Peripecias Nº 1 - 14 de junio de 2006

POLITICA

 

Asamblea Constituyente de Bolivia

 

El valor de la historia en la constituyente

 

 

Filemón Escóbar

 

 Se debe evitar que la Asamblea sea víctima de la homogeneización o la heterogeneización. Urge el paradigma de la complementariedad de opuestos.

 

 

Filemón Escóbar es un reconocido político boliviano. Fue integrante del MAS en una anterior legislatura y actualmente integra el Movimiento Bolivia Libre (MLB).

 

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“Como constructor del Movimiento Al Socialismo recuerdo los logros alcanzados en ese proceso: ganamos nueve municipios en Cochabamba y cuatro diputados uninominales en 1997, luego el crecimiento en las municipales de 1999 y finalmente el haber perdido la Presidencia frente a Sánchez de Lozada por menos de 30 mil votos. Entonces se abrió la ruta para la victoria electoral para 2005 ó 2007. Tengo el deber de que ese proceso se consolide.
 

Ese proceso tiene que consolidarse sobre todo en razón de que se ha sufrido una primera derrota. Han sido derrotadas las organizaciones sociales y sindicales, las del área rural, las de las minas, debido a que esta elección se realizará bajo los moldes de la democracia occidental. Se votará bajo la fórmula de un voto un ciudadano, por lo tanto sectores muy importantes de la sociedad quedarán marginados.
 

Por ejemplo, se margina al proletariado minero que ha escrito la historia del país desde la época de la rosca minera de la plata, pasando por la rosca del estaño, hasta tiempos recientes. Una historia escrita con sangre, con las masacres de los años 1923, 1942, 1947. Una historia escrita por hechos trascendentales como la fundación de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), durante el Gobierno de Gualberto Villarroel en 1944, cuando don Juan Lechín fue elegido subprefecto de Uncía.
 

En sus primeras actuaciones, la FSTMB negoció con el Gobierno las conquistas sociales más importantes del país. Lechín trató con Villarroel el derecho a indemnización por años de servicio, el derecho a aguinaldos y a las primas. Luego, la FSTMB participó en las elecciones de1947 y por primera vez los trabajadores votaron por su propia organización. Eligieron los candidatos en grandes asambleas sindicales y ganaron. La FSTMB conquistó dos senaturías, una por Oruro y otra por Potosí, y 12 diputados.
 

Ahí se empieza a escribir la historia política de los marinados. Su gesta es mayor en enero de 1947 y en el golpe de Estado del 52. La COB es hija legítima de esa acción insurreccional que fue obra de los trabajadores mineros. ¡¿Y semejante historia va a estar ausente de la Constituyente?!
 

La historia del país tiene que estar presente en la Constituyente. Lo que hicimos con los productores de la hoja de coca en los 80 fue repetir la experiencia de la FSTMB. Los representantes políticos de los organismos sindicales fueron elegidos en las asambleas generales. Durante 12 años trabajé en seminarios y reuniones para consolidar ese proceso.

 

Ahora enfrentamos dos riesgos en la Constituyente. Por un lado está la intención de convertir a Bolivia en una sociedad homogénea. Nacimos escindidos, ahora se busca incluirnos, pero a una sociedad individual, donde lo comunario se someta a la cultura de la sociedad individual de corte occidental. Es decir, que los antes excluidos sean incluidos, pero a una sociedad ajena. Ello bajo la amenaza de un proceso de aculturación a título de “unidad en la diversidad.
 

El segundo riesgo es la heterogeneización. Es decir que los excluidos de ayer aplastemos a los que nos excluyeron. En ese marco, el deber es evitar que la Asamblea sea víctima de la homogeneización o la heterogeneización. Para ello se debe apuntar a otro paradigma: la complementariedad de fuerzas.
 

En ese contexto, el país debe reconocer sus diferencias. Reconociendo que somos diferentes los del occidente con los del oriente, y del sur y del norte, podremos hacernos complementarios. Tenemos que respetar los 514 años en los que se ha estructurado la sociedad individual bajo los principios de las lógicas de identidad con la otra sociedad que del país, con la otra civilización.


En esa sociedad importa más el ser que el tener, el poder del ayllu representa la solidaridad. Allí se debe reponer la economía de redistribución y reciprocidad que es devolver al ser humano sus valores. Esa economía es la que se complementa con la economía de intercambio, que es la individual.

 

Eso debe ser la Constituyente. Así se evitarán riesgos. Por ejemplo, si la Asamblea se trabaja desde el reconocimiento de que somos diferentes, no habrá problema al impulsar las autonomías. En las propias autonomías habrá complementariedad de opuestos. Pero si las autonomías se plantean desde extremos surge la amenaza del suicidio del país. Es el error de algunos compañeros del MAS que hablan de lo hegemónico o del absurdo de la reelección presidencial.

 

Por eso importa que la historia sea parte de la Asamblea. En el siglo XX el Estado sobrevivió porque la columna vertebral del país, la minería, la FSTMB, respetó la diversidad. Allí no se marginaba a los mineros del POR o del MNR o del PIR, había complementariedad y hacia fuera lo propio”.

 

El presente artículo fue publicado en el diario La Prensa (La Paz, Bolivia), el 1 de junio 2006. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 1 el 14 de junio 2006.

 

 

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