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M. Rodríguez es cientista político.
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El triunfo de Barack Obama
en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, más allá de su alcance
indiscutiblemente histórico, por las enormes expectativas de esperanza que abre
a los ciudadanos estadounidenses y por la nueva percepción e imagen que puede
lograr la primera potencia mundial en buena parte del mundo occidental, está
cargado de lecciones para la política chilena.
La crisis de los neoliberales
Por lo pronto, el primer significado político de estos comicios, está en que la
crisis económica le ha pasado la cuenta a las políticas neoliberales y
monetaristas a ultranza. Obama ganó con su discurso del cambio, porque los
ciudadanos querían un cambio ante un gobierno que había sido incapaz de proteger
a sus propios ciudadanos de los financistas y especuladores.
Una honda y masiva marea social y política por el cambio vino desde las
profundidades de la sociedad estadounidense, y dio a Obama la oportunidad de
concretar su programa de reformas al interior del sistema. Una masiva reunión de
jóvenes y estudiantes universitarios en Washington, celebraban la noche del 4 de
noviembre frente a la Casa Blanca, aclamando “We can do it!“, reflejando el
espíritu de cambio que se personalizó en Obama.
La mayoría de la gente en Estados Unidos (principalmente los negros, los
latinos, los jóvenes y los blancos en dificultades económicas) votó con la
economía a la vista, con la billetera en la mano, por decirlo en términos
metafóricos, y en esa materia, las políticas neoliberales y libremercadistas
terminaron por hundir electoralmente al gobierno republicano de Bush y la
candidatura de McCain. Más del 60% de los electores votaron y eligieron a su
candidato en función de sus necesidades y percepciones de orden económico.
En Chile, por lo tanto, los adoradores del mercado a todo ritmo y del
capitalismo financiero sin frenos y sin regulaciones, harían bien en guardar su
ideología pasada de moda en el baúl de los malos recuerdos políticos, porque
cuando el país entre en el proceso electoral de las presidenciales del 2009, la
economía chilena recibirá de lleno el impacto de la recesión estadounidense y de
la crisis financiera global.
Un nuevo lugar para la potencia imperial estadounidense
Es probable que la política exterior de los Estados Unidos hacia América Latina
no varíe sustancialmente con Obama en la Presidencia, pero evidentemente el
énfasis estadounidense será menos por los tratados de libre comercio, como ha
sido hasta ahora y más por proveer de mayor ayuda a los países más atrasados y
subdesarrollados de la región, afectados por esta crisis que lleva una marca
”Made in USA”, y que está acercándose al continente. La primera prueba concreta
de la nueva relación posible entre Estados Unidos y América Latina –¿un New New
Deal ad portas?– tendrá lugar en la Cumbre Iberoamericana de abril del 2009 en
Trinidad Tobago.
Estados Unidos bajo la presidencia de Obama seguirá siendo la potencia imperial
que se enfrenta al creciente desafío de una crisis financiera de alcances
globales y a la emergencia de nuevos polos de poder y de potencia como sucede en
Asia a través de China e India. Estados Unidos deberá resolver su propio desafío
de la autonomía energética, poner término a dos guerras que no está ganando
militarmente (Irak y Afganistán) y contribuir positivamente a resolver los
conflictos del Medio Oriente y el Cáucaso, construyendo una nueva relación con
Europa, con América Latina, con África y con Asia.
Una importante lección es el mayoritario contenido del cambio en la victoria de
Obama y en el voto de los electores estadounidenses. Los electores votaron en
Estados Unidos –y han venido votando en América Latina recientemente– por quien
confiaron que puede producir cambios efectivos en la sociedad.
En Chile probablemente el 2009, los ciudadanos mirarán el elenco de candidatos
presidenciales y seguramente percibirán en la oferta concertacionista y
aliancista, los mismos rostros repetidos y las mismas recetas políticas y
económicas de continuidad. ¿La Concertación puede ofrecer un cambio después de
20 años de ejercicio del poder? ¿La Alianza puede ofrecer un cambio, si lleva 50
años sin ganar una elección presidencial y solo ofrece la misma política
neoliberal que hoy fracasa en todo el mundo?
No hay alternancia real entre la Alianza y la Concertación en el Chile de hoy:
son las dos caras de la misma moneda.
Las nuevas formas de hacer politica en el siglo XXI
Otra lección política evidente es la forma amplia y diversa como los ciudadanos
han participado y se expresaron en el curso de esta campaña presidencial y
parlamentaria en Estados Unidos.
Las nuevas generaciones en EEUU ingresaron a la política actual, de la mano de
las NTIC, y dieron forma a las llamadas multitudes inteligentes (de Rheingold).
La victoria de Barack Obama fue el primer triunfo político en el siglo XXI de
las multitudes inteligentes.
En estos comicios, aparecieron formas masivas de uso de las nuevas tecnologías
de la información y las comunicaciones (NTIC), entre los cuales los blogs, los
SMS y las páginas interactivas de internet marcaron el tono de la campaña. Esta
fue la política de la informática y de las redes de internet, la política
horizontal de los ciudadanos virtuales interconectados.
Obama anunció a su candidato a Vicepresidente mediante un mensaje SMS a los
celulares de todos sus adherentes y millones de ciudadanos estadounidenses y en
la etapa final de la campaña, se dió a la tarea de llamar personalmente a
electores indecisos por celular para convencerlos de su preferencia.
¿Alguna vez un ciudadano elector chileno ha recibido una llamada telefónica
directa de un candidato presidencial, parlamentario o municipal?
Y otra lección política ha sido la lección de la modernidad.
Al revés de los Estados Unidos, que tanto admiran y copian ciegamente los
ideólogos y políticos de derecha en Chile, el sistema electoral chileno es
vergonzosamente anticuado, desigual, arbitrario y excluyente. Con inscripciones
y registros de votantes hechos a mano, con un voto que se confirma con un
indigno dedo entintado (como las marcas de las ovejas…), con mesas separadas
inexplicablemente entre hombres y mujeres, con importantes sectores sociales y
políticos excluidos del acceso al poder legislativo, con distritos electorales
desiguales en población, la clase política chilena haría bien en darle un golpe
de modernidad al sistema de elecciones que Chile tiene hoy todavía desde el
siglo pasado.
En Chile tenemos varias lecciones que aprender.
Publicado en el blog
Coyuntura Política el
4 de noviembre de 2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 121 el 5
de noviembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos.
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