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E. Gudynas es
analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo,
Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
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En un lapso de tiempo más o
menos corto, se completará un recambio de casi todos los jefes de gobierno de
los países industrializados. Quienes han protagonizado los actuales empujes de
la globalización, ya han sido reemplazados o deberán abandonar sus cargos en los
próximos meses. Nuevas figuras están ocupando los escenarios internacionales.
En efecto, Jacques Chirac
dejará el gobierno francés en las próximas semanas, y luego le seguirán Tony
Blair (Reino Unido), George Bush (Estados Unidos) y Vladimir Putin (Rusia). En
los últimos años dejaron el gobierno G. Schroeder en Alemania (reemplazado por
Angela Merkel), José María Aznar perdió en el último momento las elecciones
españolas ante José Luis Rodríguez Zapatero, Romano Prodi suplantó a Silvio
Berlusconi en Italia, y Shinzo Abe es el nuevo jefe de gobierno japonés. Incluso
hay recambios en el sistema de Naciones Unidas, donde un poco conocido Ban Ki-monn
ocupó el cargo de secretario general dejado por un Kofi Annan muy cuestionado.
Para completar las novedades también contamos con un nuevo Papa (Benedicto XVI).
Queda en claro que está en marcha un relevo de líderes políticos de gran
envergadura.
La anterior generación
defendió y alimentó las presiones globalizadoras. Desde las aventuras militares
de Estados Unidos, al intento de imponer una agenda comercial brutalmente
asimétrica, desde la redefinición de la agenda del desarrollo, a la
profundización de la transnacionalización financiera y empresarial.
La pregunta clave es si este
cambio en el elenco de las principales figuras globales permitirá desencadenar
cambios en las ideas sobre la globalización y en las posturas de esos gobiernos
en las negociaciones e instituciones internacionales. La mayor parte de estos
nuevos líderes no tiene experiencia internacional. Eso puede ser una ventaja si
es que sirve para generar nuevas ideas y abandonar los viejos prejuicios. Pero
casi todos ellos han llegado al poder invocando agendas moderadas en contextos
políticos nacionales cada vez más conservadores.
Algunos cambios se insinúan.
Los neo-conservadores que alimentaron a Bush están en franca retirada, y la
imagen de esa país está muy deteriorada a nivel global. El cuarteto imperial que
conformaba Bush con sus aliados (Blair, Aznar y Berlusconi) ha desaparecido.
Pero persisten muchas
dificultades a remontar. En Estados Unidos habrá que ver si el próximo gobierno
puede remontar no sólo la herencia de la administración Bush sino los cambios en
la cultura y la vida política que han ocurrido en ese país en los últimos diez
años. En Europa, la socialdemocracia y la izquierda no han sido ejemplos de
pensamiento progresista frente a la problemática global. Tony Blair ha
desempeñado un papel conservador, incluso militarista, mientras que la
socialdemocracia alemana una vez mas quedo rehén de sus propias contradicciones,
incluyendo la sorpresa de contar con un ministro de relaciones exteriores
proveniente del Partido Verde, que defendía aventuras militares. Por si faltara
algo, el nuevo Papa también alienta un regreso al pasado conservador al promover
la celebración de la misa en latín.
No es posible ocultar las
dudas sobre si este nuevo elenco podrá modificar las reglas de juego en los
organismos de gobierno global, y en especial en el FMI, el Banco Mundial y la
Organización Mundial de Comercio, orientándolos a procesos más democráticos y
efectivamente volcados al desarrollo. Hasta ahora las evidencias no son muy
positivas. Ni Zapatero, ni Prodi ni Merkel parecen dispuestos a promover una
nueva arquitectura internacional. Las negociaciones comerciales en la OMC siguen
estancadas en los mismos términos de los últimos años, y a pesar de la crisis de
legitimidad que envuelve al FMI y el Banco Mundial, sus principales accionistas
(que son esos mismos países industrializados) no presentan un plan de reforma
sustancial y renovador.
Estos nuevos líderes también
deben enfrentar otros temas internacionales urgentes como el cambio climático,
donde se requiere el concurso de todas las naciones industrializadas con medidas
efectivas para reducir sus emisiones de contaminación global. Tampoco puede
olvidarse la necesidad de un mayor compromiso y acciones más efectivas de las
naciones industrializadas para avanzar en el cumplimiento de las metas de
desarrollo del milenio. Los atrasos en esas medidas, mientras se suceden
diagnósticos y cumbres que no se acompañan de medidas efectivas, hacen que
difícilmente puedan alcanzarse los objetivos de desarrollo del milenio.
La marcha de estos
acontecimientos parece indicar que tendremos nuevos líderes, nuevos presidentes
y nuevos primeros ministros. Pero las nuevas ideas siguen sin asomar.
Publicado en
Globalizacion.org el 30 de abril
de 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 46 el 2
de mayo de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones. |