Peripecias Nº 58 - 25 de julio de 2007

POLÍTICA

 

Uruguay

 

El centro de la izquierda

 

Esteban Valenti

 

 

E. Valenti es periodista, coordinador del suplemento Bitácora del diario La República, Montevideo.

 

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Los puntos referenciales en política son siempre relativos. Se está a la derecha o a la izquierda de algo. Y en estos momentos en el mundo hay una posición muy desguarnecida: el centro de la izquierda. Esto también es válido y muy actual para el Uruguay.

 

No hay buen viento para el que no sabe donde va. Seneca

 

En un extremo de la izquierda hay una variada cantidad de posiciones que van desde la defensa irrestricta de las viejas formulas del socialismo real - con matices y culpas variadas - pero donde la propiedad estatal, la dictadura del proletariado rebautizada siguen siendo el paradigma, el objetivo histórico. Incluyendo las referencias internacionales. También están los sectores marginales y ultras que representan muy poco desde el punto de vista social y político y menos todavía en el plano ideológico y cultural. No hay que confundir ni simplificar, los matices son importantes, determinantes en política. Lo cierto es que existe un ala constituida por grupos diversos, y por sectores de diversos grupos. Los matices y las diferencias surcan casi todos los grupos.

 

Del otro lado hay un agrupamiento variopinto y lleno de matices que podría definirse como socialdemócrata, notoriamente mayoritario que asume que la izquierda tiene por delante un muy largo periodo de administración del capitalismo con nuevas sensibilidades, con prioridades de justicia social y con una clara vocación democrática. En el Uruguay es esa enorme mayoría de fuerzas y dirigentes de izquierda que apoyan con variado entusiasmo al gobierno. No me siento incomodo en este agrupamiento.

 

Pero...falta algo, falta otra alternativa, al menos desde los retos intelectuales y culturales para luego llegar a los aspectos políticos: falta el centro de la izquierda, para no utilizar un término gastado por el laborismo inglés: la tercera vía.

 

Incluso por su posicionamiento topográfico me gustaría llamarla la segunda vía, o la vía alternativa e inconforme. No me siento interpretado en absoluto por la primera vía, ni por su retrazo en la elaboración histórica, ni por sus nebulosas ideas económico-políticas o mejor dicho de economía política, ni por su visión del rol del Estado, del partido y de la sociedad. Dentro de las diferencias en la izquierda. Pero tampoco me entusiasma, me seduce, me excita la otra vía, el otro polo.

 

No me siento satisfecho con una cierta resignación al capitalismo, en sus aspectos más amplios y más profundos y sobre todo en su cultura y su ideología. En ese sentido debo reconocer que la propia derecha ha logrado renovar sus discursos, modernizarlos –en particular en Europa– y estoy seguro que los veremos en la campaña electoral en los Estados Unidos, pero la estructura portante de todo sigue siendo las formas de propiedad y de distribución de la riqueza y los instrumentos institucionales y culturales para asegurar su perpetuación.

 

Con la derecha, con discurso modernizado o no, no me sentiré nunca vinculado ni compartiendo su visión del mundo, aun vestida del mayor pragmatismo, aunque hace tiempo que asumí la convivencia y el debate y el choque civilizado de ideas como un valor civilizatorio importante.

 

No me resigno, no creo que debamos resignarnos en el Uruguay a que no haya un espacio para arriesgarnos con ideas, con proyectos, con propuestas, con políticas que contengan cambios radicales, con una mirada estratégica hacia formas diferentes de organización económica y social.

 

Todos, proclamamos la justicia, la libertad, la solidaridad, y el progreso como meta, el problema son los caminos, las prioridades, los tiempos, los actores, los riesgos y sobre todo las preguntas. Las preguntas presuponen el nivel de la crítica y la audacia de nuestros horizontes.

 

¿La izquierda no debe plantearse siempre la superación del capitalismo? ¿no sólo en el plano moral, sino histórico, concreto, incluyendo formas de organización de la propiedad social diversas también al estatismo total y fracasado?

 

¿La izquierda no debería, elaborar, actuar, concebir estratégicas democráticas y democratizadoras mucho más profundas en todos los planos? A nivel de las instituciones, de las relaciones entre el Estado y la sociedad civil, en la cultura y las identidades culturales, en la educación, en la información y la comunicación, en las formas de consumo y sobre todo en la vida personal, a nivel del ciudadano, de su vida cotidiana? ¿Incluso al actual apasionado y dolido debate sobre los derechos humanos, no deberíamos incorporarlo a una perspectiva más amplia y profunda de la democracia y su solidez para los cambios?

 

¿No deberíamos replantearnos explícitamente –no por abandono u olvido– quienes son los sujetos históricos de los grandes y profundos cambios, como han cambiado las sociedades, las clases, las culturas de esas clases sociales y hasta su interrelación?

 

¿La izquierda no debería replantearse críticamente sus relaciones con la intelectualidad que han pasado del concepto del intelectual orgánico y partidario al divorcio creciente y por riñas y disputas? ¿Como deberían convivir en la sociedad del conocimiento y la información la ciencia, la tecnología, la cultura y la política?

 

¿No deberíamos asumir ante la historia y en particular la propia historia de la izquierda y de sus ideas una actitud mucho más exigente, más crítica y rigurosa, pero también con el capitalismo y sus ideas? ¿En la caída del muro no se nos habrá colado también la caída de nuestras propias audacias, de nuestras irreverencias frente al sistema?

 

¿No deberíamos de abandonar una cierta distracción y discutir en serio sobre China, Vietnam, Cuba, Venezuela, Chile, los países gobernados por la socialdemocracia? ¿Hemos pasado de una visión internacionalista al nacionalismo más domestico?

 

Los autores y pensadores que marcaron nuestro derrotero durante tantos años ¿no deberían integrarse de manera laica, sin miedos y tabú a nuestra realidad política e intelectual y a nuestra crítica y revisión más implacable? ¿No habrá nada que rescatar?

 

Es imposible e inconveniente reconstruir una cierta mística que primó en la historia de la izquierda, pero ¿no deberíamos de todas maneras liberarnos de tantos miedos y fantasmas a que la emoción, la sensibilidad formen parte de nuestro proyecto? ¿No nos habrá ganado un cierto cinismo, una frialdad en los corazones? Aunque no lo reconozcamos ¿no nos habremos integrado alegremente a la generación postmoderna, incluso en nuestros afectos y emociones? ¿No deberíamos ser más generosos entre nosotros sin esperar que la parca nos lleve?

 

Es cierto antes teníamos demasiadas cosas ordenadas y en fila, demasiadas devociones incondicionales y estructuras para discutir, para actuar y para pensar ¿pero lo único que nos depara el futuro es reconstruir algo parecido al pasado o la dispersión como esquirlas del big bang? ¿No deberíamos ensayar, equivocarnos, estudiar en la búsqueda nuevas formas de hacer y de compartir la política?

 

La política se ha hecho mucho más de líderes, de figuras que en forma estable o fugaz nos expresan y son nuestra referencia principal. En Uruguay hemos sido capaces de salir de la crisis y la división de la izquierda con un rol determinante de esas figuras. Ahora nos aproximamos a nuevos momentos donde deberemos renovar liderazgos. ¿Qué papel explicito tendrán las ideas, los proyectos, los programas o todo quedará librado a las sensaciones y la comunicación? ¿Y después a otros cinco años de malhumor?

 

¿Cuáles deberían ser los ámbitos para discutir, para construir esta vía en la izquierda con estas u otras aproximaciones y preguntas? ¿Dentro de los partidos, dentro del Frente, fuera de las estructuras, entre los ex, entre los diversos ex reunidos, por separado? ¿Y cuándo? Creo que no hay espacio para nuevos partidos, pero hay necesidad de audacias políticas, de espacios nuevos. No se trata de sumarnos al tironeo por las candidaturas. Esa es otra cosa.

 

Publicado en Bitácora el 5 de julio de 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 58 el 25 de julio de 2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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