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E. Gudynas es
analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo,
Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
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La cumbre energética
suramericana ha desencadenado muchas expectativas. Algunos reportes apresurados
indicaban consensos en temas energéticos claves y hasta esperaban el lanzamiento
del Banco del Sur. El presidente venezolano Hugo Chávez anunció el inicio de un
nuevo programa de integración como una “unión de naciones suramericanas”, y
algunos de reportes de prensa llegaron a señalar que esa medida enterraba
definitivamente al programa de la Comunidad Sudamericana de Naciones y el papel
de la CAN y el Mercosur. Sin embargo, las declaraciones finales de los gobiernos
son mucho más modestas, y un análisis riguroso es necesario para identificar los
claroscuros del encuentro de 10 jefes de Estado en la isla de Margarita.
Los
resultados de la cumbre energética
La
Declaración de Margarita presenta varios puntos generales sobre la
importancia de la integración energética. Esos puntos son tan generales como
recordarnos que la integración energética “debe ser utilizada como una
herramienta importante para promover el desarrollo social, económico y la
erradicación de la pobreza”, o que ésta “involucra como actores principales al
Estado, la sociedad y a las empresas del sector”, sin dejar de lado los clásicos
llamados a la “cooperación técnica”.
Esta declaración fue firmada
por los participantes de la cumbre, que incluyó a Hugo Chávez como anfitrión,
junto a Néstor Kirchner de Argentina; Lula da Silva de Brasil, el boliviano Evo
Morales; Nicanor Duarte de Paraguay; Rafael Correa de Ecuador, la presidente
chilena Michelle Bachelet; Alvaro Uribe de Colombia, el vicepresidente de
Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, el primer ministro de Guayana, Sam Hinds y el primer
ministro delegado de Surinam, Gregory Rusland.
Más allá de las
generalidades, se pueden encontrar algunas decisiones significativas. En el
debate sobre biocombustibles, iniciado semanas atrás por los cuestionamientos
del presidente Chávez sobre las iniciativas de otros países (apuntando
especialmente a Brasil), hubo una marcha atrás. Es evidente que el gobierno Lula
defendió su estrategia, y el gobierno venezolano pasó entonces a reconocer y
hasta apuntalar el uso de biocombustibles, e incluso anunció que promoverá
algunos cultivos con ese fin dentro de su país y le solicitó a Lula da Silva que
le exportara biocombustibles a precios preferenciales. De esta manera la
declaración final reconoce el potencial de los biocombustibles y promueve
intercambiar experiencias en esas fuentes. Las iniciativas en biocombustibles
son apoyadas además en Argentina, Colombia y Uruguay, entre otros países. De
todos modos, Evo Morales de Bolivia mantuvo su discrepancia con ese punto y
firmó la declaración final observándolo.
Se reconocieron las
iniciativas de emprendimientos conjuntos entre varios países, con una mención
específica a los proyectos venezolanos de Petrosur, Petroandina, Petroamérica y
Petrolera del Cono Sur. Pero no hubo un acuerdo concreto en cómo lanzar el
varias veces anunciado Gasoducto del Sur, y si bien todos los jefes de Estado
apoyaron la idea, se sigue manteniendo como un proyecto tripartito entre
Argentina, Brasil y Venezuela.
Algunos periodistas también
anunciaron un consenso sobre una organización internacional de países
exportadores de gas natural (llamada por ahora Oppegasur), pero en los hechos no
se acordó nada en concreto, y Brasil manifestó muchas dudas sobre la idea.
También se aprovechó el
encuentro presidencial para discutir varias iniciativas bilaterales, tales como
la ampliación de la interconexión entre Colombia y Venezuela, acuerdos en el
sector hidrocarburos entre Ecuador y Venezuela (donde PDVSA podría actuar en la
gran reserva petrolera ecuatoriana de Ishpingo-Tambococha-Tiputini), o convenios
comerciales entre Venezuela y Uruguay (sobre venta de cemento portland), y
Venezuela y Perú (también en hidrocarburos). Pero la Declaración de Margarita no
incluye ninguna medida concreta hacia otra integración energética, en el sentido
de compartir esos recursos más allá de las interconexiones o de la compra-venta
de petróleo o gas.
De todos modos, los
presidentes crearon el Consejo Energético de Suramérica, que se integrará con
los ministros de energía de cada país. Este puede ser el resultado más
importante del encuentro, ya que se le encomienda a ese consejo que elabore una
Estrategia Energética continental, un Plan de Acción y un Tratado Energético
Suramericano. Es una tarea enorme, y en especial porque en casi todos los países
no existen estrategias nacionales energéticas explícitas, y por lo tanto habrá
que ver cómo se elabora un programa continental bajo ese débil punto de partida.
Despejando de esta manera
los análisis apresurados, el balance de la cumbre energética es modesto.
Posiblemente el aspecto más importante es que los jefes de Estado se están
reuniendo específicamente para tratar la cuestión energética como un problema
regional común, abandonando el clásico camino de negaciones y acuerdos
bilaterales. Estos eventos les obligan a abordar esta problemática bajo una
escala geográfica más amplia, y es posible que sirvan para fundamentar
verdaderos programas de integración y articulación productiva en el futuro
cercano. Pero sin duda ese camino no se abona con declaraciones grandilocuentes
que no estén sustentadas en medidas concretas.
Las
decisiones políticas
Los jefes de Estado además
subscribieron una declaración del
“diálogo político”, donde declaran que el “esfuerzo integrador” se
denominará “Unión de Naciones Suramericanas” (UNASUR). Esta unión tendrá su
secretaría en Quito, y se anuncia la creación de un consejo, e incluso la prensa
ya comenta sobre su posible secretario.
Alguna prensa apresurada
sostiene que la UNASUR “deja en un segundo plano los acuerdos regionales de la
CAN (Comunidad Andina de Naciones) y el Mercosur, y entierra definitivamente el
proyecto de Comunidad Sudamericana de Naciones” (como afirma R. Dellatorre en
Página 12, del 18 de abril). Pero si se lee la declaración política de los
presidentes se verá que allí no hay medidas concretas y en cambio quedan
planteadas varias dudas.
El documento del diálogo
político no indica claramente que el programa de la Comunidad Sudamericana de
Naciones llegará a su fin y que será suplantado por la UNASUR. Es más, en la
declaración sobre energía se repiten una y otra vez las referencias a la
Comunidad Sudamericana de Naciones. Si es que se toma la decisión de suplantar a
la Comunidad Sudamericana de Naciones por la UNASUR, será la tercera refundación
del mismo propósito en los últimos siete años (esa coordinación sudamericana se
lanzó en Brasilia en 2000 como un área continental de libre comercio y luego en
Cusco se la renombró como Comunidad Sudamericana de Naciones).
De todos modos, el documento
político no ofrece ningún aporte conceptual sobre cuál será la dinámica ni las
particularidades de esa unión. Algunas declaraciones de prensa apuntan a que
UNASUR será un foro político, pero de todas maneras habrá que ver cómo se
concreta esta nueva sigla, y sus implicaciones reales para la CAN o el Mercosur.
Posiblemente estas dudas se disipen poco a poco en los próximos meses.
Siguiendo con los temas
políticos, tampoco hubo consenso en lanzar el Banco del Sur, propuesto por
Venezuela, y que cuenta con el apoyo en especial de Argentina. Brasil ha
resistido la propuesta y ha reclamado que se clarifiquen los objetivos y
funcionamiento de un banco de ese tipo, y Marco Aurelio García (el asesor
presidencial en temas de política exterior) dejó en claro que sólo participaría
si podía intervenir en las negociaciones iniciales de la idea. Venezuela y
Argentina accedieron, y por lo tanto Brasil se suma a las negociaciones y en
buena medida toda la discusión comienza de nuevo.
El balance final sobre las
decisiones políticas deja dos puntos en claro. Primero: siguen existiendo
visiones distintas sobre la forma bajo la cual se debería construir la
integración suramericana, y si bien hay acuerdos en algunos puntos, también se
expresan diferencias sustantivas en asuntos claves. Lamentablemente los jefes de
Estado se entretienen con los nombres y siglas, pero siguen enfrentando
problemas en discutir la médula de la integración. Segundo: a pesar de estos
vaivenes, los gobiernos están convencidos de que deben buscar una mejor
coordinación entre ellos, y su persistencia en este tipo de reuniones es una
buena señal. Es cierto que hay una gran tendencia a lanzar anuncios impactantes
que luego no se concretan, pero no deja de ser importante que se mantenga y
consoliden los espacios multilaterales.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 44 el
18
de abril de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |