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José da Cruz es geógrafo y novelista, y analista en
CLAES D3E.
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A principios del mes de julio de 2008 circuló la noticia de
un terrible y aparatoso accidente en Bolivia. Allá por las alturas del
Potosí, un camión lleno de campesinos se desbarrancó 330 metros y murieron
46 personas mientras 11, si bien heridas, sobrevivieron. Los despachos de
prensa recordaban que en Bolivia suelen ocurrir espantosos accidentes con
camiones y autobuses.
La llamada Carretera de la Muerte, en el norte del
departamento de La Paz relaciona los 5 000 metros del altiplano con los
valles tropicales de los Yungas, en interminables vueltas de caracol. En la
cuesta que une la ciudad de La Paz con El Alto, donde está el aeropuerto,
años atrás se exhibían restos de automóviles destrozados como en un
memento mori barroco, para que los conductores recordaran la presencia
del barranco. La entrada y salida de Tarija era, tal vez lo sea aún, la
Bajada de las Catorce Vueltas, tramo capaz de poner nervioso a cualquiera.
Al borde del camino se sucedían humildes cruces en honor de los muertitos
siempre presentes. En algunos puntos había cuatro o cinco, una al lado de
otra. Desde la altura se veían, allá abajo entre las nubes, los aviones. El
camino viejo entre Cuernavaca y la ciudad de México es preferido por muchos
conductores antes que la autopista de pago donde autos, ómnibus y camiones
van paragolpes contra paragolpes a 100 kilómetros por hora en un desfile
continuo. Claro que el camino viejo tiene 365 curvas, una por cada día del
año, y una distracción puede ser fatal.
Ecuador, Perú, Bolivia y muchos otros países tienen
carreteras difíciles, a veces estrechas, mal señalizadas y mal mantenidas.
Cuando van a tomar una curva y la montaña les oculta la visión de quienes
vienen por la otra mano, los conductores de autobuses tocan un bocinazo y se
persignan. Los camioneros de antes, enfrentados el mismo trance, escupían un
buche de licor por la ventanilla hacia la hondura para tranquilizar a la
Pacha Mama, o quien fuere la divinidad del abismo. Ante la falta de
garantías de la próxima curva, queda solo la fe.
El peligro no está solamente en la montaña o en rutas
prácticamente rectas en áreas desérticas donde los conductores se duermen,
como los 250 kilómetros entre La Serena y Copiapó en el norte de Chile. Sin
tanta espectacularidad, cientos de personas entregan la vida cada día en las
grandes urbes, en muertes pequeñas y silenciosas. El niño cruzó la avenida
donde no debía, la anciana no vio al motociclista, el del taxi iba muy
apurado, el camión se atravesó, la mujer con el bebé no esperó la luz
verde...
Qué dicen los que saben
La Organización Panamericana de la Salud calcula que unas
130 000 personas mueren cada año en América, y más de 1 200 000 sufren
heridas o secuelas. Son casi 360 muertos por día… Otro informe, el Tercer
Reporte Latinoamericano y Quinto del Mercosur de Siniestralidad Vial indica
que en América Latina existen unos 80 millones de vehículos para 530
millones de habitantes, de los cuales murieron 105 000 en rutas y calles
durante un año. Son cálculos del período 2005 - 2006 a cargo del Instituto
de Seguridad y Educación Vial de Argentina (ISEV).
Este mismo documento indica que en realidad hay mucho más
víctimas, pues gran número de accidentes nunca son informados a las
autoridades o empresas de seguros. Es una cifra oculta y puede representar
en algunos países hasta la mitad de los siniestros ocurridos. También
sucede que importante número de accidentados fallece posteriormente por las
heridas recibidas, pero sus muertes se registran bajo otras causas médicas y
no como producto del accidente mismo.
El país latinoamericano que registró más muertes en calles y
carreteras entre 2005 y 2006 fue Brasil, con un total de 34 381, pero es
claro que tiene enorme población y extensión geográfica. Si se combinan las
tasas de mortalidad por cada millón de vehículos, o la relación de éstos con
los habitantes y los kilómetros recorridos, se obtienen resultados más
ajustados. De ese modo, los países de mayor siniestralidad resultan ser
Honduras, Bolivia y Perú, los cuales curiosamente están entre aquellos con
menor número de automóviles en relación a los habitantes. Uruguay está entre
los países con menores índices de siniestralidad, junto a Costa Rica.
El informe de ISEV establece una tasa de mortalidad en
accidentes de tránsito, según la relación entre 100 millones de kilómetros
recorridos y el número de vehículos, y así la tasa más alta es la de Perú
con 23,94. Le siguen Nicaragua con 18,20 y El Salvador con 17,40. Los países
con menor tasa de mortalidad son Panamá (5,58), Costa Rica (5,81), Chile
(6,21), Dominicana (6, 25) y Uruguay (7,02). El promedio de América Latina
es de 11,89; en los países ricos la tasa es de 1,39 en los Estados Unidos,
de 1,23 en Francia y de 0,83 en Alemania. Como siempre, el más rico vive más
seguro...
Siniestros, muertos y pérdidas
La Organización Mundial de la Salud indica que en el mundo
mueren cada año 1 200 000 personas en el tránsito y quedan heridas o
discapacitadas 50 000 000 más. Los accidentes son la segunda causa de muerte
a nivel mundial entre los jóvenes de 5 a 29 años, y la tercera entre la
población de 30 a 44 años. Aumenta la población, aumenta el número de
automóviles, y aumenta el número de accidentes. Si no se actúa, el número de
muertes causadas por el tránsito aumentará 80 por ciento en países de
ingresos bajos y medios de aquí a 2020. En cambio, la siniestralidad está
bajando en los países ricos.
Cada accidente es un drama social. Al sufrimiento de las
víctimas, se suma que "familiares, amigos y comunidades deben afrontar las
consecuencias físicas, psicológicas y económicas de la muerte, los
traumatismos o la discapacidad de un ser querido", dice la OMS. Además, hay
repercusiones económicas cuyo monto es muy difícil de establecer. Esta misma
organización calcula que los traumatismos causados por el tránsito cuestan
65 000 millones de dólares en los países de ingresos medios y bajos, "lo que
excede de la cuantía total que esos países reciben en concepto de asistencia
para el desarrollo". Si se considera el mundo en total, dice la OMS que los
costos por traumatismos representan para los países entre el 1% y el 2% del
producto nacional bruto, ascendiendo su costo a 518 000 millones por año.
La OMS dedicó el Día Mundial de la Salud de 2004 a esta
problemática, y opinaba que para superarla se necesitaba mejorar el diseño
de vehículos, calles y carreteras. Del mismo modo, recomendaba legislar y
hacer cumplir la ley, y coordinar la acción de las autoridades en todos los
planos. Más en detalle, se resaltaba la importancia de cinturones de
seguridad y cascos, y el peligro de los conductores alcoholizados. No
aparecía en los comunicados de prensa de la OMS ninguna mención a reducir el
automovilismo privado e incrementar los transportes públicos, ni a la mayor
seguridad que ofrecen barcos y ferrocarriles comparados con vehículos
carreteros.
Un par de comentarios
Todos estos números pueden verse muy claros y precisos en la
teoría, pero en la práctica no son más que aproximaciones calificadas. El
reporte de ISEV alerta sobre la falta de información, de sistematización de
datos y de metodología universalmente aceptada para realizar cálculos sobre
accidentes. Todo esto depende de políticas de Estado para uniformizar
criterios entre autoridades locales, regionales, nacionales e
internacionales; entre las policiales, de salud, de emergencias y mucho más.
El comentario es válido asimismo para los cálculos sobre pérdidas
ocasionadas por desastres: en la materia, recién estamos comenzando.
Es evidente que el tránsito causa más muertos, heridos y
pérdidas materiales que las guerras, por lo menos en estos comienzos del
siglo XXI. Sin embargo, el carrusel de las finanzas y todas las estructuras
de la sociedad moderna serían impensables sin carreteras y vehículos
automóviles. ¿Otro mundo sería posible? Sí, y tal vez no pudiera prescindir
de las ruedas, pero estas ruedas podrían rodar de otro modo.
Es muy difícil llamar la atención sobre lo cotidiano.
Ninguna combinación de tsunamis, terremotos o huracanes podría causar 1 200
000 muertos y 50 000 000 de heridos en un año, y sin embargo tsunamis,
terremotos o huracanes son objeto de grandes campañas internacionales y
ganan los titulares en los medios informativos. En cambio, los accidentes en
el tránsito son noticias locales, salvo alguno espectacular como el citado
al principio de esta nota. Cuesta mucho entender que nuestras desgracias por
lo general están incrustadas en la normalidad, no en los desastres.
Los detalles de metodología de los cálculos de ISEV pueden
consultarse en
www.isev.com.ar/uploads/Quinto_Reporte_MERCOSUR.pdf
Las cifras de la OMS son tomadas de
Día Mundial de la Salud 2004: seguridad vial. Informe mundial sobre
prevención de los traumatismos causados por el tránsito.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 106 el 23 de julio de 2008.
Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.
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