Peripecias Nº 9 - 9 de agosto de 2006

POLÍTICA

 

Nuevo Gobierno en Perú

 

Tres lecturas, una incógnita clave

 

 

Manuel Dammert Ego Aguirre

 

 

 

M. Dammert Ego Aguirre es sociólogo y consultor.

 

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El discurso del Presidente Alan García el 28 de julio y la composición de su nuevo gabinete, pueden ser objeto de tres lecturas distintas, todas verosímiles, que no es lo mismo que verdaderas. Este efecto de espejos sucesivos, es una técnica usada en varias novelas, como aquellas policiales donde un mismo hecho es contado en forma verosímil en contrapuestas narraciones por actores diferentes. Se puede dar una lectura que interprete frases y ministros como simple continuismo neoliberal de derecha; que afirme tímido cambio centroderechista; o indique un viraje al centrismo alistando cambios. No es que sea una treta del mandatario. Acontece, en gran medida, que es un efecto que surge de la propia compleja coyuntura política que atraviesa actualmente el Perú, en la cual existen condensadas en este quinquenio, como señalamos anteriormente, oportunidades estratégicas para el desarrollo nacional, en un país al borde del abismo social y económico. Por sus obras los conoceréis, dice la Biblia. Nunca ha sido más cierta una sentencia.

 

Estas lecturas son posibles porque ni el discurso ni el gabinete resuelven los temas que la masiva votación planteó y comprometió en la elección presidencial, sobre todo en la segunda vuelta: el cambio político social. Cambio en el régimen político, con el retorno a la Constitución de 1979 y sus necesarias reformas para limitar el presidencialismo, enfrentar la corrupción, y ampliar la participación ciudadana. Cambio en el modelo económico superando la concentración rentista del neo liberalismo para una revolución productiva emprendedora de todos los peruanos. Sobre estos cambios no se ha dicho nada, ni en favor ni en contra. Quedan a la presunción.

 

El discurso y el nuevo Gabinete son ilustrativos de los problema de la técnica del caleidoscopio. Sus temas titulan cambios, pero se los reduce en minúscula. Así, por ejemplo, el cambio del estado se lo reduce a austeridad y administración, lo que no está mal, y mucho más podría hacerse, pero no modifican los problemas de los poderes públicos aislados de la ciudadanía. El Gabinete se lo ha compuesto en una ecuación donde la formula principal está sin resolver. Esto es, se mantiene el esquema del neoliberalismo. Este reduce el Estado a un MEF todopoderoso, que maneja la economía pública reducida y orienta la privada monopolizada con organismos reguladores, entregando estos cargos a personajes de confianza del poder económico; al tiempo que se incentiva políticas sectoriales, en manos de especialistas del partido o cercanos a él, que usan recursos existentes.

 

El supuesto de este esquema es que abundan recursos fiscales, y se trata de mantener la estabilidad macro económica para darle un mejor uso sectorial que genere redistribución. En esta ecuación, falta una formula, que es la que le da dirección y por tanto significado. En el Fujimorismo la ponía la dictadura y el gobierno en la sombra con Montesinos y la mafia. En el Toledismo, la puso PPK, sus neo liberales y el “amigo” George Bush. ¿Quien establece ahora esta formula?. Mas aún cuando es previsible a mitad del mandato una reducción de los precios de los minerales y es necesario un nuevo pacto fiscal y de inversiones para abrir puertas al crecimiento con empleo. Seria un grave error reducir esa parte de la ecuación al Presidente y su entorno más cercano, que priorizarán las relaciones continentales e internacionales. Si así fuera, en realidad el superpoderoso MEF y el poder económico gobernarían realmente, en un continuismo con un poco mas de redistribución pero sin cambios.

 

Sólo puede reformularse el Estado y conseguir gobernabilidad en una nueva relación con la sociedad, si al mismo tiempo que se amplia la esfera pública con la participación ciudadana, se impulsa un eje estratégico de gobernabilidad con el planeamiento, las mayores autonomías de la descentralización y sus macro regiones, las empresas públicas fundamentales (como Petroperu y Enapu), y el impulso de los principales conglomerados productivos nacionales. Hacerlo requiere definir los cambios políticos y económicos que están ausentes y por los que la ciudadanía votó mayoritariamente. Los diversos sectores del país, estén en el gobierno o no, tienen la inmensa responsabilidad de lograr que mas allá de los tres rostros verosímiles, se apoyen en acuerdo nacional todas las medidas que permitan una mejor democracia, y se enfrente claramente todo aquello que retroceda, impida, maniate o destruya los cambios que son necesarios para que el Perú avance al destino que la oportunidad estratégica actual permite a la nación.

 

El presente artículo fue publicado en el portal de la red Poder Ciudadano de Perú (agosto 2006). Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 9 el 9 de agosto 2006.

 

 

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