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A. Acosta es economista, ex Presidente de la Asamblea Constituyente
del Ecuador.
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Montecristi, 23 de junio de 2008
Compañeros y compañeras asambleístas:
Este es para mi un momento duro, difícil, que lo asumo con toda la
responsabilidad del caso. Por las razones que expondré más adelante, debo
retirarme de la Presidencia de la Asamblea.
Pero antes quiero recordar que en mi intervención, con ocasión de la instalación
de la Asamblea Constituyente, expresé convencido, que quienes construyen la
historia son los Pueblos.
Dije también que esta Asamblea Constituyente es una oportunidad única de cambio,
un cambio sentido y reclamado, por todo el pueblo ecuatoriano, que depositó en
nosotros su esperanza de construir un Estado, no solo garante de la noción del
“bien común” deseado sino efectivamente establecido, para que podamos realizar
el BUEN VIVIR, el ALLY KAUSAY.
Un BUEN VIVIR como condición para alcanzar una verdadera calidad de vida,
trascendiendo la sobrevivencia, dejando a un lado la opulencia y el consumismo
insaciable, del que, como es que conocido, se aprovechan unos pocos.
Este BUEN VIVIR, enunciado y aprobado por esta Asamblea, tiene como fundamento
el respeto y el reconocimiento del otro. Pone por lo tanto en práctica aquel
principio básico de la libertad, de que mi libertad tiene como límite la
libertad del otro. De ese otro con el que constituimos una comunidad social,
además de política, en tanto procesamos nuestros acuerdos y desacuerdos. Pero
también con ese otro diferente, que pertenece a otra forma o comunidad de vida,
que no nos puede ser ajena y debemos respetar. Todas estas formas de entender la
vida, sin embargo, no son posibles sin la base de su origen: la Naturaleza.
De ahí que, la libertad en el BUEN VIVIR, solo es realizable con el otro en
igualdad de condiciones y oportunidades, con los otros, con los que mantenemos
horizontales relaciones sociales, sin que sobre ellos se ejerza ninguna forma de
poder que los niegue y domine, y con la Naturaleza de la que somos parte.
La Constitución, fruto del trabajo de todos y todas, al afirmar el BUEN VIVIR,
además de dar paso a las nuevas institucionalidades creadas y afirmar que
nuestros derechos han de ser efectivos y no nominales, significa un hito
histórico: un antes, en el que el imperio de la ley, de unos, era el fundamento
del orden; por un después, en el que cimentamos la construcción de un nuevo
modelo de desarrollo, un proyecto de vida creativo, armonioso, en paz, necesario
universalmente. Así, hacemos posible la esperanza, la realización de las utopías
sin cuya búsqueda la humanidad no es posible y mas aún su futuro incierto.
Cumpliendo con el plan de gobierno de Acuerdo País y con nuestros compromisos
electorales, enriqueciéndolos con los valiosos aportes de todos los grupos
representados en esta Asamblea, hemos avanzado en la creación de un NUEVO ORDEN.
Los textos constitucionales aprobados y en discusión, comienzan a delinear en la
nueva Constitución, un proyecto de vida en común elaborado entre todos y todas.
Un proyecto con historia, que se nutre de las luchas y las movilizaciones a
Montecristi de tantas mujeres y hombres, indígenas, afroecuatorianos, cholos,
montubios, mestizos, jóvenes, estudiantes, trabajadores, campesinos, maestros,
jubilados, emigrantes, ecologistas, amas de casa, empleados, profesionales,
comunicadores sociales, artesanos, pescadores, artistas, investigadores,
pequeños, medianos e incluso algunos grandes empresarios que han apostado por el
país y su crecimiento. Por lo tanto, no podemos desconocer esta valiosa memoria
acumulada y que está a punto de plasmarse en una nueva Constitución.
En esta ocasión, sin agotar todos los puntos de quiebre transformador, quisiera
mencionar los siguientes:
• A
través del reconocimiento de la plurinacionalidad nos reencontramos en un
Estado, que siendo único en su soberanía y territorialidad, reconoce e incorpora
las distintas naciones originarias y ancestrales que forman parte del Ecuador.
Reafirmamos entonces, que esa convivencia, sin relaciones coloniales de poder,
supone un permanente proceso de interculturalidad.
•
Desde las juntas parroquiales, las ciudades, las provincias y las futuras
regiones, invitamos a la sociedad a instalar un verdadero régimen autonómico,
superando una cuestión pendiente desde inicios de la república y que ha
atravesado nuestra historia. Inauguramos la descentralización real, afirmando
que es posible y necesario potenciar las capacidades y anhelos de los habitantes
de las distintas ciudades, provincias, regiones y pueblos del país. Clarificamos
y dejamos explícitas las competencias para los distintos niveles de gobierno,
clave para la buena organización y convivencia del Ecuador, y fijamos los
recursos financieros necesarios para su cristalización.
•
Fortalecemos las capacidades del gobierno central, impulsando una centralidad
fuerte, sin la cual la descentralización es una falacia. Así, se restituye al
Estado la capacidad de manejo y orden de las finanzas públicas, las funciones de
planificación como eje rector de la gestión de lo público, a la que deben
adscribirse los presupuestos con perspectiva plurianual a ser aprobados por la
Legislatura.
• La
supremacía del Estado Constitucional de Derechos, estará asegurada por la nueva
Corte Constitucional, como instancia de control constitucional, autónoma y
diferenciada de los demás poderes y funciones.
•
Nuestro país será un territorio de paz, libre de la presencia de tropas
extranjeras, es otro de los compromisos cristalizados en la nueva Constitución.
• La
demanda sentida y vivamente proclamada por el pueblo ecuatoriano, recuérdese
aquel grito: “que se vayan todos”, expresión de la ira popular, al permanente
chantaje y sometimiento en la nominación de autoridades de control y
administración de la justicia, por parte de pequeños grupos de interés,
parapetados en ciertos partidos políticos, ha sido positivamente recogida con la
instauración del Poder Ciudadano. Y la Función Electoral será totalmente
independiente, transparente, diferenciando la administración electoral de lo
contencioso electoral.
•
Haremos realidad el establecimiento de un Estado capaz de afirmar las
oportunidades de todos y todas, impulsando sus capacidades y redistribuyendo sus
recursos, profundizando los derechos a la educación, la salud y la seguridad
social.
• La
Naturaleza es sujeto de derechos, sus ciclos vitales deben ser respetados,
garantizados, instaurando la institucionalidad necesaria para su defensa y
procesos de reclamación. Esto es algo inédito y de un gran valor real y
simbólico, constituyéndose en un aporte novedoso y pionero a la legislación
mundial. Como un punto especial en este ámbito, hemos declarado que el derecho
al agua es un derecho humano fundamental.
• En
cuanto a beneficios y avances más tangibles e inmediatos, la nueva Constitución
reconoce con iguales derechos y garantías toda forma de trabajo, incluidas las
de auto sustento, las autónomas, las de cuidado humano, y por supuesto las
dependientes de patrono.
El
salario digno debe propender a ser equivalente al costo de la canasta básica
familiar. No habrá más sobreexplotación del trabajador, se ha eliminado toda
forma de subcontratación y trabajo precario. Todo trabajador debe ser contratado
directamente, con el goce a la estabilidad y demás derechos laborales.
• La
educación superior y universitaria, será gratuita, como también la preescolar,
la escolar y la secundaria.
El
acceso a la justicia, también será gratuito.
Los
recursos para sufragar los gastos en educación, salud, nutrición, justicia, y
otras necesidades básicas, al ser considerados como gasto permanente, dejarán de
depender de ingresos extras, pasando a ser prioritarios, y deberán fijarse
obligatoriamente en el Presupuesto General del Estado. El presupuesto para la
educación y la salud se incrementará progresivamente cada año hasta alcanzar al
menos el cuatro y seis por ciento del Producto Interno Bruto, respectivamente.
•
Ahora más que nunca, cuando la crisis por los elevados precios de los alimentos
a nivel mundial golpea también a nuestro país, ratificamos nuestro compromiso
con la soberanía alimentaria.
•
Los ahorros y depósitos del Pueblo ya no podrán ser confiscados. Tampoco podrán
ser financiadas con recursos públicos las quiebras de los bancos privados. Los
banqueros serán banqueros, nada más que banqueros...
•
Respetamos la propiedad privada, prohibiéndose expresamente toda forma de
confiscación. Esto no implica que se tolerará la propiedad mal habida o la
creciente concentración de la riqueza en pocas manos. Reconocemos la variedad de
formas de propiedad existentes: la pública, la privada, la comunitaria,
cooperativa, asociativa. Buscamos una sociedad de propietarios productores, mas
no de siervos.
•
Los ecuatorianos y ecuatorianas que viven en el exterior podrán participar
activamente en las elecciones; a más del derecho al voto, tendrán representantes
políticos en el poder legislativo y participación en todas aquellas decisiones
que sean sometidas a consulta popular.
Hasta el momento el proyecto de texto constitucional cuenta con
• 57
artículos finales aprobados,
• 29
con informe, pendientes sólo de votación final,
• 11
en las subcomisiones de elaboración de textos para la votación final,
• 83
listos para el segundo debate,
• 69
en proceso de elaboración de informes para segundo debate,
• 48
con informe para primer debate y
•
alrededor de 225 artículos en trámite para primer debate a través de Secretaria.
Tenemos ya alrededor de 500 artículos en diferente fase de tramitación, que
podrían reducirse en número a través de los necesarios ajustes y recortes. Es
decir, en la práctica la totalidad del nuevo texto constitucional está listo.
El
trabajo de esta Asamblea, la nueva Constitución, estoy seguro merecerá la
entusiasta aprobación de todo el pueblo ecuatoriano. Estamos cumpliendo.
Son
ustedes, compañeros y compañeras asambleístas, actores y testigos de arduas
jornadas, intensos debates, profundos análisis de las iniciativas y propuestas,
verbales y escritas, formuladas en los foros, mesas itinerantes, manifestaciones
públicas, medios de comunicación, mesas constituyentes y sesiones del Pleno. No
hemos escatimado el tiempo para el trabajo. Todo lo contrario, concientes de los
límites temporales, hemos sacrificado incluso el necesario descanso, en función
de la profundidad conceptual, la apertura para que todas las voces sean oídas y
la oportunidad de explicitar las diferentes opiniones y los disensos, y la
búsqueda, siempre que sea posible, de acuerdos e incluso de consensos entre
distintas visiones.
La
democracia tiene como condición intrínseca fundamental, que todos y todas puedan
escuchar y ser escuchados. Y para hacerlo fue necesario contar con instancias en
las que el diálogo y el debate permitieran identificar a los actores, a todas
las fuerzas políticas y a los distintos intereses, para alcanzar el bien común,
el de las mayorías de ecuatorianos y las ecuatorianas.
La
Asamblea Constituyente ha sido y es el espacio democrático por excelencia, como
señalé en la exposición de instalación de la misma. Es precisamente el mismo
proceso constituyente en sí: es decir el camino recorrido y por recorrer hasta
su definición, y el modo en que se dé su efectiva instrumentación, y no solo el
texto que se apruebe, lo que hace que esta nueva Constitución trascienda y
llegue a ser importante para la vida de todos los habitantes de nuestro Ecuador.
Insisto en que la sociedad será democrática sólo si su proceso de construcción
es democrático.
Con
este proceso me he comprometido. Esta ha sido mi opción y he buscado que todas
mis opiniones y actos estén enmarcados en ella. También afirmaba entonces, y me
ratifico hoy, que debemos buscar y obtener un verdadero pacto social en el que
las grandes mayorías pero también las minorías, se reconozcan y reconcilien: no
debemos excluir. Añadí, y estoy convencido de ello, que tenemos la necesidad de
un cambio en la forma de hacer política, rescatando la política y repolitizando
la sociedad; teniendo presente a cada momento que la democracia es para todos y
para todas. Rechazando en los hechos, y no sólo en los discursos, las viejas y
desgastadas prácticas de la partidocracia.
Con
estas urgencias sociales y políticas, que van más allá de aquellas temporales,
me comprometí y aspiro haber cumplido. Por eso no creo que se deba sacrificar el
debate, la deliberación, la apropiación e identificación con el proceso, la
claridad y calidad de los textos, a la premura de los tiempos. No nos hemos
distraído de nuestras tareas, lo prueba lo hecho hasta ahora. Asumo los errores
cometidos, que bien pueden ocurrir cuando se busca hacer un camino incluyente y
democrático.
Esta
disposición y posición personal, de no sacrificar el debate por la premura del
plazo, no es compartida en sus alcances y con lo que ello significa en tiempos,
por la mayoría de la cúpula de Acuerdo País, movimiento al cual pertenezco y al
que reafirmo mi adscripción. Desde allí, al retirarme de facto su apoyo, me
solicitaron dar paso a otra dirección que apresure la aprobación de los textos
para cumplir con la fecha tope del 26 de julio. Respeto su posición.
Por
ello, teniendo presente que lo fundamental es la nueva Constitución, más allá de
legítimas posiciones ganadas con la votación popular, sin intentar siquiera
provocar como en otras épocas una pugna de poderes o dar paso a la más mínima
división del bloque de Acuerdo País, presento ante ustedes mi renuncia
irrevocable a la función de Presidente de la Asamblea.
Mi
renuncia no significa dejar la delegación con la que me honrara el pueblo
ecuatoriano. No significa alejarme de mi compromiso con el plan de gobierno de
Acuerdo País y con nuestros compromisos electorales. Continuaré como
asambleísta, como lo que siempre quise ser, fiel a mis principios, dispuesto al
diálogo, atento a las controversias y participante del bloque de Acuerdo País.
Todos podemos hacer posible que el sueño de los ecuatorianos y las ecuatorianas
se realice, y que contemos con una Constitución que refleje sus reivindicaciones
y anhelos por un mundo mejor, justo y en paz. Y si para ello hay que sacrificar
posiciones personales, hagámoslo.
Aprendí mucho de ustedes. Siento que el ejercicio de la autoridad, responsable
con quienes le designan, respetuosa del mandato encomendado, ennoblece. Lo
contrario, el ejercicio del poder por el poder, embrutece. Ese riesgo no me lo
correré, prefiero seguir siendo fiel a mis principios, aún cuando mi renuncia
pudiera no ser adecuadamente comprendida.
Mi
gratitud a mis compañeros y compañeras asambleístas de todas las bancadas, a mis
asesores y asesoras, a los edecanes, designados por nuestras Fuerzas Armadas, al
personal administrativo, a los miembros de la Guardia de la Policía Nacional, al
personal de servicios, a los representantes de los medios de comunicación, a MI
FAMILIA y a todos aquellos que hicieron posible los avances logrados hasta ahora
para construir un proyecto liberador y tolerante, sin prejuicios ni dogmas. Un
proyecto de vida, equilibrado entre todos los individuos y de la colectividad
con la Naturaleza.
Al
rememorar estos momentos vividos en Montecristi, los recordaré con cariño y
respetuoso afecto.
Hoy
más que nunca cobra vigencia el mensaje de Eloy Alfaro:
¡Todo para la patria, nada para nosotros!
Muchas gracias.
Alberto Acosta.
Publicado en el
blog
del autor en la página de la
Asamblea Nacional
Constituyente del Ecuador el 24 de
junio de
2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
102 el 25 de junio de 2008. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos. |