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La
magnitud de las protestas en casi todas las regiones del país y la gigantesca
movilización en Lima en las jornadas del 11 y 12 de Julio, tienen pocos
precedentes. Es difícil que esto se explique por oposiciones puntuales, o por
manipulación externa al movimiento social como señalan voceros del gobierno. La
represión generalizada y violenta, tampoco es coherente con este diagnóstico.
Seguramente hay reivindicaciones locales en las plataformas del movimiento
social.
Pero han coincidido mineros,
campesinos, maestros, docentes universitarios, portuarios, y movimientos
regionales que también tienen demandas nacionales: cambio de rumbo de la
política económica, revisión del TLC, defensa de los derechos sindicales y del
trabajo, de la agricultura y medio ambiente, incumplimiento de promesas
electorales, defensa de la soberanía nacional, protesta contra la chilenización
del país. Rechazo a leyes y medidas aprobadas al caballazo en el Congreso, o que
subrepticiamente aparecen publicadas en el Peruano, buscando rematar lo que
queda de activos o infraestructura estatal.
Todo esto en medio de una
campaña masiva que señala los logros del crecimiento del país, la abundancia de
recursos, la redistribución a regiones, las bondades de la inversión extranjera
(que además llegará a raudales con el TLC) y la obtención del grado de
inversión.
Se debe recordar que el
entonces candidato García llamó en el 2001 a luchar no solo contra el
fujimorismo político, sino también contra el fujimorismo económico
(léase neoliberalismo) y cuestionó a Toledo de querer construir el segundo piso
de la dictadura, obligándolo a un viraje de su campaña.
Toledo no solo aplicó el
continuismo, sino que puso a los mismos operadores de los noventa y
representantes de los transnacionales y grupos de poder, que sin intermediarios
manejaron la política económica según sus intereses. La pérdida de popularidad
le produjo cuestionamientos que lo llevaron a casi tener que dejar el poder, y
se libró por el soporte de partidos y organizaciones que entendían que así
salvaban la democracia.
El 2006 pasaron a segunda
vuelta los que cuestionaron el modelo radicalmente, o que plantearon el
“cambio responsable”. La población votó mayoritariamente por el cambio de
modelo, pero el nuevo gobierno estableció alianzas que traicionando sus promesas
no solo mantuvo los lineamientos centrales de la política cuestionada, sino que
puso también directamente en el control estatal a los mismos operadores.
El descontento popular ha
ido en aumento y al no darse los cambios esperados se están manifestando ahora
con mayor energía, rebasando las direcciones de partidos que están debilitados o
que desperdiciaron la posibilidad de liderarlos.
Movimientos sociales primero
sumamente dispersos, pero que a pesar de las limitaciones, están encontrando
mecanismos de coordinación y reagrupamientos políticos que buscan darles
dirección. Se trataría entonces no solo de una cuestión coyuntural.
Crecimiento
primario-exportador sin eslabonamientos significativos, que crea bolsones de
empleo precario, ganancias extraordinarias aumentadas por los precios
internacionales mientras los salarios están congelados, aumentando la
desigualdad en la distribución de ingresos. Transnacionales y grandes empresas
exonerados de impuestos en contratos de estabilidad tributaria, así como las
ganancias de capital, mientras tenemos la carga de los impuestos indirectos
regresivos y se pretende eliminar exoneraciones a la selva que compensan
asimetrías.
Se eliminan políticas
sectoriales para la agricultura, ciencia y tecnología, pequeñas y medianas
empresas, industria nacional, mientras se mantiene la “flexibilización”
laboral. Se tienen presupuestos de hambre en educación, salud, Fuerzas Armadas y
Policiales, y se argumenta que no hay recursos para aumentar los salarios,
mientras se pre-paga deuda externa.
Se reprime a la población
que protesta y se les encarcela, mientras empresarios mineros desafían la
autoridad y no pagan multas y hacen caso omiso al Ministerio de Trabajo y no
pasa nada, se rompe más de 6 veces el gasoducto de Camisea y no pasa nada, se
incumple la concesión del aeropuerto y no pasa nada, etc. Fuerte con el débil
y tembleque con el poderoso, parece ser la consigna de este populismo para
los ricos.
Esa política hace que
tengamos una de las presiones tributarias más bajas del continente, y no se
invierta lo necesario. ¿Cómo es posible que se mantenga la inversión pública en
2.8% de PBI después de la caída sistemática de los años previos?
Pronto las remesas de
nuestros migrantes (2.0% del PBI) alcanzarán lo que un Estado invierte en ciclo
de expansión.
No solo aumentan las
ganancias a nivel récord mientras los salarios están estancados y las
condiciones de trabajo no mejoran, sino que hay una sangría de recursos al
exterior. En remesas de utilidades al exterior se fueron alrededor de 7000
millones de dólares el 2006.
Modelo concentrador y
excluyente, polarizador, que busca ser perpetuado con el TLC.
Esta situación no es
sostenible, se tiene que redistribuir y esto no se hará pasando el sombrero a
las mineras, para que además manejen los recursos.
Se requiere un cambio de la
política económica que demandan a lo largo y ancho del país amplios sectores de
la población, que incluyen sectores del propio partido de gobierno.
Publicado en
Altercom el 14 de julio de 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
57 el
18 de julio de 2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |