|
Después de las elecciones del 3 de diciembre en Venezuela Chávez, se enfrentaba
a la disyuntiva de moderarse o radicalizarse. No podía quedarse quieto después
del envite de los partidos opositores, que durante mucho tiempo habían seguido
una estrategia demasiado torpe para buscar su fortalecimiento y entendieron que
el discurso antichavista servía para polarizar el país pero no era suficiente
para sacar a Chávez del poder, por lo que optaron por una actitud
inteligentemente conciliadora cuyos frutos se vieron al finalizar el conteo de
los votos, en forma de un sorprendente cuarenta por ciento.
Por otra parte, la euforia de la militancia chavista fue muy notoria por haber
obtenido un poco más del 60 por ciento de los votos. Ese optimismo no lo
compartían en absoluto las cabezas que sostienen ese régimen, porque hasta
entonces el principal recurso con que contaba el gobierno era la desorganización
de los opositores y el discurso del candidato opositor Manuel Rosales al
finalizar la contienda electoral permitía ver que las cosas estaban cambiando y
que por fin en la Venezuela de Chávez ya existía una naciente fuerza opositora.
Chávez y sus asesores entendieron que había que adaptarse al nuevo escenario, en
el que había poco margen para errores que serían fácilmente capitalizados por
una oposición cada vez más organizada. La radicalización fue la elección y la
primera medida adoptada es la creación de un partido único, que impedirá que
cualquier grupo de la coalición de gobierno se alíe con la oposición en una
futura contienda electoral. El régimen se rodearía de gente mucho más servil en
ministerios y puestos de renombre, preferiblemente personas con poco pasado
político, para evitar cualquier posible escenario de confrontación cuando
comenzaran a tomar forma las medidas radicales, como por ejemplo la amenaza de
cerrar medios de comunicación incómodos. Es que en el nuevo escenario la libre
información es un arma letal contra el régimen, pues el 40 por ciento de apoyo a
la oposición se incrementaría gracias al descontento que promoverían los medios
de comunicación críticos.
Es de esperar que todas estas medidas sean apenas el abrebocas de lo que le
espera al vecino país. El proyecto totalitario que Chávez concibe no parece
tener reversa, y aunque no llegue a convencer a una gran porción de la población
venezolana, la apuesta del régimen es que la radicalización sea suficiente para
mantener a la sociedad aislada, de modo que no lleguen a formarse redes que
pongan en peligro el socialismo del siglo XXI.
Sobre este último, su creador todavía no sabe exactamente de qué se trata.
Publicado en
País Bizarro el 7 de enero de
2007. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 30 el 10 de
enero 2007. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos.
|