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E. Gudynas es
analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo,
Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
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Mientras Rafael Correa
asumía la presidencia de Ecuador, los más diversos analistas insistían en una
imagen muy simplificada: Correa es un nuevo Chávez. En los más diversos
periódicos de América Latina y el resto del mundo, así como en las notas de
análisis, se repite una y otra vez ese reduccionismo.
Muchos lo usan para criticar
al nuevo presidente: Correa respondería a todas las “instrucciones” del líder
venezolano, y los petrodólares de Caracas determinarían la marcha de las
decisiones en Quito. Otros se alegran con esa supuesta identidad: Correa es
bienvenido como otro actor más en la “revolución” bolivariana que estaría en
marcha a nivel continental. Para ellos, el nuevo presidente no sólo debe seguir
a Chávez, sino que debe hacerlo rápidamente.
Estoy convencido que ese
tipo de análisis, tanto desde la derecha como desde la izquierda, son
dramáticamente superficiales. No debemos confundirnos: el gobierno de Rafael
Correa es distinto del de Hugo Chávez en muchos aspectos sustantivos. Veamos
algunas de las diferencias más evidentes.
Correa es un académico,
mientras que Chávez es un militar, y ésta es una diferencia sustancial. Se podrá
recordar que el economista fue un “forajido”, pero el venezolano saltó a la fama
como un coronel que intentó un golpe de estado. El nuevo presidente ecuatoriano
no sólo habla de economía sino que la entiende, y ha conocido las presiones y
posibilidades de la gestión pública. El gobierno no puede basarse solamente en
una sucesión de discursos, sino que necesita medidas efectivas de gestión que
resuelvan problemas concretos de la gente, y en ese aspecto hay diferencias
sustanciales entre estas dos personas.
Sin duda el fenómeno de
Correa tiene un alto componente personal, pero no es posible olvidar al grupo de
militantes y académicos que no sólo apoyaron su candidatura sino que alentaron
ese proceso, y que hoy son sus ministros. En el caso de Chávez ese balance es
muy diferente, ya que el personalismo presidencial deja en un alejado segundo
plano a sus ministros. En Ecuador, en cambio, tenemos a destacadas figuras como
Gustavo Larrea, Ricardo Patiño, Alberto Acosta, Fander Falconí, y otros. Todos
tienen autoridad propia, con una larga experiencia en los problemas ecuatorianos
(en muchos casos mayor a la del actual presidente), y expresan un proyecto
compartido de cambio. De alguna manera el “fenómeno Correa” no es explicable sin
ese grupo de personalidades, así como esos militantes e intelectuales solo se
explican en el gobierno bajo el liderazgo de Correa. En ausencia de una base
parlamentaria, el gabinete de Correa se convierte en un espacio político
fundamental, y en muchos casos adquiere la potencialidad de lograr un ejecutivo
colegiado que expresa sesgos diversos dentro de un proyecto compartido.
No sólo los actores son
distintos, sino que los procesos políticos también son muy diferentes. Por
ejemplo, en Venezuela los viejos partidos terminaron desapareciendo, mientras
que en Ecuador mantienen una importante presencia en el congreso. Asimismo, la
presencia de las organizaciones indígenas tiene un enorme peso en Ecuador pero
no en Venezuela. Chávez está llamando a formar un partido único, mientras Correa
no tiene ni siquiera un partido.
Asimismo, las invocaciones
éticas son diferentes. Los discursos de Chávez insisten en las evocaciones a las
gestas heroicas, mientras que el de Correa defiende la sensibilidad de los
cristianos de izquierda.
Estos y otros ejemplos dejan
en claro que no podemos confundirnos: Correa y Chávez, y sus equipos,
representan actores políticos distintos. Existen temas de coincidencia, se
comparten preocupaciones, así como se lograrán acuerdos de cooperación
gubernamental, pero eso no es suficiente para caer en la exageración de que uno
es igual al otro.
Más allá de las diferencias,
debe advertirse que la experiencia de Alianza País recién comienza. No es
posible predecir que pasará de aquí en más en la relación con Caracas. Eso no
sólo depende del propio presidente Correa, sino también de su equipo, pero en
especial del resto de los actores políticos dentro de Ecuador como en la región.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 31 el
17
de enero 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |