|
 |
|
|
José da Cruz es geógrafo y novelista, y analista en
CLAES D3E.
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
Apenas comenzó el invierno del sur del mundo y el
archifamoso y muy visitado glaciar Perito Moreno está quebrándose, meses
antes de lo habitual. A pesar de que siempre hay quienes duden del
argumento, el deshielo prematuro parece deberse a las alteraciones
climáticas. Estamos ante un nuevo escenario en las zonas heladas del
planeta.
El Norte: hielo, agua...
Hace más de un siglo que el noruego Fritjof Nansen esquió
sobre el casquete ártico hasta casi llegar al polo Norte geográfico y pronto
se cumplirán cien años del día en que Robert Peary por fin alcanzó ese punto
anhelado. Hoy, los hielos y mares nórdicos son bien conocidos, navegados y
atravesados por submarinos. Además, por encima del polo va la ruta aérea
comercial más corta entre Europa y Japón.
Sin embargo hace un año, el 2 de agosto de 2007, hubo una
nueva expedición. Como se sabe, los hielos polares flotan sobre un mar
salino: debajo no hay, como en la Antártida, un continente. Estos nuevos
exploradores viajaron en dos batiscafos y eran rusos. Descendieron hasta el
fondo del océano y en el exacto punto polar colocaron una bandera de su
patria hecha de titanio, acompañada de un mensaje a los hombres del futuro.
¿Por qué esa simbólica toma de posesión?
Una causa posible surgió a la luz hace unos días en Madrid,
durante el XIX Congreso Petrolero Mundial que terminó el 3 de julio. El
congreso es trianual y reúne a ejecutivos de las transnacionales del
petróleo y ministros de los países productores más importantes. Según la
prensa, allí declaró el geólogo Donald Gautier del US Geological Survey que
se estima que en los fondos marinos del Ártico “hay enormes cantidades de
petróleo”, unos 100 000 millones de barriles.
Los fondos abisales no tienen dueño y están administrados
por una autoridad internacional, pero los cinco países que bordean el Ártico
disputan por la soberanía sobre las aguas y los fondos costeros en torno al
polo. Se trata de Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Noruega y Rusia. El
derecho de la pequeña Dinamarca se basa en su anterior posesión de
Groenlandia e Islandia, pero grandes y chicos intercambian señales de que
están dispuestos a reclamar soberanía.
Poco antes de la bandera de los rusos, Canadá había
anunciado la construcción de ocho patrulleros - rompehielos para servir en
esas zonas. El mes pasado, junio de 2008, el gobierno canadiense adjudicó
derechos de exploración en tres bloques marinos del Ártico a las petroleras
BP, Conoco Phillips y MGM Energy Corp. Esto no significa permisos para
perforar, pues el estatus ambiental y jurídico de la región impide la
explotación por lo menos por ahora.
El acceso a los presuntos yacimientos debajo del hielo y el
mar es enormemente complicado. Exige tecnologías especiales y equipos muy
costosos, que habría que desarrollar. Por otro lado, los riesgos ambientales
de un eventual accidente en ese medio podrían tener consecuencias
inimaginables. Claro está que abundan los inversores bien dispuestos. Como
dijo a The Economic Times Robert Skinner, vicepresidente de la petrolera
estatal noruega Statoil Hydro y participante en el congreso, “cualquiera que
sugiera que la industria petrolera no tiene dinero para invertir, con un
barril a 140 dólares, está haciendo una broma”. Un barril equivale a 159
litros, así que si continúan las tendencias dominantes, no estamos lejos del
día en que un litro de crudo valga un dólar.
Con un poco de humor negro, podríamos decir que el futuro
para la explotación del petróleo polar es luminoso: en 50 años los hielos
del casquete ártico probablemente habrán desaparecido. Se ha constatado una
disminución de su volumen en ocho por ciento anual desde 1979, así que la
predicción no es descabellada. “Estaremos como en un planeta nuevo, que no
sabemos cómo será", decía en 2006 al diario argentino La Nación el doctor
David Carlson, geólogo y director de un programa del Año Polar Internacional
2007 - 2008.
Si desaparecen los hielos, con ellos se van los osos, las
morsas y toda la fauna ártica. Las cadenas tróficas se transformarán
profundamente y habrá consecuencias globales: sin hielo, la radiación solar
reflejada por la Tierra disminuirá. En consecuencia, el mar y la atmósfera
acelerarán su proceso de calentamiento y se acelerará también el
derretimiento de las masas de hielo existentes sobre tierra. Esto ya lo
vemos, y se nota también en el otro polo: la temperatura mínima promedio en
la Antártida subió tres grados desde la década de 1950.
El Sur: hielo, pero mucho más
Según Carlson, las muestras de hielo profundo con burbujas
de aire atrapado muestran que en los últimos 400 000 años la atmósfera
terrestre tuvo una media de 250 partes por millón de dióxido de carbono. Sin
embargo, en 1957 el consumo de carbón y petróleo había llevado el dióxido de
carbono a 315 partes por millón y en 2005 se registraban 385. Carlson agrega
en el diario argentino: "Para el 2100, y según un modelo predictivo de la
química de la atmósfera con el que concuerdan diez países, tendremos 800
partes por millón si seguimos sin cambios de política con los combustibles
fósiles; 680 si forzamos ya mismo una baja del uso de fósiles y damos más
penetración a la energía nuclear y las renovables, y 500 partes por millón
en un escenario hoy impensable, de fuertes restricciones a la quema de
carbono fósil."
Los hielos antárticos desaparecen, y con ellos desaparecen
sumideros de carbono, el krill y la pesca, y se teme que el agua en torno al
polo se haga más dulce. La reproducción de lobos y pingüinos en algunas
zonas ya está afectada por la falta de alimento en años cálidos. Sin
embargo, la actividad humana se acrecienta: comenta un periodista argentino
que la construcción en muchas bases es frenética. Los surcoreanos amplían en
gran forma su base King Sejong para que cobije a decenas de personas; los
chinos instalaron una enorme esfera para proteger sus antenas satelitales en
la base Gran Muralla, y se nota actividad de construcción prácticamente en
todos los sitios de la Antártida donde hay habitantes.
La propia instalación de bases, por ahora científicas, es
una manera de reclamar soberanía. El tema de la soberanía, igual que en el
polo Norte, se hace más agudo en la medida en que los recursos conocidos se
agotan. Pronto comenzará la competencia por los recursos antárticos,
reputados como de gran magnitud y hasta ahora protegidos por acuerdos
internacionales. Ya han comenzado demostraciones de toma de posesión
evidentes y subrayadas. Los rusos reprodujeron el 14 de febrero de este año
su táctica de las banderas, esta vez en el lecho marino del polo Sur
geomagnético. Cuando en marzo el periodista argentino Gustavo Sierra, del
diario Clarín, visitó la base rusa de Bellingshausen, Alexander "Sasha" Orup,
el jefe, justificó así la jugada: "Estamos acá sólo para hacer ciencia pero
no podemos dejar de prepararnos para lo que viene".
Comenta Gustavo Sierra: "La Antártida permanece bajo un
paraguas protector del Tratado Antártico hasta el 2048. Se supone que nadie
puede reclamar ni territorio ni recursos y que el acuerdo va a ser
ratificado por otros cien años. Pero una falta de agua planetaria, por
ejemplo, podría desatar una guerra que echaría por tierra cualquier acuerdo
previo." Sí, agregamos, y también esa guerra podría desatarse por el
petróleo. No sería, en modo alguno, la primera vez...
Basado en artículos de los
periódicos argentinos La Nación del 12/06/06 y Clarín del 22/06/08, además
del Boletín Nuestromar del 01/07/08, que reproduce un artículo de The
Economic Times.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 104 el 9 de julio de 2008.
Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
|