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Estas elecciones que acabamos de vivir los venezolanos deben generar
reflexiones profundas sobre el devenir del proceso político. Es así, pues se
pusieron de manifiesto ciertos procedimientos que revisten especial
significado para la democracia misma. En primer lugar, el despliegue
organizativo, la confianza en las instituciones y el comportamiento de las
fuerzas políticas en pugna deben ser resaltados. El CNE no sólo desvirtuó
una perspectiva de desconfianza que sectores políticos habían querido tejer
en su contra, además se convirtió en referente mundial al conducir un
proceso electoral totalmente automatizado con un universo de votantes nada
desdeñable (16.880.000 votantes).
Por supuesto que se presentaron problemas, pero ningún proceso comicial está
exento de ellos. Las fuerzas políticas confrontadas se enmarcaron en lo
dispuesto en la normativa electoral y nada hace presumir que se presenten
alteraciones en esta etapa final. Con ello la democracia resultó favorecida
y fortalecida, pues se comprobó la calidad institucional del ente rector.
Fuera de estas consideraciones, hay que analizar los resultados. Debemos
comenzar por la abstención; la enorme participación (casi 65%) coloca este
proceso electoral como el más concurrido en la historia de las elecciones
locales y regionales en la historia venezolana, desde que se dio inicio a la
elección directa de alcaldes y gobernadores en 1989. Esa concurrencia
encuentra su explicación en los efectos de la campaña política basada en el
personalismo que fue adelantada por los dos líderes que encabezaban la
disputa: Manuel Rosales y Hugo Chávez. Ambos actuaron de la misma manera: le
levantaron la mano a sus candidatos y los ungieron con su apoyo político,
generando el denominado efecto portaviones. Su efectividad no fue absoluta:
en el caso de Zulia, Carabobo y Miranda el accionar de Chávez no resultó del
todo eficaz; pero el caso de Manuel Rosales también demostró su falla al
perder la mayoría de las alcaldías que componen el estado Zulia.
¿Cómo se explica que en el caso del chavismo se perdieran esas gobernaciones
pero se ganó la mayoría de los gobiernos locales? ¿Cómo explica Manuel
Rosales que su candidato ganó la gobernación pero perdieron los gobiernos
locales? He ahí una gran contradicción que señala los efectos del tipo de
liderazgo y la calidad de los candidatos para asumir un proceso colectivo.
Por otra parte, está el tema del dominio político expresado a través de los
votos. La oposición señala que es un gran triunfo. Tiene en parte razón:
haber obtenido la gobernación de Miranda, Carabobo y Táchira reviste inusual
importancia; pero del resto conservaron Nueva Esparta y Zulia. Al examinar
el resultado por partidos nos encontramos que en el caso de Miranda y
Táchira las fuerzas que lograron el triunfo están representadas por
candidatos provenientes del socialcristianismo (COPEI), mientras que en el
caso de Nueva Esparta es Acción Democrática (AD), para Zulia es Un Nuevo
Tiempo (UNT) y Carabobo es una organización de centro-derecha (Proyecto
Venezuela).
Visto así el triunfo de la oposición es una derrota pues no consiguieron
consolidar su fuerza los principales partidos políticos que surgieron como
hegemónicos en la elección de 2006: UNT y Primero Justicia. Al revisar el
caso de las 17 gobernaciones de los candidatos cercanos al gobierno, nos
encontramos que todos son oficialmente del PSUV, es decir el sistema
político venezolano se convierte en un sistema de partido dominante. Sólo
una organización política obtuvo un caudal electoral de más de 5 millones de
votos; las otras organizaciones políticas están muy lejos –individualmente
hablando– pero en conjunto reúnen casi 4.200.000 votos.
Cómo vemos el comportamiento político señala en lo inmediato dos cosas: una
en relación al PSUV que demostró capacidad de movilización y unidad orgánica
pero experimenta debilidades ideológicas aún visibles que deberían ser
subsanadas; y dos, en lo que respecta a la oposición que debe revisar sus
liderazgos y la articulación de fuerzas, evitando caer en disidencias y
apetencias internas pues disgregados no llegan a nada; electoralmente
hablando.
No puede quedar por fuera el hecho de la cohabitación política. La oposición
ha dicho que el gobierno debe entenderse con ellos, yo creo que la cuestión
es recíproca. Los estados donde la oposición ganó la gobernación, el
chavismo cuenta con mayoría en los gobiernos locales y municipales; por lo
tanto sí no hay entendimiento entre el gobierno nacional y regional muy
seguramente veamos conflicto entre los gobiernos regionales y locales. Se
trata de articular efectivamente un proceso de respeto mutuo, en donde los
actores compartan un solo esfuerzo, por encima de sus diferencias
ideológicas: la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.
En conclusión, el sistema político resultó ganador; se consolidó la
institucionalidad democrática. El sistema de partidos se dibujo con una
fuerza preponderante pero que debe relacionarse con otros sectores y no caer
en la tentación autoritaria o dominante. Finalmente el balance de la
democracia venezolana es sólida; el poder electoral es eficaz y la calidad
de la democracia no ha sido puesta en duda; quisieran otras democracias
occidentales demostrar esas condiciones.
Reproducido en el semanario Peripecias Nº 124 el
26 de noviembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |