Peripecias Nº 94 - 30 de abril de 2008

POLÍTICA

 

Bolivia

 

Las insalvables limitaciones del "nacionalismo revolucionario"

 

Miguel Lora Ortuño

 

 

M. Lora Ortuño es dirigente sindical boliviano.

 

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El dirigente chaqueño Mirko Orgaz ha revelado que Camiri selló un pacto con organizaciones de El Alto de La Paz, la COD de Oruro y el sindicato minero de Huanuni bajo una consigna: “ni con los estatutos autonómicos de la derecha reaccionaria ni con la constituyente masista”. Acto seguido, haciendo un esfuerzo por delinear una perspectiva política, señala que se busca organizar la lucha “con visión nacional” en torno a la solución real de la crisis que azota el país y la miseria que está haciendo escarnio de los pobres.

 

Esta postura encubre la idea central del llamado “nacionalismo revolucionario” de contenido burgués que, precisamente por su contenido, no puede ser revolucionario sino esencialmente reaccionario. Ilusionar a los explotados con un posterior desarrollo del país en el marco de un capitalismo remozado y más democrático es reaccionario, busca es maquillar el Estado burgués decadente y maniatar a los explotados detrás de una perspectiva inviable a esta altura del desarrollo del capitalismo que sólo genera barbarie y destrucción sistemática de las fuerzas productivas.

 

En esta línea, es perfectamente coherente su planteamiento central de “una verdadera nacionalización de los hidrocarburos” ejecutada por un gobierno de contenido burgués. No puede llegar a la conclusión lógica de que un gobierno de esta naturaleza no es capaz de recuperar los recursos naturales de manos de las transnacionales, sin pagar indemnización, por su respeto irrestricto a la sacrosanta propiedad privada.

 

Días después de las declaraciones de Orgaz, el flamante secretario ejecutivo de la COD orureña Jaime Solares confirma la existencia del pacto y repite la consigna arriba señalada. La prensa le pregunta qué es lo que persigue el pacto: una “constitución revolucionaria”, responde. ¿Constitución revolucionaria para un Estado burgués? Si, pero para un Estado burgués más democrático.

 

En realidad, Solares jamás ha podido comprender la naturaleza del programa revolucionario y de la transformación de la propiedad privada en propiedad social en un nuevo tipo de Estado de obreros y campesinos basado en la gestión social de los medios de producción. Sólo entonces podrá elaborarse una “constitución revolucionaria”.

 

Sólo el programa revolucionario del proletariado puede garantizar una política independiente de los explotados porque es la única capaz de mostrar una perspectiva revolucionaria hasta sus últimas consecuencias, acabar con el capitalismo y expulsar a las transnacionales del país. Las corrientes reformistas de contenido burgués, por mucho que aparezcan muy radicales enarbolando consignas incendiarias, terminan fatalmente como instrumentos del Estado burgués y del imperialismo. Basta recordar la experiencia del MNR que comenzó antiimperialista y acabó como un instrumento servil.

 

A los explotados de El Alto, de la COD de Oruro y a los mineros de Huanuni hay que recordarles la necesidad urgente de retornar a las ideas centrales de la Tesis de Pulacayo para marchar por el sendero de la revolución social.

 

¿Evo anticapitalista?

 

Evo Morales ha dicho que todas las desgracias del mundo se deben al capitalismo. Ha denunciado que la escasez de alimentos se debe a la fabricación del biocombustible para generar descomunales ganancias en beneficio de las transnacionales a costa del hambre de la humanidad; ha llamado a todos los países “dependientes” a unirse “en el eje del bien” para derrotar al capitalismo, etc.

 

Lo que le falta al discurso es decir cómo se acaba con este monstruo que está destruyendo a la humanidad; quedarse sólo en el plano de las denuncias es común a los cristianos, a los ecologistas, a los humanistas subjetivos, etc. La perspectiva de su famosa “revolución democrática y cultural”, que no es otra cosa que el maquillaje de la Constitución y del Estado burgueses, respetando la intangibilidad de la de la propiedad privada de los medios de producción, etc., definitivamente no es el camino de la destrucción del capitalismo.

 

Por mucho que se esfuerce en propalar discursos incendiarios en los foros internacionales para satisfacer a los indígenas que sufren las consecuencias de la opresión imperialista, el gobierno del MAS está condenado a acabar como discurso y nada más. Su limitación política, igual que la del parlanchín Chávez, radica en el respeto a la propiedad privada de los medios de producción que los condena a adorar al capitalismo maquillado para hacerlo más “humano” y digerible.

 

Publicado en el periódico Masas en abril de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 94 el 30 de abril de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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