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Al terminar la transmisión del discurso de toma de posesión de Raúl Castro como
el nuevo presidente de Cuba, la estación de televisión Cuba Visión comenzó la
emisión de una película norteamericana. Era el canal internacional, pero no creo
que en la isla a estas alturas se considere una herejía que un producto de la
cultura norteamericana suceda a un acto político.
Las palabras de Raúl y la constitución del nuevo Consejo de Estado fueron un
''cubo de agua fría'', para los que esperaban que se hiciera explícita una mayor
voluntad de cambio y la llegada de miembros más jóvenes del gobierno a las altas
esferas de mando. Hay que agregar que el anuncio o la disposición de esta
esperanza no tenía mucho fundamento, de acuerdo a las declaraciones de La
Habana, pero las especulaciones y ansiedades al respecto habían crecido en los
últimos días.
El recorrido por la lista de nombres y en especial el ascenso de José Ramón
Machado Ventura –quien fue convertido en el número de Raúl, como una prueba de
la consagración en el poder de la vieja guardia– no dejan duda alguna de que el
nuevo gobierno de la isla a primera vista representa a la ortodoxia política e
ideológica.
Este aspecto será destacado una y otra vez por la radio exiliada en Miami,
objeto de incontables programas de opinión por la televisión y ejemplo para
reafirmar que en Cuba todo continúa igual y todo se limita a un proceso de
sucesión: un Castro por otro.
La realidad, sin embargo, es un poco más compleja.
Desde la breve carta de Fidel Castro del 31 de julio del 2006, en que éste
proclamó el traspaso temporal del poder a su hermano, hasta la toma de posesión
de Raúl, se han producido dos procesos paralelos en la isla. Una es la
consolidación del poder, por parte del hombre que por muchos años se mantuvo a
la sombra de su poderoso hermano.
El centro de poder administrativo que ha tomado posesión hoy en la isla está
formado fundamentalmente por los hombres de Raúl. Queda por establecerse el
mecanismo que permita su funcionamiento. Esa es la tarea a llevar a cabo en los
próximos meses y semanas. Hombre metódico y disciplinado, el nuevo presidente
cubano ha aprovechado el tiempo al máximo, con discreción y eficiencia.
A partir de ahora, el gobierno de Raúl tendrá como principio lograr que el
sistema implantado por su hermano funcione por primera vez en los casi cincuenta
años de establecido.
Si lo logra, habrá cumplido una hazaña sin precedentes. En caso de triunfo,
quizá este mérito no se le reconozca por completo, ya que por lo general no se
convierten en titulares de portada por mucho tiempo las mejoras en el transporte
público, la dieta alimenticia del cubano y la construcción de viviendas.
Lo que podemos esperar en los próximos meses es la puesta en marcha de un plan
en que paulatinamente ha ido estableciendo una mayor participación de las
instituciones y un gobierno menos unipersonal, lo que no ha implicado un avance
hacia la democracia sino un mando estratificado dentro de una cúpula de
dirección que en última instancia tiene un poder limitado pero una capacidad de
acción más amplia que cuando Fidel metía las narices en todo.
El reto para Raúl es garantizar que haya algo que poner en la mesa de los
cubanos todos los días, establecer un sistema de transporte público que funcione
con un mínimo de eficiencia y conseguir cierto avance en el nivel de vida de la
población. No son objetivos imposibles de lograr en la actual situación cubano.
En este sentido, el nuevo presidente cubano no sólo tiene objetivos muy
precisos, sino estrategias bien definidas. Olvídese la retórica, que por el
momento continuará arrastrándose en los discursos oficiales, hay un fragmento de
discurso de Raúl Castro que indica una actitud nada ortodoxa e incluso una
voluntad declarada de cambio:
''En diciembre hablé del exceso de prohibiciones y regulaciones, y en las
próximas semanas comenzaremos a eliminar las más sencillas. Muchas de ellas
tuvieron como único objetivo evitar el surgimiento de nuevas desigualdades, en
un momento de escasez generalizada, incluso a costa de dejar de percibir ciertos
ingresos'', dice el mandatario.
"La supresión de otras regulaciones, aunque a algunos pueda parecer sencillo,
tomará más tiempo debido a que requieren un estudio integral y cambios en
determinadas normativas jurídicas, además de que influyen en algunas de ellas
las medidas establecidas contra nuestro país por las sucesivas administraciones
norteamericanas'', agrega.
Aunque las especulaciones siempre son riesgosas, se pueden esperar cambios
económicos en la isla, desde una ampliación de los trabajadores por cuenta
propia hasta menos restricciones migratorias.
Una vez más, hay que tener presente que Raúl es reformista en lo que él cree
está a favor de la revolución, y conservador cuando esas reformas amenazan lo
que él considera los logros de la misma. Hoy domingo se reafirmó este criterio.
Publicado en el blog
Cuaderno de Cuba, el 24 de
febrero de 2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 86 el 27 de febrero de
2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con
fines informativos y educativos. |