Peripecias Nº 126 - 10 de diciembre de 2008

POLÍTICA

 

Guatemala

 

El sistema político

 

 

Gustavo Porras

 

 

 

J. E. Romero es doctor en historia.

 

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Hoy en día está en boga el concepto de sistema, como parte de un esfuerzo por escapar de la unilateralidad. En su acepción más simple, un sistema es un conjunto donde todas las partes están relacionadas entre sí y son mutuamente indispensables. En el caso del organismo humano, una falla en cualquiera de esas partes se traduce en un malestar general e incluso –si se trata de órganos vitales– puede provocar la muerte. En la naturaleza, lo sistémico es espontáneo; en la sociedad hay que construirlo.

 

Lo político es en esencia un sistema, pero eso no quiere decir que haya correspondencia ni equilibrio entre sus partes. El ideal democrático consiste en un equilibrio de poderes: no sólo entre los poderes públicos, sino de éstos con el organismo social. Sin embargo, en Guatemala tenemos un sistema político, pero a lo largo de la historia éste no ha logrado los equilibrios y los balances que requeriría para funcionar adecuadamente como tal.

 

Durante más de un siglo, desde Rafael Carrera hasta Jorge Ubico, tuvimos una sucesión de dictaduras, en las cuales el Estado mismo era sustituido por la persona. Después “los diez años de primavera”, donde comenzó a estructurarse lo político como sistema, pero la política no tuvo la fuerza para domeñar al poder militar y menos aún para contrarrestar el poder imperialista. Luego, 30 años de democracia de fachada, bajo la cual se desarrolló el enfrentamiento armado y se hizo nula la legalidad. Por último tenemos la transición a la democracia, fortalecida con la firma de la paz, que permitió por primera vez una política sin exclusiones. Pero a lo largo de toda nuestra historia republicana lo que menos ha existido son equilibrios, convergencias, esfuerzos conjuntos por salir adelante.

 

Actualmente se manifiestan tendencias en el sentido de un fortalecimiento de lo político. Aunque no se pueden descartar reversiones, esto se expresa en hechos recientes, como la aprobación del Presupuesto y del ISO, a pesar de la oposición del Cacif. El fortalecimiento de lo político tiene como escenario el Congreso. Hoy existe conciencia generalizada con respecto a que, desde ese organismo, se puede gobernar el país, y el Congreso es por excelencia la expresión del sistema político.

 

A pesar de los desgajamientos en la bancada de la UNE, es posible que en el próximo período de sesiones se sigan produciendo mayorías, fruto de negociaciones. Otro factor fundamental de la política, la conciencia ciudadana, continúa desarrollándose: entre otras manifestaciones, cada vez es mayor la participación electoral y más cuidadosa. Pero en el momento presente se hace ostensible un vacío muy fuerte en el sistema, y es que ese poder político in crescendo no tiene como contrapartida un poder social al que deba responderle y que pueda fiscalizarlo en su actuar político, no sólo en el manejo de sus finanzas.

 

Así que si pretendemos un sistema político armonioso –que nunca estará exento de contradicciones– la principal tarea por resolver es la de constituir un ente autónomo, plenamente representativo de la sociedad, dotado de medios técnicos y asesoría y todo lo que requiera para cumplir adecuadamente su papel de contraparte del poder político, de constructor de acuerdos que fundamenten políticas públicas de largo plazo, de vigilante de los compromisos establecidos. Esto es en esencia un Consejo Económico y Social, que en Guatemala debe ser construido por los interesados mismos de acuerdo a las características de nuestro país.

 

Publicado en SigloXXI.com (Guatemala). Reproducido en el semanario Peripecias Nº 127 el 17 de diciembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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