Peripecias Nº 121 - 5 de noviembre de 2008

POLÍTICA

 

 

El triunfo de Barack Obama en Estados Unidos y algunas lecciones para la política chilena

 

 

Manuel Luis Rodríguez U.

 

 

 

M. Rodríguez es cientista político.

 

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El triunfo de Barack Obama en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, más allá de su alcance indiscutiblemente histórico, por las enormes expectativas de esperanza que abre a los ciudadanos estadounidenses y por la nueva percepción e imagen que puede lograr la primera potencia mundial en buena parte del mundo occidental, está cargado de lecciones para la política chilena.

La crisis de los neoliberales

Por lo pronto, el primer significado político de estos comicios, está en que la crisis económica le ha pasado la cuenta a las políticas neoliberales y monetaristas a ultranza. Obama ganó con su discurso del cambio, porque los ciudadanos querían un cambio ante un gobierno que había sido incapaz de proteger a sus propios ciudadanos de los financistas y especuladores.

Una honda y masiva marea social y política por el cambio vino desde las profundidades de la sociedad estadounidense, y dio a Obama la oportunidad de concretar su programa de reformas al interior del sistema. Una masiva reunión de jóvenes y estudiantes universitarios en Washington, celebraban la noche del 4 de noviembre frente a la Casa Blanca, aclamando “We can do it!“, reflejando el espíritu de cambio que se personalizó en Obama.

La mayoría de la gente en Estados Unidos (principalmente los negros, los latinos, los jóvenes y los blancos en dificultades económicas) votó con la economía a la vista, con la billetera en la mano, por decirlo en términos metafóricos, y en esa materia, las políticas neoliberales y libremercadistas terminaron por hundir electoralmente al gobierno republicano de Bush y la candidatura de McCain. Más del 60% de los electores votaron y eligieron a su candidato en función de sus necesidades y percepciones de orden económico.

En Chile, por lo tanto, los adoradores del mercado a todo ritmo y del capitalismo financiero sin frenos y sin regulaciones, harían bien en guardar su ideología pasada de moda en el baúl de los malos recuerdos políticos, porque cuando el país entre en el proceso electoral de las presidenciales del 2009, la economía chilena recibirá de lleno el impacto de la recesión estadounidense y de la crisis financiera global.

Un nuevo lugar para la potencia imperial estadounidense

Es probable que la política exterior de los Estados Unidos hacia América Latina no varíe sustancialmente con Obama en la Presidencia, pero evidentemente el énfasis estadounidense será menos por los tratados de libre comercio, como ha sido hasta ahora y más por proveer de mayor ayuda a los países más atrasados y subdesarrollados de la región, afectados por esta crisis que lleva una marca ”Made in USA”, y que está acercándose al continente. La primera prueba concreta de la nueva relación posible entre Estados Unidos y América Latina –¿un New New Deal ad portas?– tendrá lugar en la Cumbre Iberoamericana de abril del 2009 en Trinidad Tobago.

Estados Unidos bajo la presidencia de Obama seguirá siendo la potencia imperial que se enfrenta al creciente desafío de una crisis financiera de alcances globales y a la emergencia de nuevos polos de poder y de potencia como sucede en Asia a través de China e India. Estados Unidos deberá resolver su propio desafío de la autonomía energética, poner término a dos guerras que no está ganando militarmente (Irak y Afganistán) y contribuir positivamente a resolver los conflictos del Medio Oriente y el Cáucaso, construyendo una nueva relación con Europa, con América Latina, con África y con Asia.

Una importante lección es el mayoritario contenido del cambio en la victoria de Obama y en el voto de los electores estadounidenses. Los electores votaron en Estados Unidos –y han venido votando en América Latina recientemente– por quien confiaron que puede producir cambios efectivos en la sociedad.

En Chile probablemente el 2009, los ciudadanos mirarán el elenco de candidatos presidenciales y seguramente percibirán en la oferta concertacionista y aliancista, los mismos rostros repetidos y las mismas recetas políticas y económicas de continuidad. ¿La Concertación puede ofrecer un cambio después de 20 años de ejercicio del poder? ¿La Alianza puede ofrecer un cambio, si lleva 50 años sin ganar una elección presidencial y solo ofrece la misma política neoliberal que hoy fracasa en todo el mundo?

No hay alternancia real entre la Alianza y la Concertación en el Chile de hoy: son las dos caras de la misma moneda.

Las nuevas formas de hacer politica en el siglo XXI

Otra lección política evidente es la forma amplia y diversa como los ciudadanos han participado y se expresaron en el curso de esta campaña presidencial y parlamentaria en Estados Unidos.

Las nuevas generaciones en EEUU ingresaron a la política actual, de la mano de las NTIC, y dieron forma a las llamadas multitudes inteligentes (de Rheingold). La victoria de Barack Obama fue el primer triunfo político en el siglo XXI de las multitudes inteligentes.

En estos comicios, aparecieron formas masivas de uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (NTIC), entre los cuales los blogs, los SMS y las páginas interactivas de internet marcaron el tono de la campaña. Esta fue la política de la informática y de las redes de internet, la política horizontal de los ciudadanos virtuales interconectados.

Obama anunció a su candidato a Vicepresidente mediante un mensaje SMS a los celulares de todos sus adherentes y millones de ciudadanos estadounidenses y en la etapa final de la campaña, se dió a la tarea de llamar personalmente a electores indecisos por celular para convencerlos de su preferencia.

¿Alguna vez un ciudadano elector chileno ha recibido una llamada telefónica directa de un candidato presidencial, parlamentario o municipal?

Y otra lección política ha sido la lección de la modernidad.

Al revés de los Estados Unidos, que tanto admiran y copian ciegamente los ideólogos y políticos de derecha en Chile, el sistema electoral chileno es vergonzosamente anticuado, desigual, arbitrario y excluyente. Con inscripciones y registros de votantes hechos a mano, con un voto que se confirma con un indigno dedo entintado (como las marcas de las ovejas…), con mesas separadas inexplicablemente entre hombres y mujeres, con importantes sectores sociales y políticos excluidos del acceso al poder legislativo, con distritos electorales desiguales en población, la clase política chilena haría bien en darle un golpe de modernidad al sistema de elecciones que Chile tiene hoy todavía desde el siglo pasado.

En Chile tenemos varias lecciones que aprender.

 

Publicado en el blog Coyuntura Política el 4 de noviembre de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 121 el 5 de noviembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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