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M. Dammert Ego Aguirre es
sociólogo y consultor.
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El discurso del Presidente
Alan García el 28 de julio y la
composición de su nuevo gabinete, pueden ser objeto de tres lecturas distintas,
todas verosímiles, que no es lo mismo que verdaderas. Este efecto de espejos
sucesivos, es una técnica usada en varias novelas, como aquellas policiales
donde un mismo hecho es contado en forma verosímil en contrapuestas narraciones
por actores diferentes. Se puede dar una lectura que interprete frases y
ministros como simple continuismo neoliberal de derecha; que afirme tímido
cambio centroderechista; o indique un viraje al centrismo alistando cambios. No
es que sea una treta del mandatario. Acontece, en gran medida, que es un efecto
que surge de la propia compleja coyuntura política que atraviesa actualmente el
Perú, en la cual existen condensadas en este quinquenio, como señalamos
anteriormente, oportunidades estratégicas para el desarrollo nacional, en un
país al borde del abismo social y económico. Por sus obras los conoceréis, dice
la Biblia. Nunca ha sido más cierta una sentencia.
Estas lecturas son posibles
porque ni el discurso ni el gabinete resuelven los temas que la masiva votación
planteó y comprometió en la elección presidencial, sobre todo en la segunda
vuelta: el cambio político social. Cambio en el régimen político, con el retorno
a la Constitución de 1979 y sus necesarias reformas para limitar el
presidencialismo, enfrentar la corrupción, y ampliar la participación ciudadana.
Cambio en el modelo económico superando la concentración rentista del neo
liberalismo para una revolución productiva emprendedora de todos los peruanos.
Sobre estos cambios no se ha dicho nada, ni en favor ni en contra. Quedan a la
presunción.
El discurso y el nuevo
Gabinete son ilustrativos de los problema de la técnica del caleidoscopio. Sus
temas titulan cambios, pero se los reduce en minúscula. Así, por ejemplo, el
cambio del estado se lo reduce a austeridad y administración, lo que no está
mal, y mucho más podría hacerse, pero no modifican los problemas de los poderes
públicos aislados de la ciudadanía. El Gabinete se lo ha compuesto en una
ecuación donde la formula principal está sin resolver. Esto es, se mantiene el
esquema del neoliberalismo. Este reduce el Estado a un MEF todopoderoso, que
maneja la economía pública reducida y orienta la privada monopolizada con
organismos reguladores, entregando estos cargos a personajes de confianza del
poder económico; al tiempo que se incentiva políticas sectoriales, en manos de
especialistas del partido o cercanos a él, que usan recursos existentes.
El supuesto de este esquema
es que abundan recursos fiscales, y se trata de mantener la estabilidad macro
económica para darle un mejor uso sectorial que genere redistribución. En esta
ecuación, falta una formula, que es la que le da dirección y por tanto
significado. En el Fujimorismo la ponía la dictadura y el gobierno en la sombra
con Montesinos y la mafia. En el Toledismo, la puso PPK, sus neo liberales y el
“amigo” George Bush. ¿Quien establece ahora esta formula?. Mas aún cuando es
previsible a mitad del mandato una reducción de los precios de los minerales y
es necesario un nuevo pacto fiscal y de inversiones para abrir puertas al
crecimiento con empleo. Seria un grave error reducir esa parte de la ecuación al
Presidente y su entorno más cercano, que priorizarán las relaciones
continentales e internacionales. Si así fuera, en realidad el superpoderoso MEF
y el poder económico gobernarían realmente, en un continuismo con un poco mas de
redistribución pero sin cambios.
Sólo puede reformularse el
Estado y conseguir gobernabilidad en una nueva relación con la sociedad, si al
mismo tiempo que se amplia la esfera pública con la participación ciudadana, se
impulsa un eje estratégico de gobernabilidad con el planeamiento, las mayores
autonomías de la descentralización y sus macro regiones, las empresas públicas
fundamentales (como Petroperu y Enapu), y el impulso de los principales
conglomerados productivos nacionales. Hacerlo requiere definir los cambios
políticos y económicos que están ausentes y por los que la ciudadanía votó
mayoritariamente. Los diversos sectores del país, estén en el gobierno o no,
tienen la inmensa responsabilidad de lograr que mas allá de los tres rostros
verosímiles, se apoyen en acuerdo nacional todas las medidas que permitan una
mejor democracia, y se enfrente claramente todo aquello que retroceda, impida,
maniate o destruya los cambios que son necesarios para que el Perú avance al
destino que la oportunidad estratégica actual permite a la nación.
El presente artículo fue publicado en el portal
de la red Poder Ciudadano de
Perú (agosto 2006). Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 9 el 9 de
agosto 2006. |