluntad activa –en cuanto seres humanos de este planeta– para que, respetando nuestras legítimas y diversas expresiones culturales como naciones, como etnias, como grupos o comunidades, nos sumemos al urgente impulso y las tareas correspondientes que nos sean comunes, para orientar el proceso en ésta dirección... y no en la que actualmente nos conduce e impone el modelo neoliberal, depredador del medio ambiente, marginador de las mayorías empobrecidas, excluyente de las oportunidades de justicia y equidad para todos(as).

 

Para ello, debemos crear, desarrollar y/o impulsar una actitud y COMPROMISO ÉTICO acorde con éste objetivo, que proyectado en términos sociales –es decir, más allá de lo meramente individual– dé lugar a una IDENTIDAD CULTURAL que sea la plataforma desde la cual asumamos el compromiso por salvar nuestro planeta, afirmemos nuestros mejores valores, e impulsemos un modelo civilizatorio verdaderamente HUMANISTA.

 

De ahí el ambicioso título de mi intervención, pues no considero posible el logro de ideales y objetivos tan nobles como inaplazables, al margen del debate de las diferentes posiciones éticas bajo las cuales la humanidad se organiza y actúa, de la discusión a fondo sobre el concepto de desarrollo que queremos asumir, y de la indispensable creación y/o fortalecimiento de una conciencia sobre ello, todo ello sustentado en la requerida identidad militante para lograrlo, es decir: en la creación o el fortalecimiento de una verdadera Cultura "de y para" el Desarrollo Humano Sustentable.

 

Empecemos por analizar brevemente los diferentes conceptos aquí presentados, pues no cabe duda que muchas veces nos movemos con diferentes y hasta contradictorias posiciones, que bien vale la pena dilucidar. En el desarrollo de la ponencia, acudiré con frecuencia a mi reciente libro "La Revolución Ética", y con ello, a los(as) autores(as) que en él refiero para sustentar mejor las tesis ofrecidas.

 

La ética

 

No cabe duda que en los últimos años, el concepto mismo de "ética" y la preocupación por "lo ético" y por "los valores", ha ido tomando mayor relevancia. La convocatoria y el título mismo de este evento, nos lo confirman. Sin embargo, queremos evitar caer en una corriente que se caracteriza por asumir los retos que plantean nuevas intelecciones de nuestro proceso civilizatorio, como si se tratara solamente de "modas" pasajeras. No es posible asumir el debate sobre "lo ético" bajo éste enfoque. Estamos hablando de un elemento sustantivo del devenir humano de todos los tiempos, con manifestaciones histórico-culturales claramente diferenciadas en la formulación y aceptación social de las "normas morales de convivencia" que cada sociedad se va dando, va modificando, volviendo a aceptar y así, en un continuo proceso dialéctico, en el que la materialización de las correspondientes normas morales, tienen –curiosamente– los mismos principios éticos, podríamos decir, "esenciales".

 

Es claro que estamos señalando la diferencia entre "Moral" y "Ética", pues aunque tengan orígenes etimológicos muy similares (Ética, del griego ethos, cuyo significado básico es: costumbre, uso, manera de conducirse. Moral, del latín "mos", "moris", de idéntica significación) en el desarrollo histórico ha venido diferenciándose su verdadera significación, pues hoy, "la Ética estudia el problema del bien y del mal y el de la conducta humana, independientemente del conjunto de normas que de hecho rigen esa conducta en un momento dado; en cambio, la Moral se ocuparía del estudio de esas normas tal como ellas se expresan de hecho en las diferentes comunidades humanas" (Camacho, Luis, citado por el autor en "La Revolución Etica").

 

No es el caso abundar en estas consideraciones en una breve ponencia como ésta, pero sí queremos dejar claramente señalado lo anterior, pues su repercusión en el desarrollo de las actitudes y comportamientos necesarios para propiciar una nueva "cultura del desarrollo", tiene que ver con PRINCIPIOS, y no sólo con normas históricas, ya sea jurídicas o morales.

 

Normalmente, también es común entender "lo ético" como sinónimo de "bueno", Fladecuado", "correcto" etc.. Por ello, cada vez con mayor frecuencia escuchamos frases tales como: "Lo que pasa es que ya no hay ética", o "Tal persona, no tiene ética, o no es ético". Con frecuencia decimos "se ha perdido la ética", ante la escandalosa cantidad de hechos de abuso, injusticia, depredación, autoritarismo, engaño, violencia etc. con que cada día, ya no nos sorprenden las noticias. Pero no es exactamente así. Lo que se ha perdido o está en franco retroceso, es "esa" clase de ética a la que "normalmente" hacemos referencia al hablar de ética, es decir, la "Ética de la vida", la "Ética humanista" o como queramos llamarle a ese conjunto de principios y valores que expresan lo mejor de los ideales de la humanidad: La dignidad humana, la justicia, la verdad, el respeto, la tolerancia, la compasión, el amor etc. etc., independientemente de las particulares expresiones normativas que cada sociedad se da.

 

Pero de hecho existe otra ética, que se va volviendo hegemónica: Es la "ética del mercado", la "ética neoliberal": la de la competencia, el egoísmo, el abuso, el autoritarismo, la mentira, la violencia etc. La que vivimos y sufrimos a diario y a todos los niveles, a veces como víctimas y otras como cómplices (conscientes o no tanto) pero a la cual nos vamos acostumbrando. Aquella que nos permite ya no escandalizarnos ante el deterioro del medio ambiente, ante el asesinato político o los bombardeos "humanistas" que asesinan inocentes; o ante bloqueos que someten al Pueblo Cubano a grandes sacrificios y sufrimientos, sin lograr su ruin objetivo: doblegarlo. Es la ética que nos va haciendo vivir y sentir como "normales", tales aberraciones. Es la que ha ido instalando en las grandes mayorías, en pueblos enteros, la "Cultura de la Normalidad".

 

Y es justamente esa "cultura" con su sistema de valores, de actitudes, de códigos, de normas morales y jurídicas, de expresiones artísticas etc., la que va dando legitimidad a un modelo ideológico, económico y político que, a la vez que la impulsa, promueve y legítima, se vale de ella para seguir profundizando su propuesta depredadora y excluyente. Es la que va imponiendo un "modelo de desarrollo" de corte absolutamente economicista, al margen de las demás consideraciones que tienen que ver con la expresión humana plena. No estoy confundiéndome ni haciendo del concepto de "Cultura" un sinónimo vulgar de "ideología". Por ello, quisiera explorar un poco mi propio acercamiento al concepto de Cultura, no sin antes dejar bien claro que debemos reconocer que la ética neoliberal existe, tiene consistencia y se expresa en formas tan diversas como eficaces, haciendo de sus "principios" y de sus normas de comportamiento (explícitas o no ) verdaderas construcciones histórico-sociales de carácter cultural.

 

Lo cultural

 

Al igual que en relación a lo ético, con lo cultural suele haber también muy diferentes interpretaciones. Ya en el anterior evento que precedió a éste, expresé mi concepción de cultura bajo las siguientes premisas: No se puede (no se debe) "definir" la cultura, pues al hacerlo, la congelamos, la cercamos y matamos su característica principal, que es su dinamismo, su constante renovación, su construcción dialéctica día a día. Por eso, podemos –si acaso– ofrecer elementos para una conceptualización siempre viva e históricamente consecuente. Tampoco podemos hablar de "la" cultura, sino de las diferentes expresiones históricas y contextuales de lo cultural. Es decir, podemos hablar de "las culturas". Por último, siguiendo a Paulo Freire (nuestro inolvidable maestro que falleció hace dos años, justamente en la víspera de viajar a Cuba para asistir al anterior encuentro) decimos que entendemos "la Cultura como la forma en que el ser humano se relaciona con el mundo y con la naturaleza, para transformarla y en ese proceso de transformación se produce la cultura".

 

No podemos por tanto reducir lo cultural, a solamente aquello relacionado con el arte o las bellas artes. "Cultura es –decíamos hace dos años– costumbre, tecnología, alimentación, vestido; es forma de ser; es conocimiento empírico, medicina popular, medicina "científica", es vivienda, es padrón cultural de la misma; es forma de encarar el Habitat; son normas, costumbres, hábitos y valores; es la expresión de cómo la sociedad va desarrollando su relación con la naturaleza y con el medio y ahí, produce estos elementos y los códigos que la expresan. Cultura –así entendida– no es solo aquello referido a la parte expresiva de determinado modelo de desarrollo y su práctica histórica, es decir, los códigos que lo expresan: Música, lenguaje, vestido, pintura... expresiones artísticas en general, pues "estas son, al fin de cuentas, manifestaciones que expresan la percepción objetiva y subjetiva de los hombres y mujeres concretos", en épocas y circunstancias históricas, también concretas.

 

José Luis Rebellato, en su libro "La Encrucijada de la Etica", nos dice: "La cultura es un concepto complejo de no fácil definición. En forma aproximativa se puede decir que la cultura se encuentra en torno a relaciones sociales y redes comunicativas. Supone la conjunción de distintos elementos que conforman una visión del mundo, del entorno y de lo demás. Resulta inseparable del reconocimiento o la negación de las propias potencialidades. Es una matriz generadora de comportamientos, actitudes, valores, códigos de lenguaje, hábitos" (Rebellato, José Luis. "La encrucijada de la ética". Citado en "La Revolución Etica").

 

Identidad

 

Como apreciamos, la Cultura tiene que ver con "identidad, sentido de pertenencia... estamos hablando de un elemento substancial de nuestra posición y actitud ética "...Cultura es fundamentalmente identidad y pertenencia; es referencia hacia algo, es dotar de sentido y darle sentido a la vida" (Núñez, C. "La Revolución Etica" Op.Cit.).

 

Pero es "identidad" –obviamente– es también proceso, es construcción permanente, es dinamismo, es contradicción dialéctica y supone un proceso de construcción dentro de la diversidad cultural", como bien nos recuerda Giulio Girardi. La relación entre cultura, identidad y sentido de pertenencia, tiene como sustento la dimensión ética, porque ¿de donde, si no, habría de generarse el compromiso con lo que uno es, piensa y siente, sino de la identidad que se tenga con lo que uno cree, es decir, con sus valores, o lo que es lo mismo, con su POSICION ETICA frente a la vida y frente al mundo?

 

Y esto es particularmente importante de señalar en un momento histórico en el que se nos quiere hacer creer que todo lo que tenga que ver con "identidad" es obsoleto, dado que vivimos un mundo "globalizado" que, según nos quieren hacer creer, es el único posible. En este pensamiento "posmoderno" se encierra la trampa que atenta contra el sentido de identidad verdadero, pues no tendría porqué entrar en contradicción con el inevitable proceso civilizatorio de un mundo cada vez más "integrado". Actualmente vivimos la globalización en lo económico, es cierto pero al mismo tiempo vivimos y sufrimos la desintegración que produce ese "modelo de desarrollo neoliberal". Vivimos un mundo cada vez más separado, más marginado y más excluyente en relación con los supuestos beneficios que lo económico debería de generar –"globalmente"– para todos y todas. Paradójicamente, un modelo que propone la globalización, es decir, la integración, lo que realmente está generando es la desintegración, la polarización y la exclusión creciente.

 

Pero en este proceso de ideología "globalizante", es en el que se están dando con mayor fuerza –paradójicamente las expresiones polares de "un sentido de identidad", que a veces raya visto a la distancia– en lo absurdo. Tal es el caso de las luchas inter-étnicas de aquellos "pueblos-países" que durante mucho tiempo fueron "integrados" artificialmente bajo esquemas de fuerza, producto de negociaciones de la posguerra. El caso de la ex Unión Soviética y sus luchas intestinas, es claro ejemplo de lo anterior. O el caso de las luchas en los países Balcánicos.

 

Desde otra perspectiva muy diferente –pero con rasgos similares– la "cultura de la resistencia" de nuestros pueblos indígenas ha venido a expresarse con una fuerza de identidad y de reclamo ético impresionantes, a partir de la coyuntura de los 500 años. Desde Chiapas, el "Ya basta" de "los más humildes", de los más débiles y marginados, ha venido a conmocionar al mundo con su grito de reclamo y denuncia, es cierto, pero sobre todo, con su conmovedora capacidad de mostrarnos su fuerza de identidad y sentido de pertenencia... a pesar de quinientos años de exterminio e intento de aniquilamiento total.

 

Es paradójico, no cabe duda. A mayor "globalización", mayor sentido de identidad. Desde lo familiar, en lo espiritual, en la reivindicación de lo "micro", en la expresión de la búsqueda de lo comunitario, del respeto a las diferencias particulares etc. etc., la fuerza de la afirmación cultural, de la identidad y del sentido de pertenencia, hacen vibrar conciencias, actitudes y energías que se rebelan contra la masificación despersonalizante. El paradigma del "Yo individual" de la ética neoliberal, se convierte en el "Yo personalizado", no anónimo, porque es al mismo tiempo el "Nosotros solidario", mecanismo de resistencia y de identidad para la sobrevivencia y para la reconquista de la perspectiva histórica de un mundo mejor para todos y todas.

 

Es cierto. Hay mucha confusión, mucho desánimo, mucho pragmatismo. Pero al mismo tiempo, vivimos expresiones esperanzadoras de la recuperación del pensamiento y la perspectiva UTOPICA. En ello, la IDENTIDAD CULTURAL (así, con mayúsculas) está siendo un factor determinante. Cuba y su Pueblo, a pesar de sus dificultades y sus contradicciones, es un claro ejemplo de identidad cultural, de resistencia y de sentido de pertenencia bajo una persepectiva ético-política de carácter utópica.

 

En todo el mundo, el compromiso, las denuncias y las luchas de los llamados "nuevos actores sociales", como los ambientalistas, los ecologistas, las mujeres, los jóvenes, los luchadores por el respeto a los derechos humanos (integralmente considerados ), quienes trabajan por la equidad de género, de razas o de etnias. Los que luchan por el respeto a las diferentes creencias o posiciones ideológico-políticas... todos en general, reivindican desde una posición ética humanista, el respeto a la vida, a la naturaleza y la libertad; creen en la justicia y en la equidad; son solidarios entre sí y con los demás; se saben parte de un mundo y un proceso civilizatorio nuevo, global, informatizado y tecnologizado...pero no están de acuerdo que eso tenga que hacerse bajo los principios y las falacias ideológicas del neoliberalismo y ese modelo de globalización, que tan graves consecuencias nos está trayendo todos(as).

 

Asumimos una posición ÉTICA desde la vida, por la vida y para la vida, y por ello no aceptamos un concepto y un modelo de desarrollo como el actual.

 

Desarrollo

 

Así, desde una perspectiva ética que resiste, genera, promueve y propone, se construye otra visión del Desarrollo. Sin duda, el concepto de "desarrollo" nos conduce de inmediato a la idea de "crecimiento" y de "progreso". Y eso está bien. Pero, bajo la óptica de la ética neoliberal de carácter economicista y profundamente "materialista" (en su sentido más peyorativo), "crecimiento" y "progreso" solo se entienden desde una perspectiva económica-material, al margen de las necesidades y demandas espirituales inherentes al ser humano. Bajo este enfoque, lo único que importa es el "desarrollo" (léase "crecimiento" ) "macro económico". Y así, bajo esa falsa meta, no importa si ello se logra mediante la destrucción del medio ambiente o de la aniquilación silenciosamente decretada de millones de seres humanos condenados al hambre y/o a la degradación personal y social crecientes.

Además de éstas consecuencias de marcado corte económico, (propias de una propuesta liberal centrada en el mercado y en sus leyes), y precisamente en razón de ellas, la competencia y el egoísmo como fuerzas movilizadoras de la dinámica social y económica (según expresa claramente el pensamiento Liberal y su expresión posmoderna, el neoliberalísmo), "justifican" éticamente dichas consecuencias dramáticas que viven y sufren las grandes mayorías de nuestro planeta. Para la ética neoliberal, es normal que solo triunfen y sobrevivan los más audaces, los más inteligentes, los más preparados, los más fuertes. Los demás, los "clásicos" marginados, pasan ahora a ser los "naturalmente excluidos", es decir, los inviables, los prescindibles. Más de alguna vez hemos conocido cínicas expresiones que se atreven a afirmar, que si los "débiles" tienen que morir ¡que mueran! Es la ley natural.

 

Nada más falso. Eso solo es posible bajo la concepción de la ética neoliberal y su "dios mercado". Pero desde una perspectiva ética humanista, eso es inadmisible, es anti-natural y atenta contra los más sagrados principios y valores de la humanidad a que hemos hecho alusión párrafos arriba.

 

El problema es que, aún estando explícitamente en desacuerdo racional, la "cultura social" de enormes sectores se ha ido convirtiendo en ideología operante, que basada en el egoísmo, la competencia, la insolidaridad y el "sálvese quien pueda", se ha ido haciendo norma generalizada de comportamiento social. Ya lo decíamos antes: es la expresión de la "cultura de la normalidad" que nos vuelve esquizofrénicos, al profesar racionalmente un sistema de valores éticamente consecuentes con la vida humana, y al actuar, cultural y moralmente hablando, en sentido contrario. Es la incoherencia el mal endémico de nuestros días.

 

Por eso debemos rescatar los mejores elementos de la "ética de la vida" para dar lugar a otra concepción del desarrollo, y por tanto, a otro tipo de prácticas económicas, sociales, culturales y políticas. Efectivamente, bajo esta otra mirada de enfoque holístico, el desarrollo no solo debe ser crecimiento material (y particularmente de carácter macro-económico sino desarrollo INTEGRAL de todas las potencialidades materiales y espirituales de cada uno(a) de los seres humanos. Es natural que existan diferencias por factores muy diversos. Nadie está planteando un "igualitarismo" tan absurdo como imposible e indeseable. Estamos hablando de crear las condiciones sociales para que cada quien pueda encontrar con justicia y equidad, las reales oportunidades para su proceso de desarrollo integral, cualquiera que sea su nivel de aspiraciones y potencialidades.

 

Y lo que decimos de las personas, lo decimos de los grupos, las etnias, las razas, los pueblos y las naciones. El proceso de discriminación bajo la ética neoliberal, no tiene límites ni fronteras. Tan inviables pueden ser los más débiles seres humanos, como los más vulnerables grupos sociales, los más marginalizados sectores, los contrarios en la fe o la política, o los más "atrasados" países. La intolerancia tampoco respeta límites ni fronteras.

 

Por eso, hablar de DESARROLLO INTEGRAL, es hablar de reconstruir los factores de IDENTIDAD CULTURAL basados en una renovada e histórica concepción y posición ÉTICA acorde con el momento histórico y el proceso civilizatorio que vivimos. Es, como consecuencia de ello, crear, adaptar y/o recrear las necesarias normas de comportamiento personal, familiar y social, sustentadas y aceptadas moral y jurídicamente hablando, de acuerdo a cada contexto, época histórica y factores particulares de identidad.

 

Siguiendo una vez más las ideas planteadas en "La Revolución Ética", podemos decir entonces que para que haya VERDADERO DESARROLLO, debemos hablar de Procesos, Integrales, Participatívos, Democráticos y Democratizadores, Equitativos, Sociales (no solo individualizados), que sean Educativos, que generen Organización social para el Bienestar y el Bien Vivir de todos y todas, sin atentar contra la vida ni contra la naturaleza, es decir, que sea un DESARROLLO HUMANO Y SOCIAL, INTEGRALMENTE SUSTENTADO Y SUSTENTABLE.

 

¿Cómo lograrlo en estos momentos de pragmatismo neoliberal y de desencanto y claudicaciones frente al pensamiento UTÓPICO (entendido como guía), y frente a la ESPERANZA como factor de dinamismo humanamente solidario?. Lo hemos dicho antes: solo mediante una verdadera "revolución ética" que recupere lo mejor de los valores humanos, del pensamiento y la experiencia histórica que les dan sustento y validez, que, basados en una recuperación crítica de los factores de identidad, reafirmen el sentido de pertenencia al grupo, a la nación y a la humanidad, dando lugar así una nueva CULTURA ÉTICA que permeé la esfera de lo individual, de lo social, de lo económico y de lo político, a todos los niveles y a todos los alcances, modificando así el rumbo pernicioso del actual proceso civilizatorio excluyente, depredador e inhumano, y dando lugar a la construcción posible de un mundo verdaderamente humano.

 

La tarea no es fácil, sin duda. Pero un primer paso es tomar conciencia de nuestra responsabilidad y de nuestro posible aporte, por pequeño que éste sea. En un Congreso de Cultura, pudiera pensarse que me he salido del tema o que quiero "politizar" el arte. Ninguna de las dos cosas. He tratado de fundamentar la indisoluble relación entre los factores que convocan a este evento: Ética, Cultura –identidad– y Desarrollo, así como sus implicaciones, positivas o negativas para el actual proceso civilizatorio.

 

El artista individual no escapa, por ningún lado, de ésta problemática y de esta responsabilidad. No se trata que ahora todos pinten, escriban, hagan cine o dancen, con una explícita y panfletaria intencionalidad política. Se trata de que asumamos todos y todas nuestra responsabilidad como seres humanos y como ciudadanos del planeta, y que desde ahí, con la libertad y creatividad propia del artista, expresemos nuestra concepción noble y comprometida con el Ser Humano, con la Vida, con la Naturaleza. Es decir, que asumamos libre y creativamente, nuestro papel en la impostergable Revolución Ética que nuestro tiempo reclama y requiere con urgencia.

 

Muchas gracias.

 

Ponencia presentada en el 1er. Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo, La Habana, junio 1999. Publicada por Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias - UNAM. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 92 el 16 de abril de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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