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J. E. Romero es doctor en historia.
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Hoy en día está en boga el concepto de sistema, como parte de un esfuerzo
por escapar de la unilateralidad. En su acepción más simple, un sistema es
un conjunto donde todas las partes están relacionadas entre sí y son
mutuamente indispensables. En el caso del organismo humano, una falla en
cualquiera de esas partes se traduce en un malestar general e incluso –si se
trata de órganos vitales– puede provocar la muerte. En la naturaleza, lo
sistémico es espontáneo; en la sociedad hay que construirlo.
Lo político es en esencia un sistema, pero eso no quiere decir que haya
correspondencia ni equilibrio entre sus partes. El ideal democrático
consiste en un equilibrio de poderes: no sólo entre los poderes públicos,
sino de éstos con el organismo social. Sin embargo, en Guatemala tenemos un
sistema político, pero a lo largo de la historia éste no ha logrado los
equilibrios y los balances que requeriría para funcionar adecuadamente como
tal.
Durante más de un siglo, desde Rafael Carrera hasta Jorge Ubico, tuvimos una
sucesión de dictaduras, en las cuales el Estado mismo era sustituido por la
persona. Después “los diez años de primavera”, donde comenzó a estructurarse
lo político como sistema, pero la política no tuvo la fuerza para domeñar al
poder militar y menos aún para contrarrestar el poder imperialista. Luego,
30 años de democracia de fachada, bajo la cual se desarrolló el
enfrentamiento armado y se hizo nula la legalidad. Por último tenemos la
transición a la democracia, fortalecida con la firma de la paz, que permitió
por primera vez una política sin exclusiones. Pero a lo largo de toda
nuestra historia republicana lo que menos ha existido son equilibrios,
convergencias, esfuerzos conjuntos por salir adelante.
Actualmente se manifiestan tendencias en el sentido de un fortalecimiento de
lo político. Aunque no se pueden descartar reversiones, esto se expresa en
hechos recientes, como la aprobación del Presupuesto y del ISO, a pesar de
la oposición del Cacif. El fortalecimiento de lo político tiene como
escenario el Congreso. Hoy existe conciencia generalizada con respecto a
que, desde ese organismo, se puede gobernar el país, y el Congreso es por
excelencia la expresión del sistema político.
A pesar de los desgajamientos en la bancada de la UNE, es posible que en el
próximo período de sesiones se sigan produciendo mayorías, fruto de
negociaciones. Otro factor fundamental de la política, la conciencia
ciudadana, continúa desarrollándose: entre otras manifestaciones, cada vez
es mayor la participación electoral y más cuidadosa. Pero en el momento
presente se hace ostensible un vacío muy fuerte en el sistema, y es que ese
poder político in crescendo no tiene como contrapartida un poder
social al que deba responderle y que pueda fiscalizarlo en su actuar
político, no sólo en el manejo de sus finanzas.
Así que si pretendemos un sistema político armonioso –que nunca estará
exento de contradicciones– la principal tarea por resolver es la de
constituir un ente autónomo, plenamente representativo de la sociedad,
dotado de medios técnicos y asesoría y todo lo que requiera para cumplir
adecuadamente su papel de contraparte del poder político, de constructor de
acuerdos que fundamenten políticas públicas de largo plazo, de vigilante de
los compromisos establecidos. Esto es en esencia un Consejo Económico y
Social, que en Guatemala debe ser construido por los interesados mismos de
acuerdo a las características de nuestro país.
Publicado en
SigloXXI.com (Guatemala). Reproducido en el semanario Peripecias Nº 127 el
17 de diciembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines
informativos y educativos. |