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C. Núñez Hurtado (1942-2008), educador popular
mexicano.
"La revolución ética de Carlos Núñez", por Raúl Leis R.
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En primer lugar, quiero agradecer muy sinceramente la
invitación para participar en este importante evento que se ha ido
convirtiendo en un referente obligado para todos(as) los comprometidos y los
interesados en el estratégico tema de la relación entre Cultura y
Desarrollo. Tuve la fortuna de participar en el anterior evento y puedo
constatarlo. Gracias de nuevo por esta privilegiada oportunidad.
El tema que quiero desarrollar puede inscribirse quizá
dentro del tema sugerido por del Congreso "El ser humano: gestor del
desarrollo cultural". Y digo quizá, porque estrictamente hablando no
enfocaré solamente el aspecto del desarrollo cultural; no al menos en el
enfoque que percibo en la propia formulación y en el marco general de la
temática del Congreso. Mi propuesta quiere establecer la relación entre los
elementos señalados en el título de mi ponencia, que como se aprecia, habla
del DESARROLLO en general, y no solo del "Desarrollo cultural". En ambos
enfoques, sin duda, es el SER HUMANO el gestor –o no– del proceso de
desarrollo y de los diferentes enfoques o tendencias que lo animan.
Efectivamente, la plataforma de mi planteamiento es muy
sencilla: Si queremos retomar el rumbo de un VERDADERO DESARROLLO (integral,
sustentable, justo, equitativo etc.), debemos contar con nuestra voluntad
activa –en cuanto seres humanos de este planeta– para que, respetando
nuestras legítimas y diversas expresiones culturales como naciones, como
etnias, como grupos o comunidades, nos sumemos al urgente impulso y las
tareas correspondientes que nos sean comunes, para orientar el proceso en
ésta dirección... y no en la que actualmente nos conduce e impone el modelo
neoliberal, depredador del medio ambiente, marginador de las mayorías
empobrecidas, excluyente de las oportunidades de justicia y equidad para
todos(as).
Para ello, debemos crear, desarrollar y/o impulsar una
actitud y COMPROMISO ÉTICO acorde con éste objetivo, que proyectado en
términos sociales –es decir, más allá de lo meramente individual– dé lugar a
una IDENTIDAD CULTURAL que sea la plataforma desde la cual asumamos el
compromiso por salvar nuestro planeta, afirmemos nuestros mejores valores, e
impulsemos un modelo civilizatorio verdaderamente HUMANISTA.
De ahí el ambicioso título de mi intervención, pues no
considero posible el logro de ideales y objetivos tan nobles como
inaplazables, al margen del debate de las diferentes posiciones éticas bajo
las cuales la humanidad se organiza y actúa, de la discusión a fondo sobre
el concepto de desarrollo que queremos asumir, y de la indispensable
creación y/o fortalecimiento de una conciencia sobre ello, todo ello
sustentado en la requerida identidad militante para lograrlo, es decir: en
la creación o el fortalecimiento de una verdadera Cultura "de y para" el
Desarrollo Humano Sustentable.
Empecemos por analizar brevemente los diferentes conceptos
aquí presentados, pues no cabe duda que muchas veces nos movemos con
diferentes y hasta contradictorias posiciones, que bien vale la pena
dilucidar. En el desarrollo de la ponencia, acudiré con frecuencia a mi
reciente libro "La Revolución Ética", y con ello, a los(as) autores(as) que
en él refiero para sustentar mejor las tesis ofrecidas.
La ética
No cabe duda que en los últimos años, el concepto mismo de
"ética" y la preocupación por "lo ético" y por "los valores", ha ido tomando
mayor relevancia. La convocatoria y el título mismo de este evento, nos lo
confirman. Sin embargo, queremos evitar caer en una corriente que se
caracteriza por asumir los retos que plantean nuevas intelecciones de
nuestro proceso civilizatorio, como si se tratara solamente de "modas"
pasajeras. No es posible asumir el debate sobre "lo ético" bajo éste
enfoque. Estamos hablando de un elemento sustantivo del devenir humano de
todos los tiempos, con manifestaciones histórico-culturales claramente
diferenciadas en la formulación y aceptación social de las "normas morales
de convivencia" que cada sociedad se va dando, va modificando, volviendo a
aceptar y así, en un continuo proceso dialéctico, en el que la
materialización de las correspondientes normas morales, tienen
–curiosamente– los mismos principios éticos, podríamos decir, "esenciales".
Es claro que estamos señalando la diferencia entre "Moral" y
"Ética", pues aunque tengan orígenes etimológicos muy similares (Ética, del
griego ethos, cuyo significado básico es: costumbre, uso, manera de
conducirse. Moral, del latín "mos", "moris", de idéntica significación) en
el desarrollo histórico ha venido diferenciándose su verdadera
significación, pues hoy, "la Ética estudia el problema del bien y del mal y
el de la conducta humana, independientemente del conjunto de normas que de
hecho rigen esa conducta en un momento dado; en cambio, la Moral se ocuparía
del estudio de esas normas tal como ellas se expresan de hecho en las
diferentes comunidades humanas" (Camacho, Luis, citado por el autor en "La
Revolución Etica").
No es el caso abundar en estas consideraciones en una breve
ponencia como ésta, pero sí queremos dejar claramente señalado lo anterior,
pues su repercusión en el desarrollo de las actitudes y comportamientos
necesarios para propiciar una nueva "cultura del desarrollo", tiene que ver
con PRINCIPIOS, y no sólo con normas históricas, ya sea jurídicas o morales.
Normalmente, también es común entender "lo ético" como
sinónimo de "bueno", Fladecuado", "correcto" etc.. Por ello, cada vez con
mayor frecuencia escuchamos frases tales como: "Lo que pasa es que ya no hay
ética", o "Tal persona, no tiene ética, o no es ético". Con frecuencia
decimos "se ha perdido la ética", ante la escandalosa cantidad de hechos de
abuso, injusticia, depredación, autoritarismo, engaño, violencia etc. con
que cada día, ya no nos sorprenden las noticias. Pero no es exactamente así.
Lo que se ha perdido o está en franco retroceso, es "esa" clase de ética a
la que "normalmente" hacemos referencia al hablar de ética, es decir, la
"Ética de la vida", la "Ética humanista" o como queramos llamarle a ese
conjunto de principios y valores que expresan lo mejor de los ideales de la
humanidad: La dignidad humana, la justicia, la verdad, el respeto, la
tolerancia, la compasión, el amor etc. etc., independientemente de las
particulares expresiones normativas que cada sociedad se da.
Pero de hecho existe otra ética, que se va volviendo
hegemónica: Es la "ética del mercado", la "ética neoliberal": la de la
competencia, el egoísmo, el abuso, el autoritarismo, la mentira, la
violencia etc. La que vivimos y sufrimos a diario y a todos los niveles, a
veces como víctimas y otras como cómplices (conscientes o no tanto) pero a
la cual nos vamos acostumbrando. Aquella que nos permite ya no
escandalizarnos ante el deterioro del medio ambiente, ante el asesinato
político o los bombardeos "humanistas" que asesinan inocentes; o ante
bloqueos que someten al Pueblo Cubano a grandes sacrificios y sufrimientos,
sin lograr su ruin objetivo: doblegarlo. Es la ética que nos va haciendo
vivir y sentir como "normales", tales aberraciones. Es la que ha ido
instalando en las grandes mayorías, en pueblos enteros, la "Cultura de la
Normalidad".
Y es justamente esa "cultura" con su sistema de valores, de
actitudes, de códigos, de normas morales y jurídicas, de expresiones
artísticas etc., la que va dando legitimidad a un modelo ideológico,
económico y político que, a la vez que la impulsa, promueve y legítima, se
vale de ella para seguir profundizando su propuesta depredadora y
excluyente. Es la que va imponiendo un "modelo de desarrollo" de corte
absolutamente economicista, al margen de las demás consideraciones que
tienen que ver con la expresión humana plena. No estoy confundiéndome ni
haciendo del concepto de "Cultura" un sinónimo vulgar de "ideología". Por
ello, quisiera explorar un poco mi propio acercamiento al concepto de
Cultura, no sin antes dejar bien claro que debemos reconocer que la ética
neoliberal existe, tiene consistencia y se expresa en formas tan diversas
como eficaces, haciendo de sus "principios" y de sus normas de
comportamiento (explícitas o no ) verdaderas construcciones
histórico-sociales de carácter cultural.
Lo cultural
Al igual que en relación a lo ético, con lo cultural suele
haber también muy diferentes interpretaciones. Ya en el anterior evento que
precedió a éste, expresé mi concepción de cultura bajo las siguientes
premisas: No se puede (no se debe) "definir" la cultura, pues al hacerlo, la
congelamos, la cercamos y matamos su característica principal, que es su
dinamismo, su constante renovación, su construcción dialéctica día a día.
Por eso, podemos –si acaso– ofrecer elementos para una conceptualización
siempre viva e históricamente consecuente. Tampoco podemos hablar de "la"
cultura, sino de las diferentes expresiones históricas y contextuales de lo
cultural. Es decir, podemos hablar de "las culturas". Por último, siguiendo
a Paulo Freire (nuestro inolvidable maestro que falleció hace dos años,
justamente en la víspera de viajar a Cuba para asistir al anterior
encuentro) decimos que entendemos "la Cultura como la forma en que el ser
humano se relaciona con el mundo y con la naturaleza, para transformarla y
en ese proceso de transformación se produce la cultura".
No podemos por tanto reducir lo cultural, a solamente
aquello relacionado con el arte o las bellas artes. "Cultura es –decíamos
hace dos años– costumbre, tecnología, alimentación, vestido; es forma de
ser; es conocimiento empírico, medicina popular, medicina "científica", es
vivienda, es padrón cultural de la misma; es forma de encarar el Habitat;
son normas, costumbres, hábitos y valores; es la expresión de cómo la
sociedad va desarrollando su relación con la naturaleza y con el medio y
ahí, produce estos elementos y los códigos que la expresan. Cultura –así
entendida– no es solo aquello referido a la parte expresiva de determinado
modelo de desarrollo y su práctica histórica, es decir, los códigos que lo
expresan: Música, lenguaje, vestido, pintura... expresiones artísticas en
general, pues "estas son, al fin de cuentas, manifestaciones que expresan la
percepción objetiva y subjetiva de los hombres y mujeres concretos", en
épocas y circunstancias históricas, también concretas.
José Luis Rebellato, en su libro "La Encrucijada de la Etica",
nos dice: "La cultura es un concepto complejo de no fácil definición. En
forma aproximativa se puede decir que la cultura se encuentra en torno a
relaciones sociales y redes comunicativas. Supone la conjunción de distintos
elementos que conforman una visión del mundo, del entorno y de lo demás.
Resulta inseparable del reconocimiento o la negación de las propias
potencialidades. Es una matriz generadora de comportamientos, actitudes,
valores, códigos de lenguaje, hábitos" (Rebellato, José Luis. "La
encrucijada de la ética". Citado en "La Revolución Etica").
Identidad
Como apreciamos, la Cultura tiene que ver con "identidad,
sentido de pertenencia... estamos hablando de un elemento substancial de
nuestra posición y actitud ética "...Cultura es fundamentalmente identidad y
pertenencia; es referencia hacia algo, es dotar de sentido y darle sentido a
la vida" (Núñez, C. "La Revolución Etica" Op.Cit.).
Pero es "identidad" –obviamente– es también proceso, es
construcción permanente, es dinamismo, es contradicción dialéctica y supone
un proceso de construcción dentro de la diversidad cultural", como bien nos
recuerda Giulio Girardi. La relación entre cultura, identidad y sentido de
pertenencia, tiene como sustento la dimensión ética, porque ¿de donde, si
no, habría de generarse el compromiso con lo que uno es, piensa y siente,
sino de la identidad que se tenga con lo que uno cree, es decir, con sus
valores, o lo que es lo mismo, con su POSICION ETICA frente a la vida y
frente al mundo?
Y esto es particularmente importante de señalar en un
momento histórico en el que se nos quiere hacer creer que todo lo que tenga
que ver con "identidad" es obsoleto, dado que vivimos un mundo "globalizado"
que, según nos quieren hacer creer, es el único posible. En este pensamiento
"posmoderno" se encierra la trampa que atenta contra el sentido de identidad
verdadero, pues no tendría porqué entrar en contradicción con el inevitable
proceso civilizatorio de un mundo cada vez más "integrado". Actualmente
vivimos la globalización en lo económico, es cierto pero al mismo tiempo
vivimos y sufrimos la desintegración que produce ese "modelo de desarrollo
neoliberal". Vivimos un mundo cada vez más separado, más marginado y más
excluyente en relación con los supuestos beneficios que lo económico debería
de generar –"globalmente"– para todos y todas. Paradójicamente, un modelo
que propone la globalización, es decir, la integración, lo que realmente
está generando es la desintegración, la polarización y la exclusión
creciente.
Pero en este proceso de ideología "globalizante", es en el
que se están dando con mayor fuerza –paradójicamente las expresiones polares
de "un sentido de identidad", que a veces raya visto a la distancia– en lo
absurdo. Tal es el caso de las luchas inter-étnicas de aquellos
"pueblos-países" que durante mucho tiempo fueron "integrados"
artificialmente bajo esquemas de fuerza, producto de negociaciones de la
posguerra. El caso de la ex Unión Soviética y sus luchas intestinas, es
claro ejemplo de lo anterior. O el caso de las luchas en los países
Balcánicos.
Desde otra perspectiva muy diferente –pero con rasgos
similares– la "cultura de la resistencia" de nuestros pueblos indígenas ha
venido a expresarse con una fuerza de identidad y de reclamo ético
impresionantes, a partir de la coyuntura de los 500 años. Desde Chiapas, el
"Ya basta" de "los más humildes", de los más débiles y marginados, ha venido
a conmocionar al mundo con su grito de reclamo y denuncia, es cierto, pero
sobre todo, con su conmovedora capacidad de mostrarnos su fuerza de
identidad y sentido de pertenencia... a pesar de quinientos años de
exterminio e intento de aniquilamiento total.
Es paradójico, no cabe duda. A mayor "globalización", mayor
sentido de identidad. Desde lo familiar, en lo espiritual, en la
reivindicación de lo "micro", en la expresión de la búsqueda de lo
comunitario, del respeto a las diferencias particulares etc. etc., la fuerza
de la afirmación cultural, de la identidad y del sentido de pertenencia,
hacen vibrar conciencias, actitudes y energías que se rebelan contra la
masificación despersonalizante. El paradigma del "Yo individual" de la ética
neoliberal, se convierte en el "Yo personalizado", no anónimo, porque es al
mismo tiempo el "Nosotros solidario", mecanismo de resistencia y de
identidad para la sobrevivencia y para la reconquista de la perspectiva
histórica de un mundo mejor para todos y todas.
Es cierto. Hay mucha confusión, mucho desánimo, mucho
pragmatismo. Pero al mismo tiempo, vivimos expresiones esperanzadoras de la
recuperación del pensamiento y la perspectiva UTOPICA. En ello, la IDENTIDAD
CULTURAL (así, con mayúsculas) está siendo un factor determinante. Cuba y su
Pueblo, a pesar de sus dificultades y sus contradicciones, es un claro
ejemplo de identidad cultural, de resistencia y de sentido de pertenencia
bajo una persepectiva ético-política de carácter utópica.
En todo el mundo, el compromiso, las denuncias y las luchas
de los llamados "nuevos actores sociales", como los ambientalistas, los
ecologistas, las mujeres, los jóvenes, los luchadores por el respeto a los
derechos humanos (integralmente considerados ), quienes trabajan por la
equidad de género, de razas o de etnias. Los que luchan por el respeto a las
diferentes creencias o posiciones ideológico-políticas... todos en general,
reivindican desde una posición ética humanista, el respeto a la vida, a la
naturaleza y la libertad; creen en la justicia y en la equidad; son
solidarios entre sí y con los demás; se saben parte de un mundo y un proceso
civilizatorio nuevo, global, informatizado y tecnologizado...pero no están
de acuerdo que eso tenga que hacerse bajo los principios y las falacias
ideológicas del neoliberalismo y ese modelo de globalización, que tan graves
consecuencias nos está trayendo todos(as).
Asumimos una posición ÉTICA desde la vida, por la vida y
para la vida, y por ello no aceptamos un concepto y un modelo de desarrollo
como el actual.
Desarrollo
Así, desde una perspectiva ética que resiste, genera,
promueve y propone, se construye otra visión del Desarrollo. Sin duda, el
concepto de "desarrollo" nos conduce de inmediato a la idea de "crecimiento"
y de "progreso". Y eso está bien. Pero, bajo la óptica de la ética
neoliberal de carácter economicista y profundamente "materialista" (en su
sentido más peyorativo), "crecimiento" y "progreso" solo se entienden desde
una perspectiva económica-material, al margen de las necesidades y demandas
espirituales inherentes al ser humano. Bajo este enfoque, lo único que
importa es el "desarrollo" (léase "crecimiento" ) "macro económico". Y así,
bajo esa falsa meta, no importa si ello se logra mediante la destrucción del
medio ambiente o de la aniquilación silenciosamente decretada de millones de
seres humanos condenados al hambre y/o a la degradación personal y social
crecientes.
Además de éstas consecuencias de marcado corte económico, (propias de una
propuesta liberal centrada en el mercado y en sus leyes), y precisamente en
razón de ellas, la competencia y el egoísmo como fuerzas movilizadoras de la
dinámica social y económica (según expresa claramente el pensamiento Liberal
y su expresión posmoderna, el neoliberalísmo), "justifican" éticamente
dichas consecuencias dramáticas que viven y sufren las grandes mayorías de
nuestro planeta. Para la ética neoliberal, es normal que solo triunfen y
sobrevivan los más audaces, los más inteligentes, los más preparados, los
más fuertes. Los demás, los "clásicos" marginados, pasan ahora a ser los
"naturalmente excluidos", es decir, los inviables, los prescindibles. Más de
alguna vez hemos conocido cínicas expresiones que se atreven a afirmar, que
si los "débiles" tienen que morir ¡que mueran! Es la ley natural.
Nada más falso. Eso solo es posible bajo la concepción de la
ética neoliberal y su "dios mercado". Pero desde una perspectiva ética
humanista, eso es inadmisible, es anti-natural y atenta contra los más
sagrados principios y valores de la humanidad a que hemos hecho alusión
párrafos arriba.
El problema es que, aún estando explícitamente en desacuerdo
racional, la "cultura social" de enormes sectores se ha ido convirtiendo en
ideología operante, que basada en el egoísmo, la competencia, la
insolidaridad y el "sálvese quien pueda", se ha ido haciendo norma
generalizada de comportamiento social. Ya lo decíamos antes: es la expresión
de la "cultura de la normalidad" que nos vuelve esquizofrénicos, al profesar
racionalmente un sistema de valores éticamente consecuentes con la vida
humana, y al actuar, cultural y moralmente hablando, en sentido contrario.
Es la incoherencia el mal endémico de nuestros días.
Por eso debemos rescatar los mejores elementos de la "ética
de la vida" para dar lugar a otra concepción del desarrollo, y por tanto, a
otro tipo de prácticas económicas, sociales, culturales y políticas.
Efectivamente, bajo esta otra mirada de enfoque holístico, el desarrollo no
solo debe ser crecimiento material (y particularmente de carácter
macro-económico sino desarrollo INTEGRAL de todas las potencialidades
materiales y espirituales de cada uno(a) de los seres humanos. Es natural
que existan diferencias por factores muy diversos. Nadie está planteando un
"igualitarismo" tan absurdo como imposible e indeseable. Estamos hablando de
crear las condiciones sociales para que cada quien pueda encontrar con
justicia y equidad, las reales oportunidades para su proceso de desarrollo
integral, cualquiera que sea su nivel de aspiraciones y potencialidades.
Y lo que decimos de las personas, lo decimos de los grupos,
las etnias, las razas, los pueblos y las naciones. El proceso de
discriminación bajo la ética neoliberal, no tiene límites ni fronteras. Tan
inviables pueden ser los más débiles seres humanos, como los más vulnerables
grupos sociales, los más marginalizados sectores, los contrarios en la fe o
la política, o los más "atrasados" países. La intolerancia tampoco respeta
límites ni fronteras.
Por eso, hablar de DESARROLLO INTEGRAL, es hablar de
reconstruir los factores de IDENTIDAD CULTURAL basados en una renovada e
histórica concepción y posición ÉTICA acorde con el momento histórico y el
proceso civilizatorio que vivimos. Es, como consecuencia de ello, crear,
adaptar y/o recrear las necesarias normas de comportamiento personal,
familiar y social, sustentadas y aceptadas moral y jurídicamente hablando,
de acuerdo a cada contexto, época histórica y factores particulares de
identidad.
Siguiendo una vez más las ideas planteadas en "La Revolución
Ética", podemos decir entonces que para que haya VERDADERO DESARROLLO,
debemos hablar de Procesos, Integrales, Participatívos, Democráticos y
Democratizadores, Equitativos, Sociales (no solo individualizados), que sean
Educativos, que generen Organización social para el Bienestar y el Bien
Vivir de todos y todas, sin atentar contra la vida ni contra la naturaleza,
es decir, que sea un DESARROLLO HUMANO Y SOCIAL, INTEGRALMENTE SUSTENTADO Y
SUSTENTABLE.
¿Cómo lograrlo en estos momentos de pragmatismo neoliberal y
de desencanto y claudicaciones frente al pensamiento UTÓPICO (entendido como
guía), y frente a la ESPERANZA como factor de dinamismo humanamente
solidario?. Lo hemos dicho antes: solo mediante una verdadera "revolución
ética" que recupere lo mejor de los valores humanos, del pensamiento y la
experiencia histórica que les dan sustento y validez, que, basados en una
recuperación crítica de los factores de identidad, reafirmen el sentido de
pertenencia al grupo, a la nación y a la humanidad, dando lugar así una
nueva CULTURA ÉTICA que permeé la esfera de lo individual, de lo social, de
lo económico y de lo político, a todos los niveles y a todos los alcances,
modificando así el rumbo pernicioso del actual proceso civilizatorio
excluyente, depredador e inhumano, y dando lugar a la construcción posible
de un mundo verdaderamente humano.
La tarea no es fácil, sin duda. Pero un primer paso es tomar
conciencia de nuestra responsabilidad y de nuestro posible aporte, por
pequeño que éste sea. En un Congreso de Cultura, pudiera pensarse que me he
salido del tema o que quiero "politizar" el arte. Ninguna de las dos cosas.
He tratado de fundamentar la indisoluble relación entre los factores que
convocan a este evento: Ética, Cultura –identidad– y Desarrollo, así como
sus implicaciones, positivas o negativas para el actual proceso
civilizatorio.
El artista individual no escapa, por ningún lado, de ésta
problemática y de esta responsabilidad. No se trata que ahora todos pinten,
escriban, hagan cine o dancen, con una explícita y panfletaria
intencionalidad política. Se trata de que asumamos todos y todas nuestra
responsabilidad como seres humanos y como ciudadanos del planeta, y que
desde ahí, con la libertad y creatividad propia del artista, expresemos
nuestra concepción noble y comprometida con el Ser Humano, con la Vida, con
la Naturaleza. Es decir, que asumamos libre y creativamente, nuestro papel
en la impostergable Revolución Ética que nuestro tiempo reclama y requiere
con urgencia.
Muchas gracias.
Ponencia presentada en el
1er. Congreso Internacional de Cultura y Desarrollo, La Habana, junio 1999.
Publicada por Centro Regional de
Investigaciones Multidisciplinarias - UNAM. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 92 el 16 de abril de 2008. Se reproduce
en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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