Peripecias Nº 106 - 23 de julio de 2008

MUNDO

 

Más de 100 000 latinoamericanos mueren cada año en calles y carreteras

 

La vida es un accidente

 

José da Cruz

 

 

José da Cruz es geógrafo y novelista, y analista en CLAES D3E.

 

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A principios del mes de julio de 2008 circuló la noticia de un terrible y aparatoso accidente en Bolivia. Allá por las alturas del Potosí, un camión lleno de campesinos se desbarrancó 330 metros y murieron 46 personas mientras 11, si bien heridas, sobrevivieron. Los despachos de prensa recordaban que en Bolivia suelen ocurrir espantosos accidentes con camiones y autobuses.

 

La llamada Carretera de la Muerte, en el norte del departamento de La Paz relaciona los 5 000 metros del altiplano con los valles tropicales de los Yungas, en interminables vueltas de caracol. En la cuesta que une la ciudad de La Paz con El Alto, donde está el aeropuerto, años atrás se exhibían restos de automóviles destrozados como en un memento mori barroco, para que los conductores recordaran la presencia del barranco. La entrada y salida de Tarija era, tal vez lo sea aún, la Bajada de las Catorce Vueltas, tramo capaz de poner nervioso a cualquiera. Al borde del camino se sucedían humildes cruces en honor de los muertitos siempre presentes. En algunos puntos había cuatro o cinco, una al lado de otra. Desde la altura se veían, allá abajo entre las nubes, los aviones. El camino viejo entre Cuernavaca y la ciudad de México es preferido por muchos conductores antes que la autopista de pago donde autos, ómnibus y camiones van paragolpes contra paragolpes a 100 kilómetros por hora en un desfile continuo. Claro que el camino viejo tiene 365 curvas, una por cada día del año, y una distracción puede ser fatal.

 

Ecuador, Perú, Bolivia y muchos otros países tienen carreteras difíciles, a veces estrechas, mal señalizadas y mal mantenidas. Cuando van a tomar una curva y la montaña les oculta la visión de quienes vienen por la otra mano, los conductores de autobuses tocan un bocinazo y se persignan. Los camioneros de antes, enfrentados el mismo trance, escupían un buche de licor por la ventanilla hacia la hondura para tranquilizar a la Pacha Mama, o quien fuere la divinidad del abismo. Ante la falta de garantías de la próxima curva, queda solo la fe.

 

El peligro no está solamente en la montaña o en rutas prácticamente rectas en áreas desérticas donde los conductores se duermen, como los 250 kilómetros entre La Serena y Copiapó en el norte de Chile. Sin tanta espectacularidad, cientos de personas entregan la vida cada día en las grandes urbes, en muertes pequeñas y silenciosas. El niño cruzó la avenida donde no debía, la anciana no vio al motociclista, el del taxi iba muy apurado, el camión se atravesó, la mujer con el bebé no esperó la luz verde...

 

Qué dicen los que saben

 

La Organización Panamericana de la Salud calcula que unas 130 000 personas mueren cada año en América, y más de 1 200 000 sufren heridas o secuelas. Son casi 360 muertos por día… Otro informe, el Tercer Reporte Latinoamericano y Quinto del Mercosur de Siniestralidad Vial indica que en América Latina existen unos 80 millones de vehículos para 530 millones de habitantes, de los cuales murieron 105 000 en rutas y calles durante un año. Son cálculos del período 2005 - 2006 a cargo del Instituto de Seguridad y Educación Vial de Argentina (ISEV).

 

Este mismo documento indica que en realidad hay mucho más víctimas, pues gran número de accidentes nunca son informados a las autoridades o empresas de seguros. Es una cifra oculta y puede representar en algunos países hasta la mitad de los siniestros ocurridos. También sucede que importante número de accidentados fallece posteriormente por las heridas recibidas, pero sus muertes se registran bajo otras causas médicas y no como producto del accidente mismo.

 

El país latinoamericano que registró más muertes en calles y carreteras entre 2005 y 2006 fue Brasil, con un total de 34 381, pero es claro que tiene enorme población y extensión geográfica. Si se combinan las tasas de mortalidad por cada millón de vehículos, o la relación de éstos con los habitantes y los kilómetros recorridos, se obtienen resultados más ajustados. De ese modo, los países de mayor siniestralidad resultan ser Honduras, Bolivia y Perú, los cuales curiosamente están entre aquellos con menor número de automóviles en relación a los habitantes. Uruguay está entre los países con menores índices de siniestralidad, junto a Costa Rica.

 

El informe de ISEV establece una tasa de mortalidad en accidentes de tránsito, según la relación entre 100 millones de kilómetros recorridos y el número de vehículos, y así la tasa más alta es la de Perú con 23,94. Le siguen Nicaragua con 18,20 y El Salvador con 17,40. Los países con menor tasa de mortalidad son Panamá (5,58), Costa Rica (5,81), Chile (6,21), Dominicana (6, 25) y Uruguay (7,02). El promedio de América Latina es de 11,89; en los países ricos la tasa es de 1,39 en los Estados Unidos, de 1,23 en Francia y de 0,83 en Alemania. Como siempre, el más rico vive más seguro...

 

Siniestros, muertos y pérdidas

 

La Organización Mundial de la Salud indica que en el mundo mueren cada año 1 200 000 personas en el tránsito y quedan heridas o discapacitadas 50 000 000 más. Los accidentes son la segunda causa de muerte a nivel mundial entre los jóvenes de 5 a 29 años, y la tercera entre la población de 30 a 44 años. Aumenta la población, aumenta el número de automóviles, y aumenta el número de accidentes. Si no se actúa, el número de muertes causadas por el tránsito aumentará 80 por ciento en países de ingresos bajos y medios de aquí a 2020. En cambio, la siniestralidad está bajando en los países ricos.

 

Cada accidente es un drama social. Al sufrimiento de las víctimas, se suma que "familiares, amigos y comunidades deben afrontar las consecuencias físicas, psicológicas y económicas de la muerte, los traumatismos o la discapacidad de un ser querido", dice la OMS. Además, hay repercusiones económicas cuyo monto es muy difícil de establecer. Esta misma organización calcula que los traumatismos causados por el tránsito cuestan 65 000 millones de dólares en los países de ingresos medios y bajos, "lo que excede de la cuantía total que esos países reciben en concepto de asistencia para el desarrollo". Si se considera el mundo en total, dice la OMS que los costos por traumatismos representan para los países entre el 1% y el 2% del producto nacional bruto, ascendiendo su costo a 518 000 millones por año.

 

La OMS dedicó el Día Mundial de la Salud de 2004 a esta problemática, y opinaba que para superarla se necesitaba mejorar el diseño de vehículos, calles y carreteras. Del mismo modo, recomendaba legislar y hacer cumplir la ley, y coordinar la acción de las autoridades en todos los planos. Más en detalle, se resaltaba la importancia de cinturones de seguridad y cascos, y el peligro de los conductores alcoholizados. No aparecía en los comunicados de prensa de la OMS ninguna mención a reducir el automovilismo privado e incrementar los transportes públicos, ni a la mayor seguridad que ofrecen barcos y ferrocarriles comparados con vehículos carreteros.

 

Un par de comentarios

 

Todos estos números pueden verse muy claros y precisos en la teoría, pero en la práctica no son más que aproximaciones calificadas. El reporte de ISEV alerta sobre la falta de información, de sistematización de datos y de metodología universalmente aceptada para realizar cálculos sobre accidentes. Todo esto depende de políticas de Estado para uniformizar criterios entre autoridades locales, regionales, nacionales e internacionales; entre las policiales, de salud, de emergencias y mucho más. El comentario es válido asimismo para los cálculos sobre pérdidas ocasionadas por desastres: en la materia, recién estamos comenzando.

 

Es evidente que el tránsito causa más muertos, heridos y pérdidas materiales que las guerras, por lo menos en estos comienzos del siglo XXI. Sin embargo, el carrusel de las finanzas y todas las estructuras de la sociedad moderna serían impensables sin carreteras y vehículos automóviles. ¿Otro mundo sería posible? Sí, y tal vez no pudiera prescindir de las ruedas, pero estas ruedas podrían rodar de otro modo.

 

Es muy difícil llamar la atención sobre lo cotidiano. Ninguna combinación de tsunamis, terremotos o huracanes podría causar 1 200 000 muertos y 50 000 000 de heridos en un año, y sin embargo tsunamis, terremotos o huracanes son objeto de grandes campañas internacionales y ganan los titulares en los medios informativos. En cambio, los accidentes en el tránsito son noticias locales, salvo alguno espectacular como el citado al principio de esta nota. Cuesta mucho entender que nuestras desgracias por lo general están incrustadas en la normalidad, no en los desastres.

 

Los detalles de metodología de los cálculos de ISEV pueden consultarse en www.isev.com.ar/uploads/Quinto_Reporte_MERCOSUR.pdf

 

Las cifras de la OMS son tomadas de Día Mundial de la Salud 2004: seguridad vial. Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 106 el 23 de julio de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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