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El dirigente chaqueño Mirko Orgaz ha revelado que Camiri selló un pacto con
organizaciones de El Alto de La Paz, la COD de Oruro y el sindicato minero de
Huanuni bajo una consigna: “ni con los estatutos autonómicos de la derecha
reaccionaria ni con la constituyente masista”. Acto seguido, haciendo un
esfuerzo por delinear una perspectiva política, señala que se busca organizar la
lucha “con visión nacional” en torno a la solución real de la crisis que azota
el país y la miseria que está haciendo escarnio de los pobres.
Esta postura encubre la idea central del llamado “nacionalismo revolucionario”
de contenido burgués que, precisamente por su contenido, no puede ser
revolucionario sino esencialmente reaccionario. Ilusionar a los explotados con
un posterior desarrollo del país en el marco de un capitalismo remozado y más
democrático es reaccionario, busca es maquillar el Estado burgués decadente y
maniatar a los explotados detrás de una perspectiva inviable a esta altura del
desarrollo del capitalismo que sólo genera barbarie y destrucción sistemática de
las fuerzas productivas.
En esta línea, es perfectamente coherente su planteamiento central de “una
verdadera nacionalización de los hidrocarburos” ejecutada por un gobierno de
contenido burgués. No puede llegar a la conclusión lógica de que un gobierno de
esta naturaleza no es capaz de recuperar los recursos naturales de manos de las
transnacionales, sin pagar indemnización, por su respeto irrestricto a la
sacrosanta propiedad privada.
Días después de las declaraciones de Orgaz, el flamante secretario ejecutivo de
la COD orureña Jaime Solares confirma la existencia del pacto y repite la
consigna arriba señalada. La prensa le pregunta qué es lo que persigue el pacto:
una “constitución revolucionaria”, responde. ¿Constitución revolucionaria para
un Estado burgués? Si, pero para un Estado burgués más democrático.
En realidad, Solares jamás ha podido comprender la naturaleza del programa
revolucionario y de la transformación de la propiedad privada en propiedad
social en un nuevo tipo de Estado de obreros y campesinos basado en la gestión
social de los medios de producción. Sólo entonces podrá elaborarse una
“constitución revolucionaria”.
Sólo el programa revolucionario del proletariado puede garantizar una política
independiente de los explotados porque es la única capaz de mostrar una
perspectiva revolucionaria hasta sus últimas consecuencias, acabar con el
capitalismo y expulsar a las transnacionales del país. Las corrientes
reformistas de contenido burgués, por mucho que aparezcan muy radicales
enarbolando consignas incendiarias, terminan fatalmente como instrumentos del
Estado burgués y del imperialismo. Basta recordar la experiencia del MNR que
comenzó antiimperialista y acabó como un instrumento servil.
A los explotados de El Alto, de la COD de Oruro y a los mineros de Huanuni hay
que recordarles la necesidad urgente de retornar a las ideas centrales de la
Tesis de Pulacayo para marchar por el sendero de la revolución social.
¿Evo anticapitalista?
Evo Morales ha dicho que todas las desgracias del mundo se deben al capitalismo.
Ha denunciado que la escasez de alimentos se debe a la fabricación del
biocombustible para generar descomunales ganancias en beneficio de las
transnacionales a costa del hambre de la humanidad; ha llamado a todos los
países “dependientes” a unirse “en el eje del bien” para derrotar al
capitalismo, etc.
Lo que le falta al discurso es decir cómo se acaba con este monstruo que está
destruyendo a la humanidad; quedarse sólo en el plano de las denuncias es común
a los cristianos, a los ecologistas, a los humanistas subjetivos, etc. La
perspectiva de su famosa “revolución democrática y cultural”, que no es otra
cosa que el maquillaje de la Constitución y del Estado burgueses, respetando la
intangibilidad de la de la propiedad privada de los medios de producción, etc.,
definitivamente no es el camino de la destrucción del capitalismo.
Por mucho que se esfuerce en propalar discursos incendiarios en los foros
internacionales para satisfacer a los indígenas que sufren las consecuencias de
la opresión imperialista, el gobierno del MAS está condenado a acabar como
discurso y nada más. Su limitación política, igual que la del parlanchín Chávez,
radica en el respeto a la propiedad privada de los medios de producción que los
condena a adorar al capitalismo maquillado para hacerlo más “humano” y
digerible.
Publicado en el periódico Masas en abril de
2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
94 el 30 de abril de 2008. Se
reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos. |